Empieza la ruta por la punta sur del Parque Olímpico, tras descender en la última parada de la línea 8 del metro. Lo verde del paisaje, lagos y el montículo que allí se encuentran ofrecen unas vistas maravillosas, que tienen toda la pinta de anunciar un buen chaparrón. Así pues, no está de más echar un ojo a las previsiones metereológicas, pues el parque coupa unos 12.15 kilómetros cuadrados de superficie. Una vez dentro del Complejo Olímpico, pasea a través de las áreas cubiertas que quedan a ambos lados, delimitadas por esculturas a caballo a escala humana, un nivel por debajo del suelo. La noria del parque temático provisional inspirado en el carnaval de Beijing aparece en el horizonte.
Pasa por la torre de medios, el Estadio Nacional Cubierto, al son de la melodía “Un mundo, Un sueño” que viaja en la suave brisa del aire. A pesar de que el futurista estadio del Nido del Pájaro y el Cubo de agua con acabados en forma de colmena, estratégicamente colocados a ambos lados del eje norte-sur son las atracciones principales de la zona, vale la pena pararse a admirar las curiosas esculturas de graciosas curvas que delimitan los espacios que quedan en medio. A tu derecha, 100 metros más adelante, se encuentra en anacrónico templo de “Goddess Beijing”, con una estructura de muros rojos típica de la dinastía Ming (1368-1644), y tejas azules en el techo. Enormes pantallas LCD emiten imágenes desde las paredes del Hotel Pangu, una enorme estructura cuyas plantas superiores están disecadas en forma de cabeza de dragón.
