El la historia de China, Chu fue un poderoso reino situado lo que ahora es la China central y del sur durante el periodo de Primaveras y Otoños (722-481 AC) y el periodo de los Estados Combatientes (481-221 AC) conocido en primer lugar por el nombre de Jing, y más tarde como Jingchu.
En la cúspide de su poder, el estado de Chu ocupó amplias extensiones de tierra que incluían las actuales provincias de Hunan, Hubei, Henan, Chonqing y Shanghai, así como parte de Jiangsu. En el reino de Chu nació una nueva cultura con la que sus habitantes consiguieron distinguirse de las demás culturas de las planicies centrales de China. Más de 800 años antes de ser reducida por el reino de Qin en 223 AC, sin embargo, la cultura de Chu y las culturas de las planicies se habían fundido ya en una sola, dando lugar a una de las más hermosas y extrañas flores de la cultura antigua de China.
Este año, del 22 de mayo y hasta el 30 de agosto, una exposición que recoge una selección de las reliquias culturales que se conservan de este reino permanecerá abierta al público en Changsha. La exposición permitirá al visitante observar un conjunto de más de 260 objetos, entre los cuales se encuentran cuatro con clasificación de “tesoro nacional” y un auténtico número uno, conservado en el Museo Provincial de Hunan, una pintura sobre seda con temática caligráfica de incalculable valor.
Esta exhibición es una gran oportunidad para observar de cerca más de cien ejemplos de los magníficos bronces y objetos lacados que configuran el legado artístico Chu, incluyendo una espada que se cree perteneció al rey del estado de Yue y una lanza del rey del estado de Wu.

Zun de bronce (recipiente para vino) con incrustaciones de oro y diseño de dragones y fénix de mediados del periodo de los Estados Combatientes. Proviene de Wangshan, Jiangling, en la provincia de Hubei (Colección del museo provincial de Hubei) Altura: 17 cm Diámetro: 24.7 cm
Entre las joyas de la exhibición se encuentran los objetos desenterrados en la tumba del marqués Yi de Zeng (433 A.c.). El descubrimiento de este sepulcro fue de gran ayuda tanto para determinar el alcance del desarrollo artístico del reino de Chu como para arrojar cierta luz sobre los cambios que se produjeron en las prácticas sociales y rituales en un momento en que la edad del bronce china iniciaba su lento pero firme ocaso.
Entre los recipientes de bronce rituales hay ejemplos sin precedentes de ornamentaciones que demuestran el alto grado de maestría y la complejidad de los procesos y técnicas empleados, en particular la de la técnica de la cera perdida.