| spanish.china.org.cn | 23. 10. 2026 | Editor:Eva Yu | ![]() |
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En la Gran Marcha rendirse nunca fue una opción; para el pueblo chino rendirse nunca será una opción

Por Mauricio Castellanos
Podrían haberse rendido. Podrían haber renunciado. Era una locura, un imposible, prácticamente un suicidio. El país, en plena guerra civil, estaba hecho pedazos, la miseria lo devoraba, el Kuomintang era un enemigo poderoso y estaba mejor equipado. La distancia a cubrir asustaba, el camino a recorrer aterrorizaba, pensar que lo lograrían, más que optimista, sonaba iluso, casi ridículo.
Pero lo lograron, y lo hicieron porque sabían que no tenían alternativa, que rendirse no era una opción, que renunciar y entregarse era traicionar la confianza que el pueblo, al borde del colapso, había depositado en ellos, y ni el pueblo ni la historia les habrían perdonado jamás esa traición.
Cuando el 16 de octubre de 1934 en Yudu, en la provincia de Jiangxi, en el este de China, cerca de 86.000 oficiales y soldados del Ejército Rojo emprendieron camino hacia la norteña Shaanxi con el fin de reagruparse, reorganizarse y ponerse en mejor disposición para enfrentar a su enemigo, sabían perfectamente que no iba a ser fácil.
Sin embargo, también sabían que debían lograrlo, que llegar a su destino era la diferencia entre liberar al país de las cadenas de la opresión, la miseria y el atraso o seguir bajo el yugo de los invasores y sus lacayos, quienes, en defensa de su propia agenda, mezquina y egoísta, habían dado la espalda al pueblo y ayudaban a perpetuar su agonía.
Impulsados por el amor al pueblo, y por el respeto a la palabra empeñada, hace 90 años los comunistas chinos y su ejército de obreros y campesinos recorrieron unos 12.500 kilómetros a lo largo de más de diez provincias, cruzando ríos, montañas, pantanos y praderas, haciendo frente a condiciones climáticas extremas y bajo el asedio encarnizado del Kuomintang. De todos quienes comenzaron, solo unos cuantos miles alcanzaron su meta.
Pero ese enorme sacrificio valió la pena, y mucho. Las vicisitudes de esta epopeya permitieron al Ejército Rojo y al Partido Comunista de China (PCCh) comprender la importancia de tener un mando unificado con una idea clara del camino a seguir y, al mismo tiempo, les demostraron de lo que eran capaces, que mientras se tenga el respaldo del pueblo y se sigan con fidelidad las determinaciones del liderazgo, la victoria, más que ser posible, está asegurada.
La determinación que llevó al Ejército Rojo a triunfar en dicha gesta nueve décadas atrás quedó grabada en el ADN de todos los chinos, y es la que ha permitido al país llegar a ser una potencia económica, cultural y tecnológica vista con admiración por muchos, y con recelo por unos cuantos.
Hoy en día, cuando una empresa china echa a rodar un proyecto, cuando una compañía nacional se lanza al mercado extranjero, cuando un emprendedor funda un negocio, cuando una familia compra una vivienda, cuando un joven inicia su carrera universitaria, la fuerza que les impulsa proviene de la intrepidez con que el Ejército Rojo se impuso a las dificultades y penurias, y la inteligencia que les guía proviene de la sabiduría con que el liderazgo del Partido orientó a los valientes soldados comunistas y al pueblo para llegar a buen puerto.
Con el paso de los años, las heridas de la guerra se han ido cerrando, que no olvidando, y el pueblo chino, liderado por el PCCh, ha venido concentrando su energía y sus esfuerzos en la revitalización nacional y en el desarrollo del país, causas para las cuales las experiencias duramente acumuladas durante la Gran Marcha han sido fundamentales.
Y si bien fueron las circunstancias históricas del momento y la realidad propia del país las que determinaron la ocurrencia de la Gran Marcha, el mundo entero, al comprender su verdadera magnitud, ha aprendido a valorarla y respetarla, y también ha comprendido que, guardadas las proporciones y teniendo en cuenta las condiciones particulares, cada país, cada nación, tiene la posibilidad de llevar a cabo su propia "Gran Marcha" en busca del bienestar de su pueblo y del desarrollo.
Hoy, el pueblo chino protagoniza una nueva Gran Marcha, cuyo destino es convertirse es un gran país socialista moderno a la vez respetuoso y garante de un orden internacional justo y razonable, un país amante de la paz y dispuesto a compartir su experiencia de desarrollo y a dar la mano y apoyar a quienes busquen su ayuda, del mismo modo en que los campesinos lo hicieron con el Ejército Rojo en la heroica travesía de hace 90 años.
Y como si la huella imborrable dejada sobre el territorio chino no fuera lo suficientemente profunda, hoy la impronta del pueblo chino surca el espacio sideral con su serie de cohetes Gran Marcha, cuyas múltiples variantes transportan de forma regular satélites nacionales y extranjeros para hacer una exploración pacífica y sostenible del espacio profundo y constituyen la columna vertebral del programa espacial del país. La Gran Marcha ahora avanza hacia los confines del espacio exterior.
Sí, podían haberse rendido, pero no lo hicieron porque, sencillamente, la palabra "rendirse" no está en el vocabulario del Partido ni de la nación China. Su valentía y la convicción de que estaban haciendo lo correcto les permitieron romper el cerco tendido por el Kuomintang y culminar exitosamente la Gran Marcha, un momento crucial en la consolidación del Partido como guía, defensor y representante del pueblo, y que eventualmente repercutiría en la victoria en la Guerra de Resistencia del Pueblo Chino contra la Agresión Japonesa y tendría su punto culminante en la fundación de la república.
En la nueva era, esas mismas valentía y convicción, el espíritu de la Gran Marcha, siguen impulsando a toda la nación. Y, como entonces, hoy rendirse no es una opción; la Gran Marcha continúa, porque como lo dijo el presidente chino Xi Jinping en el acto conmemorativo del 90º aniversario, "las tropas con ideales nobles y creencias firmes son invencibles".
El autor es máster en Política Internacional de la Universidad de Fudan (Shanghai) y se ha desempeñado como periodista en diferentes medios oficiales chinos.














