URUMQI, 21 dic (Xinhua) -- Akbar Turek, gerente de un equipo de mantenimiento, lleva ocho años trabajando en una importante empresa de hilatura en Asku, en el sur de Xinjiang.
El año pasado se encontró con algo preocupante: la empresa para la que trabaja, que es el mayor proveedor local de puestos de trabajo de la zona, había sido incluida en la lista negra de Estados Unidos tras ser señalada de "trabajo forzoso".
Como resultado, algunos contratos no pudieron cumplirse. Akbar Turek adora su trabajo, y cree que su propia experiencia puede desvirtuar las infundadas acusaciones, ya que él no quiere que la empresa y su propio sustento se vean afectados.
"En 2013, mi primo me consiguió un trabajo aquí porque dijo que el ambiente de trabajo era bueno y el salario alto, y además proporcionan alojamiento y alimentación gratis. He trabajado aquí durante ocho años y mi primo está en su décimo año", relata Akbar Turek, un miembro de la etnia uygur oriundo del distrito de Wensu, en la prefectura de Aksu.
"El tal 'trabajo forzoso' no existe, y yo trabajo aquí para lograr una vida mejor", agrega. "¿Los que se inventan estos rumores van a alimentar a mi esposa e hijos si pierdo mi trabajo?", pregunta.
La empresa, Huafu Color Spinning, tiene casi 6.000 trabajadores, más del 90 por ciento de los cuales pertenecen a grupos étnicos minoritarios.
"Nuestra empresa trata muy bien a los empleados. Muchos de ellos aconsejan a sus familiares y amigos que trabajen aquí", indica Li Qiang, presidente ejecutivo de la compañía.
"Nuestra fábrica ha creado puestos de trabajo para la población local. Ellos han venido a trabajar aquí por su propia voluntad, y no son forzados por nadie", agrega. "Las sanciones no solo nos perjudican a nosotros, sino también a nuestros clientes en el extranjero. Es una pérdida para ambas partes", lamenta.
La industria textil del algodón es uno de los pilares de la región. Casi la mitad de los agricultores locales se dedican a la producción de algodón, y los ingresos por su comercialización representan el 30 por ciento de sus ganancias totales.
Qiu Haiquan, subgerente general de una empresa de maquinaria agrícola inteligente, se siente muy orgulloso al ver que los productos de la empresa están ayudando a los cultivadores a ganar más dinero.
Se espera que la compañía, con sede en el distrito de Xayar, aumente su valor de producción a más de 500 millones de yuanes (78,6 millones de dólares) este año desde los 80 millones de yuanes de 2018, cuando se estableció.
"Este año, la demanda de nuestras máquinas recolectoras de algodón ha superado la oferta", celebra Qiu, y agrega que la empresa equipa las máquinas con un sistema de posicionamiento para brindar servicios de mantenimiento "in situ".
Ahora, la empresa ha desarrollado una serie de productos, incluyendo máquinas de arar, sembradoras y pulverizadores de pesticidas, para satisfacer las crecientes demandas de los agricultores locales.
Omar Ezez, un productor local de algodón de 32 años, ha sido testigo de un gran cambio en la producción de la planta. Con la ayuda de un recolector de algodón, el campo de su familia, que cubre más de 20 hectáreas, se cosecha en solo dos días. Por el contrario, cuando era niño, una docena de trabajadores tardaba unos tres meses en completar la tarea de recolección en un campo de aproximadamente 7 hectáreas.
El año pasado él compró un recolector de algodón, y este año obtuvo la licencia para conducirlo. Después de recolectar el algodón en su propio sembrado, también trabaja para otros agricultores con la máquina, gracias a lo cual espera ganar hasta 500.000 yuanes adicionales.
"El dinero está llegando siempre y cuando la máquina siga funcionando", explica.
Las máquinas ahora realizan más del 80 por ciento del trabajo de recolección de algodón en la región, y la recolección en el norte de Xinjiang está casi completamente mecanizada, según la autoridad agrícola regional.
"Durante los ocho años que he trabajado aquí, me casé y mi hijo ya tiene tres años, y va al jardín infantil que está cerca de la fábrica", dice Akbar Turek. "Acabo de comprar una casa en la comunidad al lado de la fábrica a principios de este año y me mudaré el año que viene", dice con emoción. Fin
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