El centro de enseñanza se ocupa de menores desde la edad pre-escolar hasta la secundaria. Este año, 12 de los egresados ya han encontrado trabajo en hoteles de famosas cadenas, haciendo labores como cambiar las sábanas de las camas. "Su salario puede llagar a los 1.700 yuanes por mes", sostiene Long.
El directivo se afana en aclarar quiénes proveen las oportunidades de empleo para este sector poblacional. "Quienes ofrecen puestos de trabajo a nuestros chicos son, sin excepción, compañías extranjeras presentes en China". ¿Y las empresas nacionales? "No hay una sola involucrada en esto. Ellas pueden emplear a personas con limitaciones físicas, pero nunca a quienes tienen deficiencias mentales", se lamenta.
Para Long el problema radica en el poco conocimiento que existe entre los chinos sobre el autismo.
Zhong se queja de la discriminación que sufre su familia, y dice que la gente considera a su hijo pequeño como un "lunático".
"A veces lo llevamos con nosotros al mercado donde vendemos ropa, y a veces cuando entra en los puestos de los demás, lo sacan corriendo como si fuera un idiota", asegura.
Hablando sobre el futuro de su hijo, Wang Hongli, la madre de un menor de 10 años que ha empezado a mostrar síntomas de autismo, está convencida de que a su niño la vida lo tratará mejor que a los críos de Liu y Zhong. De hecho, confía en que un día su pequeño logrará socializar como los demás niños de su edad.