
Amenazados por la ira de un dios, los hombres más sabios convocaron a un concilio para deliberar cómo se defenderían de la ira del dios. Acordaron unánimemente que invitarían a los súbditos del Reino Celestial a bajar a la tierra para poder mostrarles los verdaderos deseos albergados en el alma de los hombres. Se aprestaron a educar a nuncios, a construir suntuosos aposentos, a preparar deliciosos banquetes y a levantar un puente por donde la realeza celestial descendería para convivir con el País del Medio.
Bajaron en tropel, atraídos por sus campos y aldeas, por sus lagos y montañas y por sus majestuosas ciudades amuralladas. Nobles y cortesanos del Reino Celestial elogiaban al País del Medio, entre ellos la hija del Dios Jade, la princesa Esmeralda, quien cautivada por la determinación de los hombres de trabajar para prosperar y vivir en paz, urdió un plan con los sabios para burlar la ira de su padre. A la primera noche de luna llena, todos los aldeanos debían colgar faroles rojos y quemar petardos bajo la luz del sereno, mientras la princesa subía al Reino Celestial y hacía creer a su padre que las llamas de un incendio desangraban a los hombres.