La capa de asfalto se extiende ante tus pies. En el cruce entre las calles Beichen y Minzuyuan, un tótem tipo Mejicano aparece a la derecha, como una aberración. Los patinadores y aquellos que vuelan cometas en forma de enormes pájaros o calamares escasean. La calle lleva a una colosal plataforma circular elevada, flanqueada por dos pilares color rojo carmín, una réplica del altar de los ritos solemnes del Templo del Cielo, una única piedra circular, envuelta de líneas concéntricas de losas, en múltiplos de nueve.
La avenida de Gulouwai se inicia con sencillos bloques de viviendas y oficinas a ambos lados. El centro de Medios de Beijing, con los caracteres y números impresos en toda su fachada, se erige enfrente del más sencillo y desnudo edificio del Workers' Daily –Diario de los Trabajadores-.
Al pasar el canal de la dinastía Yuan, los rascacielos desaparecen y proliferan las grises paredes de los hutongs. Un poco más adelante aparecen las torres del Tambor y de la Campana. Construidas durante el reino de Kublai Khan a finales del ss. XIII, las epónimas torres eran las encargadas de controlar el tiempo en la ciudad. Los instrumentos –clepsidras de bronce y 24 tambores de piel de buey– han sufrido los efectos del paso del tiempo, aunque la imponente campana de bronce fundido todavía pervive. Una empinada y resbaladiza escalera de 33 metros te lleva a lo alto de la torre de la campana, desde donde puedes disfrutar de una magnifica vista de la ciudad antigua.
En la avenida de Di'anmen los artículos de las tiendas que jalonan ambos lados del antiguo hutong se expande por las aceras. El camino parece acabarse en un enorme muro y una puerta cerrada a cal y canto. Rodéala hasta llegar a la entrada este. Estás en el parque de Jingshan, que se ha desarrollado alrededor de una colina artificial, construida en la tierra excavada para crear un foso alrededor de la Ciudad Prohibida. El pabellón situado en uno de sus picos medios (Wanchunting) es precisamente el punto medio del eje norte-sur. Es como un balcón al viejo Beijing por encima de la intensa concentración de techos de teja roja de la Ciudad Prohibida, la deslumbrante pagoba blanca (stupa) budista entre los preciosos jardines del parque de Beihai a la derecha, el pilar del dragón en la plaza de la plaza de Tian'anmen y las esculturas de revolucionarios conmemorando el nacimiento de la nueva República enfrente del mausoleo de Mao. Desde la punta de la torre de medios del Complejo Olímpico hasta los techos cónicos de tejas azules del Templo del Cielo, y desde cada unos de los sitios turísticos que yacen en medio hasta el parque de Jingshan todo se encuentra perfectamente alineado y divisable a un golpe de vista.

La vista desde arriba recuerda lo lejos que se ha llegado en el camino y lo mucho que todavía queda por recorrer.