ESPECIAL: Namigni, un refugio y santuario para la jubilación de especies animales muy cerca de Bogotá

ESPECIAL: Namigni, un refugio y santuario para la jubilación de especies animales muy cerca de Bogotá

Por César Mariño García

LA CALERA, Colombia, 21 ene (Xinhua) -- Convivir en una hacienda con más de 300 individuos de diferentes especies ha sido el sueño convertido en realidad de un portugués radicado en Colombia, quien junto a su esposa colombiana decidió dedicar sus días a la protección y cuidado de animales en estado de vulnerabilidad.

En el municipio de La Calera, muy cerca de Bogotá, Miguel Aparicio y Nani Ramírez crearon en marzo de 2020 la fundación Santuario Namigni, un refugio que alberga a animales que fueron arrancados de las cadenas de explotación agropecuaria para culminar sus vidas en una hacienda, anteriormente lechera, de 54 hectáreas de bosque, medianas montañas y amplios potreros para su adecuada alimentación.

En entrevista con Xinhua, durante un recorrido por el lugar, Miguel Aparicio explicó que "este santuario es un lugar de protección económica, jurídica y política para animales que son vistos como recursos o como materia prima. Un toro o un cerdo son medidos por las arrobas (11,5 kilogramos) de carne que tienen, una vaca por los litros de leche que produce. Acá buscamos promover el respeto de cada uno de ellos como individuo a través del cuidado, eso busca este refugio".

"Esta finca es una finca increíble, de 85 fanegadas (unos 546.550 metros cuadrados), muy rica en naturaleza. Es también un santuario de fauna silvestre local. Acá hay de todas las especies, entonces acá fue posible seguir ayudando más animales, éste es el objetivo de nosotros. Un santuario en últimas lo que quiere es generar un cambio para estos individuos, para muchos otros animales para que dejen de ser explotados. A eso nos dedicamos y es lo que hemos hecho hasta ahora", añadió el animalista experto en "marketing" digital.

Dentro del santuario, más de 110 bovinos y 32 ovejas, apartados de la producción de leche o del sacrificio para la producción de carne, 36 perros rescatados del abandono o maltrato, ocho caballos y yeguas con enfermedades derivadas del trabajo o en edad avanzada, 30 conejos, más de 50 aves de corral, cinco burros, 11 cerdos y 10 gatos, son atendidos por un grupo de ocho personas que se distribuyen las tareas para brindar el bienestar que deben recibir por ser sujetos de derechos.

En tan sólo dos años de funcionamiento, en medio de la crisis sanitaria más grave que ha ocurrido en el planeta por la enfermedad del nuevo coronavirus (COVID-19), este santuario se ha convertido en el que atiende un mayor número de individuos en América Latina, y uno de los más grandes de la región, crecimiento que sus fundadores esperan articular convirtiendo el espacio en un atractivo ecoturístico en el centro de Colombia.

"Para mí el crecimiento significa más vidas que se pueden salvar, más corazones y más conciencias de personas que se pueden tocar. Nosotros sabemos que la dimensión de la explotación animal es tan abrumadora, tan gigante, que todo lo que uno haga es poco. Como tenemos la motivación personal de crear el cambio más fuerte que uno como individuo pueda hacer en el planeta, pues hacemos todo lo que se puede", manifestó Aparicio.

"De hecho, este año crearemos una unidad del santuario también en Portugal, en mi país, también obedeciendo al mismo principio de crear soluciones integradas y apoyar a ganaderos y explotadores de animales a que dejen de serlo", agregó.

Todos los animales habitantes de este lugar tienen un nombre propio, son reconocidos por sus particularidades y son atendidos por un médico veterinario que cambió su vocación de ganadero productor de leche vacuna para formar parte del equipo de Namigni.

Uno de los objetivos de los fundadores de este espacio es convocar a quienes participan en las cadenas de explotación animal para que conozcan otros medios de generar rentabilidad sin recurrir al maltrato y vejación propios de esta actividad económica.

"Nosotros los humanos debemos mirar a los otros animales como lo que son, seres increíbles que merecen nuestro respeto y protección", agregó el entrevistado.

Entre los objetivos de esta emprendedora pareja está llevar este concepto de cuidado y protección a la mayor cantidad de personas posible, y empezar a trabajar en la creación de un santuario para los hipopótamos abandonados en una hacienda del extinto narcotraficante Pablo Escobar, la cual se han convertido en una problemática para el medio ambiente en el departamento de Antioquia, en el noroeste de Colombia.

Namigni es una fundación sin ánimo de lucro que subsiste gracias a la donación de alimentos y recursos de ciudadanos que entienden lo loable de una actividad que posibilita la libertad y el disfrute de la existencia de animales que se salvaron de convertirse, entre otros destinos fatales, en un plato de comida. Fin

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Palabras clave : Colombia,Naturaleza

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