Tanto antes de su llegada al encantador destino turístico de Deauville como en la primera sesión de su encuentro, los líderes del G-8 abordaron también la evolución de la situación en Libia y Siria e instaron a los presidentes de los dos países, Muamar Gadafi y Bashar al Asad, respectivamente, a “cesar el uso de la fuerza y la intimidación” y respaldaron las negociaciones para encontrar salidas políticas a ambos conflictos.
El presidente ruso, Dimitri Medvedev, dijo antes de su llegada a Francia que los bombardeos a Libia son una “deriva” del mandato de la ONU que autorizaba los ataques aéreos para proteger a la población civil y expresó su desacuerdo con una resolución de condena a Damasco por el propio organismo mundial.
Otro viejo problema, el de israelíes y palestinos, será abordado también por los miembros del G8, que piden a ambas partes mantener “conversaciones sustanciales sin demora”.
La agenda de la cumbre contempla igualmente el tema del reforzamiento de la seguridad nuclear, a raíz de la catástrofe de la localidad japonesa de Fukushima, sobre la que ofreció información actualizada el primer ministro nipón, Naoto Kan, criticado dentro y fuera de su país por la manera como gestionó la crisis, quien anunció el interés de Japón por organizar a finales de 2012 una cumbre dedicada exclusivamente a la seguridad nuclear en colaboración con la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA).
Aunque no figura en la agenda oficial, el nombramiento del sucesor de Dominique Strauss-Kahn al frente del Fondo Monetario Internacional (FMI) estuvo en el primer día de conversaciones y los miembros del grupo defendieron la candidatura de la ministra francesa de Economía, Christine Lagarde.

