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spanish.china.org.cn | 08. 07. 2026 | Editor:Teresa Zheng [A A A]

La magia de la lectura para los niños de Xizang

Palabras clave: Xizang, niños, lectura
Spanish.china.org.cn | 08. 07. 2026

Una biblioteca en las alturas

A casi 4800 metros sobre el nivel del mar, en el distrito de Nyima, Región Autónoma de Xizang, en el suroeste de China, miles de niños crecían con las praderas como su principal horizonte. Sin embargo, algunas personas creen que la visión infantil no debe limitarse al pastizal y que la lectura es una ventana a un mundo más amplio.

Sun Peng, un escritor de literatura para niños de Beijing, es uno de ellos. Dedicó tres años a promover la lectura en Nyima. Inspirado por los pequeños que conoció, inició un proyecto social llamado «La biblioteca en el cielo». Comenzando con simples rincones de lectura en las escuelas locales en 2022, la iniciativa creció a clases de lectura, enseñanza con textos ilustrados y educación artística con voluntarios de todo el país uniéndose a Sun para entregar materiales en chino estándar y en tibetano directamente a los niños. Ahora, Sun ha recopilado estas conmovedoras experiencias en una obra de no ficción con el mismo título.

Al señalar que hace poco se han puesto en marcha regulaciones para promover la lectura, Sun declaró que espera que este viaje de base —arraigado en la meseta a 4800 metros de altura— pueda considerarse un ejemplo poderoso para su fomento a nivel nacional.


Sembrando semillas en la meseta

Cuando Sun llegó por primera vez a Xizang, quedó impresionado por las extensas praderas y la exuberante vida silvestre del distrito: yaks abriéndose paso entre la nieve y los saltos de manadas de antílopes tibetanos. En estas tierras altas, la persistencia de la vida queda patente en su forma más pura.

Como escritor y defensor de la literatura infantil, Sun se dio cuenta rápidamente de que, aunque muchos niños tenían grandes sueños, su acceso a los textos era limitado, especialmente en casa. Así empezó a preguntarse: más allá de renovar dormitorios y aulas, ¿qué más se necesita para ampliar sus horizontes? Y descubrió que la respuesta estaba en los libros.

En octubre de 2022, apenas dos meses después de su arribo, Sun compartió una publicación en redes sociales: quería construir una «biblioteca en el cielo» para los niños de la meseta.

En su entrada, describió los verdaderos desafíos de los escolares —la escasez de obras y de apoyo a la lectura— y pidió a todos donar libros adecuados para su edad. Este pequeño gesto suscitó una gran campaña a favor de la lectura juvenil en la región.

Sun pronto se puso en contacto con editoriales, fundaciones y equipos de voluntarios. Poco a poco, miles de textos infantiles de calidad llegaron a los colegios de la localidad lo que permitió que se afianzara una nueva cultura de la lectura durante los recreos y después de clases.

Sin embargo, los libros fueron solo el inicio. Sun también invitó a docenas de escritores, maestros de chino, promotores de la lectura y educadores de arte del país a visitar las aulas. Los especialistas trajeron consigo no solo nuevas estrategias de lectura y ejemplares ilustrados, sino también escritura creativa, autoexpresión y arte, y por primera vez, los estudiantes locales vivieron las historias y se animaron a contarlas y a dibujar.

Sun dijo que cada paso en la construcción de «La biblioteca en el cielo» fue una lucha. La ubicación remota de Nyima y las duras condiciones dificultaban el transporte; los donantes a menudo cubrían de su propio bolsillo los elevados gastos de envío. Los libros nuevos y cuentos a veces llegaban dañados por el agua o con las cajas rotas tras largos viajes y traslados. Los voluntarios también tuvieron que superar obstáculos físicos y de tiempo.

Sun recordó a un docente de Beijing que pasó meses organizando el itinerario, solo para tener que dar media vuelta en Lhasa tras sufrir del mal de altura. Pero aun conociendo los riesgos, varios voluntarios más siguieron adelante, decididos a dictar clases de lectura dinámicas a los niños de la meseta, y después de tres años, «La biblioteca en el cielo» cosechó frutos.

Un colegio de secundaria y 13 de primaria ahora tienen colecciones más ricas y variadas. Cada salón presume de un rincón de lectura y se organizan concursos con regularidad y clases a partir de las obras.

Aún más valioso es que los profesores locales han devenido «faros de la lectura»: guías dedicados que iluminan el camino de los niños y tienden puentes entre ellos y el mundo impreso.


Crear un hábito

A pesar de que se han enviado miles de ejemplares de calidad, añadió Sun, aún queda una «última milla» por recorrer antes de lograr un impacto real: ayudar a desarrollar nuevos hábitos de lectura desde cero. Los libros no pueden quedarse guardados bajo llave en las bibliotecas; deben estar al alcance de todos.

Sun instó a los centros educativos a no guardarlos en estantes altos o en salas cerradas, sino a colocarlos justo al lado del pupitre de cada alumno. De esa manera, la lectura forma parte de la vida cotidiana: los pequeños los leen durante los recreos, los guardan en sus pupitres, intercambian historias y crean naturalmente un ambiente de lectura.

Dado que más de la mitad de los estudiantes de Nyima son internos, los maestros también habilitaron pequeñas zonas de lectura en los dormitorios para que puedan hojear las obras después de clase y antes de acostarse. Sun también agregó libros ilustrados en tibetano a las listas de donaciones lo que despertó mucho interés.

A medida que más y más alumnos descubrían el placer de leer, se produjeron cambios sutiles. Sun compartió la historia de una niña que, después de leer sobre la tenista Li Na en un texto ilustrado, se sintió inspirada a escribirle una carta. Sun la entregó y la propia Li respondió, avivando la pasión de la pequeña por el aprendizaje y animándola a fijarse como meta estudiar en Beijing.

Sun dijo que el verdadero propósito detrás de «La biblioteca en el cielo» nunca fue solo donar libros, sino que los niños de las praderas encuentren a través de la lectura un horizonte diferente para que puedan ver no solo rebaños y pastizales, sino también ríos lejanos, montañas y un mundo más allá.

Como escribe Sun al final de su obra: «La historia de una biblioteca nunca termina realmente».

A medida que continúa la promoción de la lectura en todo el país, el aroma de las páginas inunda silenciosamente una senda espiritual para los niños de la meseta, guiándolos hacia un mundo más grande y un futuro más brillante.