Bibliotecas abiertas para todos

No tengo derecho a impedir a los mendigos que entren, pero los lectores pueden optar por salir”. En tan sólo una noche, las palabras de Chu Shuqing, el director de la biblioteca de Hangzhou, fueron reproducidas 16 mil veces en la red de microblogs del país.

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Área de música de la Biblioteca de Hangzhou

Un poco más allá de la sala de lectura de periódicos y revistas, está su parte favorita, el área de música. Bajo el cielo azul, se sienta en el sofá blando y se duerme con los auriculares puestos. Cuando no puede dormir, mira cómo las luces que se semejan a las estrellas parpadean al ritmo de la melodía.

Generalmente Wang sale de la biblioteca a las dos de la tarde. Cuando pasa por la recepción, la bibliotecaria Zhang Xiaoli, que lleva 36 años trabajando en esa institución, lo despide con una sonrisa.

Zhang aclara que “para entrar en la biblioteca no hace falta presentar ningún documento. También es gratis el préstamo de libros. Basta con mostrar la tarjeta de residencia. Por eso la gente que trabaja cerca de aquí viene frecuentemente, quizás no para leer, sino para descansar o simplemente echar un vistazo a los periódicos, lo que es mucho mejor que estar fuera sin hacer nada”.

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Pero en el paraíso también existen dificultades

Pese a que las bibliotecas han entrado en las comunidades residenciales, todavía hay habitantes que no lo saben. Una decena de personas entrevistadas al azar en el centro comercial Wanxiangcheng, a 24 kilómetros de la Biblioteca de Hangzhou, afirmaron ser conscientes de que la biblioteca abre gratuitamente al público, pero de ellos solo cuatro ancianos la han visitado y apenas uno sabe que en casi todas las comunidades de la ciudad hay instituciones similares.

En realidad, en Hangzhou, donde el precio de la vivienda es el más alto en todo el país, las bibliotecas afrontan también un destino de exclusión, como en las demás ciudades. Algunas son desplazadas a espacios pequeños y otras incluso, cierran sus puertas.

Qiu Xichun, jefe del Centro Cultural de Gongchenqiao, señaló que en 2010 apenas compraron 300 nuevos títulos y algunos periódicos y revistas para el salón de lectura, debido a la carencia de fondos. “Tenemos un presupuesto de apenas 20.000 yuanes para gastar en libros y periódicos. Si nos dieran más, compraríamos más”, dijo quitándose las gafas y dando un golpe sobre la mesa. Lo que más le preocupa es que “la chica encargada del salón de libros todavía no es una trabajadora oficial”.

La mayor parte de los bibliotecarios a nivel de base tiene la misma situación. Generalmente quienes ocupan esos puestos son ancianos jubilados, desempleados o discapacitados que reciben un salario de 100 o 200 yuanes mensuales. Además, los casos de movilidad ocurren con frecuencia.

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