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spanish.china.org.cn | 13. 10. 2026 | Editor:Filo Fu [A A A]

Donde comenzó la Gran Marcha, se despliega el nuevo viaje de China

Palabras clave: China, Gran Marcha
Spanish.china.org.cn | 13. 10. 2026

Una fotografía tomada con un dron el 18 de agosto de 2026 muestra una vista del distrito de Yudu, provincia de Jiangxi, en el este de China. (Xinhua/Zhou Mi).

El antiguo embarcadero se encuentra a aproximadamente media hora a pie de la casa de Sun Guanfa, de 77 años, en Yudu, un distrito montañoso de la provincia de Jiangxi, en el este de China.

Para su padre, el viaje que emprendió desde esta orilla del río hace más de nueve décadas formó parte de una epopeya.

En octubre de 1934, unos 86.000 soldados del Ejército Rojo cruzaron el río Yudu para emprender lo que más tarde se conocería como la Gran Marcha.

En un país asolado por la invasión extranjera, la agitación social y la indigencia, el incipiente Ejército Rojo, liderado por el Partido Comunista de China (PCCh), luchaba por la independencia nacional y la liberación del pueblo chino. Pero en aquel momento se encontraba rodeado por las fuerzas del Kuomintang, muy superiores en número y mucho mejor armadas.

Lo que siguió fue una maniobra militar épica: desde Yudu, las tropas del Ejército Rojo recorrieron aproximadamente 12.500 kilómetros a través de China, atravesando montañas nevadas y traicioneros pantanos, mientras luchaban contra las fuerzas enemigas. Finalmente llegaron al noroeste del país, donde, en 1936, se unieron a ellas otras ramas del Ejército Rojo, lo que supuso la conclusión victoriosa de la Gran Marcha.

Esta maniobra militar permitió la supervivencia del Ejército Rojo. Además, proporcionó al PCCh un nuevo punto de apoyo en el noroeste de China, desde donde reforzó su poderío, plantó cara a las tropas japonesas invasoras y, finalmente, derrocó al corrupto régimen del Kuomintang, lo que condujo a la fundación de la República Popular China en 1949.

En Yudu, la Gran Marcha no es simplemente un capítulo de un libro de historia. Es una historia familiar.

Más de 17.000 residentes se unieron al ejército que partía. Solo 277 figuran como personas que finalmente regresaron a casa, según explicó Zhong Min, guía de un museo construido junto al río para conmemorar la partida.

Aún se le quiebra la voz cuando menciona esa cifra.

Su bisabuelo materno murió luchando en las campañas de cerco. El abuelo de su marido partió con las tropas y nunca más se supo nada de él. El padre de Sun cayó en una batalla en la que las fuerzas del Ejército Rojo quedaron reducidas a poco más de 30.000 efectivos.

"No estamos contando las historias de otras personas", dijo Zhong. "Estamos contando las de nuestras propias familias".

Aquí, la Gran Marcha no solo se mide en kilómetros y batallas, sino en las personas que abandonaron sus hogares sabiendo que quizá nunca volverían.

Para Sun, el legado de esa generación es profundamente personal. Según una tradición local, Sun fue adoptado como hijo del soldado que partió de la orilla del río y nunca regresó, para que el linaje de la familia del soldado pudiera continuar.

"La gente de la generación de mi padre estaba dispuesta a dar la vida para que la gente corriente pudiera ser liberada", afirmó Sun.

En esa misma orilla del río, en 2019, el presidente chino Xi Jinping habló de lo que había permitido al Partido y al Ejército Rojo resurgir una y otra vez del borde de la destrucción: ideales y convicciones firmes, y una gran fuerza de voluntad.

"No debemos olvidar la aspiración original y la misión fundacional de nuestro Partido", afirmó Xi, también secretario general del Comité Central del PCCh y presidente de la Comisión Militar Central. La misión que el Partido ha proclamado desde hace tiempo, y que se remonta a su fundación en 1921, es perseguir la felicidad del pueblo chino y la revitalización de la nación china.

Durante la visita, Xi depositó una cesta de flores ante un monumento que conmemora la partida del Ejército Rojo y se inclinó en señal de homenaje. A continuación, se dirigió detrás del monumento hasta una barandilla con vistas al río y permaneció allí de pie durante un buen rato.

El río sigue ahí. Para Xi, también era un lugar desde el que contemplar el futuro de China.

"Hemos venido a este lugar para recordar cómo fue cuando el Ejército Rojo emprendió su marcha", dijo a los vecinos reunidos en las inmediaciones. "Hoy nos encontramos en un nuevo viaje: el de construir un país socialista moderno. Debemos continuar la labor de quienes nos precedieron, prepararnos de nuevo y ponernos en marcha una vez más".

Ese nuevo viaje se desarrollaba en un contexto muy diferente. Cuando Xi visitó Yudu, la campaña nacional que había puesto en marcha para combatir la pobreza entraba en su fase final.

Culminaría con la erradicación de la pobreza absoluta en una nación de 1.400 millones de habitantes. Casi 100 millones de residentes rurales salieron de la pobreza gracias a la batalla de asalto de plazas fuertes en la liberación de la pobreza, que movilizó a todo el Partido y a la nación.

Xi anunció la victoria, como parte fundamental de la construcción integral de una sociedad modestamente acomodada, en 2021, cuando el PCCh celebró su centenario.

Durante su visita de 2019, Xi comprobó personalmente si las antiguas zonas de base revolucionaria iban por buen camino para cumplir sus objetivos de reducción de la pobreza.

En la casa de Sun, recorrió el salón principal hasta el patio trasero e inspeccionó la cocina y los dormitorios. En la cocina había arroz y aceite de cocina, y el cuarto de baño estaba limpio.

Xi preguntó por los ingresos de la familia y cómo se ganaban la vida el hijo y la nuera de Sun, a qué colegio iban sus hijos y cómo eran las comidas escolares.

"Para cuando crezcan, habremos logrado la revitalización de nuestra nación", dijo Xi, señalando a los dos nietos de Sun.

China tiene como objetivo alcanzar básicamente la modernización socialista para 2035 y construir un gran país socialista moderno en todos los aspectos para mediados de este siglo, según la visión establecida por el Partido.

Anteriormente, en el museo donde Zhong trabajaba como guía, Xi se había detenido ante un mapa de China elaborado con sandalias de paja.

La exposición recordaba cómo la población local trabajaba toda la noche para fabricar sandalias de paja para los soldados, muchos de los cuales luchaban descalzos. También desmontaban puertas, tablones de camas, vigas de techo e incluso madera destinada a ataúdes para construir puentes de pontones, lo que ayudaba a los soldados a cruzar el río Yudu.

"El país se ha desarrollado y la vida de la gente ha mejorado, pero debemos recordar de dónde vino todo esto", afirmó Xi. "No debemos olvidar a nuestros antepasados revolucionarios y a quienes murieron por la revolución, ni a la gente de las antiguas zonas de base revolucionaria".

Hoy en día, olas doradas de arroz rico en selenio ondulan alrededor de la aldea de 700 años de antigüedad, y cerca de ella se alzan hileras de modernos invernaderos de hortalizas. En la zona residencial, casas de paredes blancas y tejados de tejas grises se alzan entre los árboles, mientras que los pabellones se acurrucan entre ellas.

"Ahora tenemos los salarios de nuestro trabajo, los alquileres de nuestras casas de huéspedes y los dividendos de nuestras acciones", explicó Sun. "Nuestros ingresos anuales se han triplicado hasta superar los 200.000 yuanes (unos 29.000 dólares estadounidenses)".

La transformación va mucho más allá de Yudu.

Gran parte del sur de Jiangxi, que en su día estuvo aislada del mundo exterior por escarpadas montañas, está ahora mucho mejor conectada. El tren de alta velocidad la une con la ciudad de Shenzhen, el motor económico del país situado cerca de Hong Kong. Las autopistas también llegan a todos los distritos y las carreteras asfaltadas se adentran ahora en las aldeas.

Para los empresarios locales, esto ya no significa tener que pasar dos días y dos noches en la carretera para conseguir una pieza fundamental. Ahora pueden subirse a un tren de alta velocidad, recoger lo que necesitan por la mañana y volver esa misma tarde, lo que acelera drásticamente el desarrollo de un prototipo.

El cambio no se limita únicamente a la movilidad. Sectores como los metales no ferrosos y los materiales avanzados, la electrónica y las tecnologías de la información, así como el sector textil y de la confección, se han arraigado aquí. Para la gente corriente, los cambios se notan más cerca de casa. La vivienda ha mejorado, el agua potable es más segura y se tiene más acceso a las escuelas y a la asistencia sanitaria.

Ahora hay más personas que pueden ganarse la vida sin tener que abandonar sus lugares de origen. En marzo, la Universidad Politécnica de Hong Kong inauguró en Xingguo, un distrito vecino a Yudu, un centro dedicado a la investigación sobre dispositivos portátiles inteligentes y ropa inteligente.

Este verano, Yudu acogió a estudiantes de más de 170 universidades de toda China que acudieron para recorrer los pasos de la Gran Marcha desde los lugares donde comenzó. Muchos se dieron cuenta de que los soldados del Ejército Rojo que emprendieron el camino tenían su misma edad.

"Estar en el lugar donde aquellos jóvenes soldados comenzaron su viaje me permitió comprender mejor lo que lograron", afirmó Liu Fanshuo, un estudiante universitario de automatización.

Hoy en día, cinco modernos puentes cruzan el río Yudu cerca de los puntos donde los lugareños construyeron en su día puentes de barcas para ayudar al Ejército Rojo a pasar el río.

A orillas del río, Sun sirve té caliente a los turistas, cuyas vidas podrían haber sido muy diferentes si aquellos soldados nunca hubieran cruzado.



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