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La política en los festivales cinematográficos de Occidente Exclusiva
Agregar a favoritos | Imprimir | e-mail | Corregir   10:06 29-07-2009 / spanish.china.org.cn
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Algunas organizaciones y medios de comunicación de Occidente suelen dar una información irresponsable y equivocada sobre China al público occidental. En realidad, no son raros los filmes y espectadores chinos en los festivales cinematográficos y cines de Occidente. Sobre todo, las películas de temas políticos, regionales y étnicos llaman mucho la atención de los occidentales, debido a su curiosidad por las culturas exóticas y los prejuicios ideológicos que albergan respecto a culturas lejanas. El factor político es un tema que afecta de forma ineludible a la selección de las películas por parte de los organizadores de cualquier festival cinematográfico.

En la lista de películas seleccionadas de los tres importantes festivales de cine europeos —Cannes, Venecia y Berlín— aparecen con frecuencia filmes en lengua china o de temas sobre la actualidad de China, los cuales, aunque pueden proyectarse en Europa, no pueden hacerlo en China. La preferencia de los festivales de cine occidentales por películas de tal índole no es simplemente de carácter artístico, como se suele decir, pues emplean para evaluar estas películas un criterio totalmente distinto al aplicado a las películas de sus propios países. Al difundir la fusión étnica y la diversidad cultural en sus propios países, algunos festivales cinematográficos trabajan al servicio de su posición política, valiéndose del ropaje artístico.

Por ejemplo, a través del “trato” concedido a Zhang Yimou, director chino de la quinta generación, en el Festival de Cine de Cannes, podemos ver la actitud “política” que planea en estos eventos occidentales. En 1990, su película “Ju Dou” fue muy apreciada en Cannes. Según un reportero chino que participó en ese festival, Zhang habría obtenido el premio siempre y cuando pronunciara algunas palabras “políticamente correctas” en la conferencia de prensa. No obstante, el director de cine chino no lo hizo. En 1998, otra de sus películas, “Ni uno menos” se alejó otra vez del premio en Cannes debido a que Zhang no aclaró su posición política. Casi veinte años después, la película “Palacio de Verano”, de tema político sensible, figuró inesperadamente en la sección oficial del Festival de Cine de Cannes, a pesar de que no solicitó a tiempo su inscripción. Los hechos han corroborado que, con el correr del tiempo, la política sigue presente en los festivales cinematográficos europeos.

Los países occidentales suelen hablar en términos vagos del arte y la política. Muchas películas de obvios temas humanitarios e históricos encierran en el fondo la inclinación política de sus creadores. Uno ejemplo de esto es la fiebre por el Dalai Lama que se ha levantado en occidente gracias a algunas películas occidentales. Hace poco, se proyectó una película que refleja la vida y el pensamiento del Dalai Lama, titulada “Camino de renacimiento del Dalai Lama”, según la cual éste es un sabio todopoderoso. Además, películas rodadas en Occidente como “Pequeño Buda” y “Vida del Dalai Lama” tampoco pueden librarse de los prejuicios políticos. “Siete años en el Tíbet”, film rodado con inversión norteamericana bajo la dirección del francés Jean-Jacques Annaud, juzga el desarrollo cultural de la región tibetana desde un ángulo parcial, citando unilateralmente las palabras del Dalai Lama para tergiversar la liberación pacífica del Tíbet y ocultando el hecho básico de que la emancipación convirtió a los siervos en dueños. En resumen, las películas occidentales sobre el Dalai Lama lo presentan como una figura “elevada, grande y perfecta”.

Tampoco son raros los malentendidos y distorsiones sobre la imagen de China en otras películas occidentales. “Justicia roja”, protagonizada por el actor de Hollywood, Richard Gere, critica el sistema judicial de China, insinuando sin tapujos la falta de transparencia política e inventando una situación negativa de los derechos humanos en China a los ojos de los occidentales. Este prejuicio, que se ha repetido mil veces, tiene su origen en los reportajes sesgados de los medios de comunicación de Occidente sobre China.

Además de las obras cinematográficas, las estrellas de cine occidentales suelen hacer también comentarios presuntuosos sobre asuntos políticos que desconocen. Las palabras de la actriz Sharon Stone, pronunciadas en el Festival de Cine de Cannes del año pasado acerca del “problema del Tíbet” y el terremoto de Sichuan suscitaron fuerte indignación entre los habitantes chinos.

En realidad, la participación de actores hollywoodenses en actividades políticas de Estados Unidos ha sido desde hace tiempo un fenómeno llamativo de Occidente y las fuerzas internacionales anti chinas se aprovechan de ello. Richard Gere ha hecho con frecuencia comentarios sensacionalistas y ridículos sobre el “problema del Tíbet”. Es presidente del “Movimiento Internacional por el problema del Tíbet”, y se autodenomina “humildemente” “alumno del Dalai Lama”, valiéndose sin cesar de la supuesta defensa de los derechos humanos y el Tíbet para atacar a China.

En realidad, como dijo el director Jia Zhangke, cualquier chino abriga “sentimientos sencillos” hacia la estabilidad estatal y la unidad étnica. Si los directores occidentales consiguen desechar los cristales obsoletos y torcidos con los que miran a China, ésta les dará naturalmente la bienvenida para visitarla para que puedan comprobar cuál es la verdad. Sin embargo, el intento de elevar la taquilla con tergiversaciones políticas y cosas inventadas está condenado al fracaso en la época actual, de grandes avances informáticos y rápido progreso.


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29-07-2009 , spanish.china.org.cn
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