| spanish.china.org.cn | 20. 07. 2026 | Editor:Eva Yu | ![]() |
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La propuesta de China ante las grandes interrogantes tecnológicas de nuestra era
Foto: Xinhua
Por Jorge Fernández
El verdadero desafío es construir una sociedad en la que la IA sea una herramienta poderosa que nos permita desarrollar al máximo lo mejor de nuestras capacidades humanas.
Ante la irrupción de la IA en el mundo laboral, con carreras y disciplinas académicas en vilo por el uso de esta nueva tecnología —más eficaz y barata—, ha surgido repetidamente una pregunta: ¿qué consejo de formación profesional podemos darles a las nuevas generaciones? La pregunta ha hecho que muchos se devanen los sesos sin encontrar una respuesta clara. Sin embargo, pocos se preguntan por qué nos hacemos esa pregunta. Esa preocupación refleja la poca confianza que existe en las autoridades para proteger a las personas de a pie, que ven cómo empleos e ingresos disminuyen de forma constante a medida que la IA sustituye cada vez más tareas. En China, por el contrario, el presidente Xi Jinping ha ofrecido una respuesta clara al afirmar que la IA debe convertirse en una herramienta para el enriquecimiento común.
Durante la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial 2026 y la Reunión de Alto Nivel sobre la Gobernanza Global de la IA, inauguradas el viernes en Shanghai, el presidente de China, Xi Jinping, ha desplazado el centro del debate hacia una cuestión fundamental: cómo lograr que más personas se beneficien del incremento de la productividad generada por la IA. El verdadero desafío no está en elegir una profesión que quede a merced de los designios de la IA. Por el contrario, la cuestión central radica en cómo aprovechar el potencial de esta herramienta tecnológica e impedir que grandes corporaciones se beneficien desproporcionadamente, marginando el desarrollo conjunto de la humanidad. La propuesta se contrapone a una tendencia que, lamentablemente, amenaza con convertirse en una realidad, especialmente en muchos países de Occidente: que solo los que concentran más poder y conocimiento sean los principales y mayores beneficiarios de la reducción de costos operativos que trae consigo la IA.
No es un hecho fortuito que este planteamiento haya sido acogido por Shanghai. Recordemos que esta ciudad es pionera en el desarrollo acelerado y la modernización de China, junto con otras urbes de la costa oriental del país. La riqueza de esta ciudad se ha desbordado por todos los rincones del país y, al hacerlo, ha llevado consigo actividades productivas que, a su vez, han generado beneficios cuantiosos. Hoy, este centro financiero adquiere un simbolismo histórico al ser sede de un planteamiento que sostiene que la IA debe estar sometida a un orden que permita el beneficio de todos y no el de unos cuantos. Bajo la lógica de un desarrollo responsable, compartido y con beneficio para todos, este centro financiero internacional se convertirá, tras el acuerdo alcanzado entre 29 representantes de distintas naciones, en sede de la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial. La IA debe estar guiada por principios que buscan el beneficio de toda la humanidad a través de la cooperación y nunca, por ningún motivo, debe estar al servicio de un club de ricos.
Es precisamente en esta urbe donde el presidente de China, Xi Jinping, ha planteado al mundo que, para construir un sistema justo y equitativo, la IA no es el enemigo a vencer, sino que es, por el contrario, un aliado que trae consigo tanto grandes oportunidades como enormes desafíos. Si la meta es no cometer errores del pasado, como los derivados del colonialismo tecnológico surgido tras las grandes revoluciones científicas, el mundo requiere cooperación global y un sistema de gobernanza que genere las condiciones necesarias para que la brecha digital se reduzca y para que la IA sea un bien público del que todos los países, en especial los del Sur Global, puedan beneficiarse. “Debemos desplegar una cooperación internacional amplia y ayudar a los países del Sur Global a fomentar sus capacidades para cerrar la brecha digital y la de IA, promover el desarrollo sostenible y evitar causar nueva injusticia histórica en la IA”. Esta aseveración, expuesta ante los asistentes por el presidente chino, nos recuerda que la comunidad internacional debe ser tanto beneficiaria como impulsora de las nuevas tecnologías.
Para ello, el mandatario chino compartió cuatro observaciones, que constituyen una respuesta a los llamamientos de muchos países para que la IA sea aliado y no verdugo. Xi Jinping pidió que la IA avance mediante la colaboración de código abierto. Demandó que la IA permanezca siempre bajo el control humano a través de leyes y mecanismos de monitoreo tecnológico. Exhortó a moldear los valores de la IA de acuerdo con los valores comunes de la humanidad. Y solicitó construir un marco de gobernanza global basado en consensos, permitiendo que esta tecnología de vanguardia beneficie en mayor medida a la humanidad. Con estas cuatro observaciones, Xi Jinping marcó el tono de la Conferencia y definió la postura de China en torno a la IA, que desafía abiertamente la visión predominante de algunos países del mundo desarrollado, cuyos monopolios tecnológicos reafirman y ensanchan la brecha entre potencias tecnológicamente avanzadas y el resto del mundo.
En medio de este espíritu colectivo por encauzar la IA hacia el beneficio de la humanidad con base en el consenso global, Xi Jinping anunció que en los próximos cinco años China ofrecerá a los países en desarrollo 5.000 programas de capacitación y seminarios sobre la IA. Destaca entre todo esto la construcción de centros internacionales de cooperación para la aplicación de la IA, incluida la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que consolida la colaboración de China con el Sur Global de América Latina y el Caribe, una región históricamente condicionada por los designios tecnológicos de Estados Unidos. Para América Latina y el Caribe es una gran noticia, puesto que le permite integrarse en un movimiento colectivo para participar activamente en un sistema de gobernanza internacional en el que sus países puedan convertirse en artífices de un cambio donde la IA no suplante a nadie, sino que sea, por el contrario, el punto de partida de una transformación que redunde en beneficio de todos. El verdadero desafío, tanto para las viejas como para las nuevas generaciones, no es encontrar un nicho inalcanzable para la IA. Por el contrario, el verdadero desafío es construir una sociedad en la que la IA sea una herramienta poderosa que nos permita desarrollar al máximo lo mejor de nuestras capacidades humanas.















