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spanish.china.org.cn | 26. 06. 2026 | Editor:Filo Fu [A A A]

La importancia global de la modernización china vía la «oportunidad de China 2.0»

Palabras clave: Modernización china, Davos de Verano
Spanish.china.org.cn | 26. 06. 2026

En el XVII Davos de Verano, «Oportunidad China 2.0» devino una expresión de tendencia mundial. El modelo innovador del país —forjado a través de esfuerzos incansables y minuciosos, templado mediante amplias aplicaciones en todos los sectores e incentivado en un entorno propicio—es una ventana clave a través de la cual la comunidad internacional observa la modernización china. En el pasado, la «oportunidad de China» se reflejaba principalmente en las ganancias del desarrollo derivadas de un gran mercado y bajos costos de producción. La «oportunidad de China 2.0», sin embargo, significa un empoderamiento integral de la innovación y posibilidades de inversión de alto rendimiento. En un contexto de lenta recuperación económica mundial, mayor proteccionismo e inquietud tecnológica, esta valoración posee una relevancia práctica particular.

¿Por qué la «oportunidad de China 2.0» sigue ganando terreno en el discurso público internacional? En gran parte porque es tangible y beneficia a todos. Durante el XIV Plan Quinquenal, la contribución de China al crecimiento mundial de la manufactura superó el 30 %. En plena desglobalización, ayudó a estabilizar y velar por las cadenas industriales y de suministro a través de su sistema industrial integral.

Como la mayor comercializadora de bienes del mundo y el segundo mercado de consumo más grande, China es un socio comercial clave para más de 160 países y regiones. Su capacidad de producción verde, representada por el «nuevo trío»: vehículos eléctricos, baterías de iones de litio y productos fotovoltaicos, ha cerrado la brecha global entre la oferta y la demanda en desarrollo verde y ha promovido la transición energética y el avance de bajas emisiones de carbono a nivel mundial. Sus productos de alta tecnología, el nuevo «trío» de inteligencia artificial (IA), robótica y productos farmacéuticos innovadores, han derribado barreras y monopolios en tecnología de punta, haciendo que los nuevos adelantos sean accesibles y asequibles en más países.

A la par, China continúa ampliando su apertura de alto nivel. La celebración sucesiva de la Exposición Internacional de la Cadena de Suministro de China, la Exposición Internacional de Importaciones de China, la Feria de Cantón y exhibiciones regionales muestra que, incluso en un entorno externo cada vez más restrictivo, China mantiene su compromiso de mayor apertura con plataformas de cooperación para las empresas globales.

En 2025, se crearon 14 000 nuevas firmas de inversión extranjera en el ramo de la investigación científica y los servicios técnicos de China, una subida interanual del 27,2 %. Para muchas multinacionales, la naturaleza de la «oportunidad» ha pasado de «vender a China» a «crear con China»; de ser un «mercado de consumo global» y un «centro de fabricación global» a una plataforma de transformación, prueba y expansión de la innovación global.

Ante el avance de la incertidumbre en la economía global, la apertura en sí misma es un bien escaso. Quienes puedan mantener mercados abiertos, estabilidad industrial, continuidad en las políticas y vastos escenarios de negocios serán pilares en el posicionamiento estratégico a largo plazo del capital, la tecnología y las compañías en el mundo. Una China con una mayor apertura y defensora del carácter de bien público de las cadenas industriales y de suministro es un estabilizador vital para la economía mundial.

La «oportunidad de China 2.0» se refleja además en la redefinición de los valores relacionados con las reglas de la globalización y la gobernanza global. Cuando ciertos países persiguen agresivamente el proteccionismo y la hegemonía, China toma la iniciativa del verdadero multilateralismo, salvaguardando con firmeza el funcionamiento estable y fluido de las cadenas industriales y de suministro globales, y enarbolando los principios del libre comercio y competencia leal. Rechaza la ley de la selva, de «la supervivencia del más apto» y rompe con el obsoleto sistema de «centro-periferia» de la división global del trabajo. Sobre la base de la Iniciativa de la Franja y la Ruta y la Iniciativa de Desarrollo Global, empodera a numerosos países en desarrollo para que se integren en la globalización económica y alcancen la industrialización, ofreciendo así soluciones y sabiduría chinas para superar los retos del crecimiento global y resolver los desequilibrios de desarrollo.

Si la «oportunidad de China 1.0» del pasado se caracterizó por brindar «dividendos de mercado» a través de su enorme mercado interno y sus factores de producción de bajo costo, la versión 2.0 no solo ofrece «dividendos de mercado» aún mayores, sino también un «dividendo de innovación» cada vez mayor a través de la prosperidad tecnológica y la modernización industrial. Su convergencia y sinergia dan al mundo más posibilidades de desarrollo y un mayor margen de crecimiento, e impulsan una globalización económica más inclusiva y equitativa.

Algunos en Occidente describen la entrada de productos chinos —como los de nuevas energías, la IA y los equipos de telecomunicaciones— como un «choque», y no dejan de exagerar la noción falaz de un «choque chino 2.0». El surgimiento de la «oportunidad de China 2.0» también alude al colapso de esta narrativa. El verdadero problema no radica en la rápida difusión de nuevas tecnologías, sino en la renuencia de algunos países a aceptar la redistribución de los beneficios que traen consigo la competencia industrial y el avance generalizado de la tecnología.

El «choque de China» es un discurso defensivo adoptado por quienes tienen intereses creados ante un reequilibrio global de las fuerzas productivas. Su mayor preocupación es que las ventajas competitivas privilegiadas que antes poseían un puñado de países y empresas se conviertan en condiciones de desarrollo accesibles y asequibles para más países y consumidores, lo que les haría perder sus ventajas monopolísticas. Lo que realmente daña al mundo no es una capacidad de producción altamente eficiente, sino la presencia artificial de muros y barreras, la fragmentación de las cadenas de suministro y la politización de la cooperación tecnológica.

El actual dilema del crecimiento mundial no viene de un exceso de oferta de tecnología, sino de mecanismos de cooperación insuficientes, una apertura en deterioro y capacidades de gobernanza rezagadas. Ante un panorama turbulento, el desarrollo mundial requiere que más países adquieran capacidades industriales y tecnológicas, así como participación en la gobernanza. El significado de la «oportunidad de China 2.0» radica precisamente en transformar el propio desarrollo de China en las condiciones para un desarrollo global compartido. Significa que, al ver a China como una oportunidad, se pueden vislumbrar perspectivas más amplias de cooperación, y al verla como un socio, se puede convertir una era plagada de dudas en un futuro creado en conjunto.