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spanish.china.org.cn | 15. 01. 2017 | Editor: Elena Yang [A A A]

La visita de Xi Jinping a Suiza, un movimiento inteligente

Palabras clave: China, Xi Jinping, Suiza

R.M.Bermúdez

Una vez más, y ya va unas cuantas, China ha hecho buena la tradición y nada más empezar el año nuevo ha desplegado los tentáculos de su diplomacia, cuyo primer destino, como viene siendo habitual, ha sido África. La visita del ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, a Madagascar, Zambia, Tanzania, República del Congo y Nigeria entre los días 7 y 12 de enero no es sino una nueva muestra del compromiso del gigante asiático con los países en vías de desarrollo.

Sin embargo, esto no significa que la diplomacia china se haya tomado una semana de vacaciones con motivo del año nuevo. Al contrario: comenzó su trabajo anual nada más cambiar la hoja del calendario, con un mensaje del presidente de China, Xi Jinping, a Doris Leuthard, el mismo día en que ésta asumió la presidencia de la Confederación Suiza 2017. Un gesto protocolario, sin duda, pero que de algún modo sirve de avanzadilla de la visita de Estado que el presidente va a rendir a la pequeña nación europea.

Las relaciones entre China y Suiza no han hecho más que estrecharse durante los últimos años. Como recordó Xi Jinping en la carta que le envió a su homóloga suiza, ambas naciones mantienen una asociación estratégica innovadora, base sobre la que han venido desarrollando una confianza política que se traduce en una vívida cooperación en materia comercial, financiera y turística, entre otros sectores. China ya es la cuarta nación que más turistas aporta a Suiza. En 2015 las visitas de ciudadanos chinos al pequeño país alpino superaron con creces el millón de noches de hotel. Ese mismo año, Suiza, junto a Luxemburgo, se sumó a última hora a los países que solicitaron incorporarse al Banco Asiático de Inversión e Infraestructuras liderado por China, el cual aspira legítimamente a actuar en Asia de contrapeso a la influencia del Banco Mundial, que domina EE. UU., y a la del Banco Asiático de Desarrollo, del que Japón es su principal accionista. Hace ahora mismo un año, China y Suiza firmaron un acuerdo para establecer un centro offshore del yuan en Zurich, meses antes de que la divisa china entrase a formar parte del grupo que el Fondo Monetario Internacional toma como referencia para calcular el valor de su Derecho Especial de Giro. Este acuerdo fue un muy relevante paso para la internacionalización del yuan o renminbi, especialmente en Europa.

Son solamente unos pocos ejemplos de hasta qué punto ambas naciones, pese a sus disparidades, han ido hallando relevantes mecanismos de complementariedad. La visita de Xi a Suiza, pues, está cargada de razones, pero es que, además, coincidirá con la celebración del Foro Económico Mundial, más conocido como el Foro de Davos. Y esta no es una cuestión baladí. Nunca antes un presidente de China asistió a esta reunión, que se celebra desde 1971 y a la que acuden los principales líderes empresariales del planeta, además de muchos intelectuales y académicos y de notables líderes políticos nacionales e internacionales. Un nutrido pero selecto grupo de personalidades que, entre otras cosas, se reúne durante tres días para analizar y tratar de dar respuesta a los más relevantes problemas que afronta el planeta.

Pues bien, casualmente, el día que se clausura el Foro de Davos, el 20 de enero, será el mismo en que tome posesión de su cargo el presidente electo de EE. UU., Donald Trump. La elección de Trump ha sido ampliamente interpretada como el último paso, hasta el momento, en el repliegue económico que el planeta parece estar trazando hacia el siglo XX. El auge de los discursos proteccionistas en muchas naciones de Europa, sumados al Brexit y a las dudas crecientes que ha despertado la globalización en Occidente hacen, si cabe, mucho más interesante la presencia de Xi en Suiza.

China siempre se ha sentido incómoda en el traje con que se vistió la geopolítica internacional tras el final de la Guerra Fría. El país asiático aboga desde siempre por unas relaciones internacionales inclusivas, que apuesten por el multilateralismo y que aporten voz y voto a todas las naciones del planeta. Pues bien, mientras Trump continúa haciendo discursos incendiarios a través de las redes sociales, apostando por una relaciones internacionales basadas en los juegos de poder, señalando a socios comerciales como China de llevarse cantidades ingentes de dinero y riqueza de los EE. UU. y cabalgando sobre lemas como “América para los americanos”, Xi Jinping, en un movimiento muy inteligente, se presenta en Davos como todo lo contrario. Como un líder sereno y práctico, defensor a ultranza de la globalización y el libre comercio, de las inversiones transnacionales y de los pactos y las organizaciones multilaterales. Y lo hace en el foro más adecuado para ello. ¿Qué líder empresarial de una multinacional quiere oír hablar de guerras comerciales o aumentos de aranceles? China y su presidente han escogido el mejor momento para personarse en Suiza. Pocas veces el discurso integrador y global de Xi encontrará auditorio más receptivo a sus palabras. El presidente de China se encamina hacia el centro del tablero y, con toda probabilidad, sus palabras encontrarán el eco que merecen. Y esto, claro, también es diplomacia.

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