
“Desde los tiempos antiguos, la sociedad china entendía la vida eterna como una continuación de su vida normal. Cuando morían, se llevaban muchas de sus propiedades a la tumba”, explicó a la agencia española James Lin, comisario de la exposición.
Por ello, a lo largo del recorrido el visitante encontrará objetos pertenecientes a la cotidianeidad de los difuntos, como utensilios de cocina con restos de comida descompuesta, juegos, instrumentos musicales e, incluso, un retrete y productos higiénicos.
Sin embargo, según Lin, lo más importante en el rito funerario de la antigua civilización china era proteger el cuerpo del “demonio”. “Les preocupaba mucho que el demonio pudiera tomar sus cuerpos. Por eso había tantos objetos de jade en sus tumbas. Creían que estas piedras preciosas tenían poderes protectores. Seguramente en esa época no entendían el porqué de la muerte o la descomposición de los cuerpos y con el jade se sentían más seguros”.