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spanish.china.org.cn | 19. 12. 2016 | Editor: Elena Yang [A A A]

2016, un año insuperable para las relaciones China-LATAM. ¿O no?

Palabras clave: China, América Latina

Por Mauricio Castellanos

 

Empeorar lo malo siempre es fácil, pero mejorar lo que ya es bueno no tanto. No obstante, el deseo compartido de China y América Latina de construir un mundo más armonioso, en el que todos los pueblos puedan alcanzar el desarrollo y disfrutar de sus beneficios, ha permitido que 2016 pase a la historia como uno de los mejores años en la historia de sus relaciones, tal vez el mejor hasta ahora.

Para comenzar, 2016 marcó la primera edición del Año de Intercambio Cultural China-América Latina. Quienes tienen por oficio criticar a China, incluso la forma en que conduce sus relaciones internacionales, arguyen que las únicas razones por las que el país asiático se sienta a la mesa con la región, son garantizar el mercado para sus manufacturas y el acceso a las materias primas que abundan en los suelos andinos y caribeños. La fiesta de intercambio cultural celebrada este año acabó de desvirtuar este pobre argumento. Conscientes de que conocerse bien es un requisito ineludible para la construcción de una amistad sólida, ambas partes organizaron una muestra de proporciones apoteósicas, gracias a la cual hoy los pueblos del este y el oeste del Pacífico tienen una idea mucho más clara de con quién están tratando. La cultura, como muestra primigenia de la identidad, fue el plato fuerte del banquete que en 2016 deleitó a todos los chinos y latinoamericanos que quisieron ver un poco más de cerca, y conocer mejor, a sus nuevos mejores amigos.

Pero aparte de los culturales, este año fue testigo de otros intercambios vitales para el desarrollo de la relación bilateral, a saber, las visitas recíprocas de varios de sus líderes. Primero fue Li Keqiang, quien en septiembre realizó la primera visita oficial de un premier chino a Cuba desde que los dos países establecieron relaciones diplomáticas, 56 años atrás.

Y luego, en noviembre, el presidente Xi Jinping hizo historia con su tercera gira por la región latinoamericana en menos de cuatro años. Ecuador, Perú y Chile fueron los destinos del mandatario, que en 2014 y 2015 ya había estado en otros siete países.

Estas visitas no dejan dudas sobre la seriedad con que la segunda economía mundial se toma su vínculo con una de las regiones emergentes con mayor potencial en el planeta.

Ahora bien, esa actitud es recíproca, y prueba de ello fueron los viajes de los nuevos presidentes de Brasil, Michel Temer, y Perú, Pedro Pablo Kuczynski, quienes, para dejar en claro el lugar que ocupa China en sus agendas internacionales, la eligieron como el destino de sus respectivas primeras visitas al exterior tras asumir funciones.

El segundo año del Plan de Cooperación CELAC-China 2015-2019 sirvió también para que el país asiático se consolidara como el segundo mayor socio comercial de Latinoamérica. El compromiso bilateral pactado en Beijing en enero de 2015, en el marco de la Primera Reunión Ministerial del Foro China-CELAC, de elevar en el lapso de una década el monto de los intercambios comerciales a 500.000 millones de dólares e inyectar otros 250.000 millones en inversiones chinas en la región, dio pasos decisivos en los últimos 12 meses. Así mismo, los 35.000 millones en fondos de financiación ofrecidos para diferentes proyectos, ya empezaron a fluir. La infraestructura, la agricultura, el turismo, la ciencia y la tecnología fueron algunos de los sectores favorecidos. Lo mismo ocurrió con los procesos de reestructuración económica en curso tanto en una orilla del Pacífico como en la otra, los cuales permiten afinar la cooperación con el objetivo de seguir dejando atrás el ciclo tradicional de exportaciones e importaciones “materias primas latinoamericanas vs. mercancías chinas”, más aún ahora que los precios de aquéllas siguen de capa caída.

¿Qué viene para la relación? El pronóstico es claro, aunque en principio parecería difícil de cumplir, difícil precisamente porque hasta ahora las cosas ya han salido muy bien. La gran ventaja de la nueva relación que están construyendo China y América Latina, y la gran diferencia con las relaciones que hasta comienzos de este siglo marcaban la pauta por esos lares, radica en que las partes se tratan de igual a igual, y en que China, a pesar de su innegable ventaja en lo económico, entiende que los países latinoamericanos también tienen derecho a desarrollarse. En una palabra, China predica y aplica el concepto de que la ganancia de uno no debe ser la pérdida del otro, y de que el progreso de uno, necesariamente impulsará el progreso del otro.

Será difícil superar todo lo logrado conjuntamente por China y la región latinoamericana en 2016, pero la voluntad política para lograrlo, y el soporte que brindan los certeros pasos dados a lo largo de este año, no hacen descabellado pensar que sus ya robustas relaciones podrán mejorar aún más, y seguir dando ejemplo de solidaridad, respeto y pragmatismo.

 

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