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Tomamos el tren rápido desde Pekín, que recorre la distancia de 100 kilómetros a Tianjin en menos de 30 minutos. Los asientos son espaciosos, con sitio para las piernas comparable al de la clase business de un vuelo internacional. Pero hay mucho más que recomendar además del tren en Tianjin.
Visitar esta ciudad es como retroceder un siglo atrás, con un cambio dramático de paisajes, sensaciones y ambientes, todo en un abrir y cerrar de ojos.
La mejor manera de hacerse con el sabor del tiempo en las diferentes zonas es subirse a uno de los ferris de línea que navegan por el río Haihe.
El trayecto te llevará por grupos arquitectónicos de estilo europeo de principios del siglo XX, con marquesinas rojas de la concesión italiana junto al Centro de Exposiciones de Planificación Urbana de Tianjin, con forma de media luna, abierto en 2009.
El reloj del siglo, a tiro de piedra desde la estación de tren, cuenta con un pintoresco péndulo de bronce y motivos que simbolizan los 12 signos del zodiaco, marcando el inicio de las relaciones comerciales entre Tianjin y otras naciones a mediados del siglo XIX.