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| spanish.china.org.cn | 14. 02. 2014 | Editor: Eva Yu | ![]() |
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Los dragones descendieron del Reino Celestial tirando las calesas de un ejército de guerreros inmortales. Apostados en cada uno de los cuatro puntos cardinales, los fabulosos animales bufaban llamaradas mientras los guerreros gritaban maldiciones a la espera de que el Dios Jade, señor de la Tierra y de los Cielos, ordenara destruir al País del Medio.
El ave favorita del Dios Jade, el fenghuang, agonizaba a las puertas del cielo. Había afirmado con impudicia que el País del Medio no era amo de su propio destino y que vicarios de reinos lejanos debían gobernarlo hasta la eternidad. En un abrir y cerrar de ojos mil flechas le apuntaron. Huyó despavorido, esquivando entre las nubes las lanzas que silbaban rozándole las plumas. Al llegar al Reino Celestial, una flecha le atravesó el corazón. Furioso, el Dios Jade envió a su ejército de dragones y guerreros inmortales a prepararse para ejecutar un ataque contra los hombres del País del Medio.
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