El artista también explica que “la experiencia de estar bajo el agua es muy diferente a la de estar en tierra firme. Las consideraciones físicas y ópticas son distintas. Los objetos parecen 25% más grandes en el agua, además constituye un medio maleable que ofrece al espectador una gran gama de ángulos y perspectivas para apreciar las esculturas”.
Así mismo destacó que los colores se alteran cuando el agua absorbe la luz que proviene de la superficie y al llegar a lo profundo del océano se producen efectos caleidoscópicos que son controlados únicamente por el movimiento del agua, las corrientes y la turbulencia.