| spanish.china.org.cn | 10. 06. 2026 | Editor:Teresa Zheng | ![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
[A A A] |
Lo absurdo de una «lista restrictiva de firmas militares chinas»
Esta semana, el Pentágono actualizó su llamada «lista de empresas militares chinas» con 188 en registro. El alcance sigue avanzando, desde inteligencia artificial (IA), plataformas de comercio electrónico, vehículos eléctricos, baterías, semiconductores y robótica hasta productos biofarmacéuticos. Se trata de una insensatez sin límites que marca una nueva escalada de represión irrazonable contra las empresas chinas y una provocación flagrante al comercio mundial y a las reglas del mercado. Cabe mencionar que la edición de este año se ha «adaptado a los tiempos» y apunta a un gran número de líderes en los rubros de la fabricación de alta gama y las tecnologías emergentes lo que parecería más un «cuadro de honor» de las nuevas fuerzas productivas de calidad de China.
Lo ridículo de esta enumeración radica en primer lugar, en sus criterios arbitrarios y su lógica errónea. Un portal de comercio electrónico, un motor de búsqueda o una compañía de vehículos de nuevas energías —ninguna vinculada con el ejército— pueden ser etiquetadas como «soporte militar chino» o «amenaza a la seguridad de Estados Unidos» simplemente porque han conseguido frutos en campos como la IA, la nube o la tecnología de baterías. Básicamente, es una presunción de culpabilidad derivada del razonamiento de «ser blanco de ataques por la tenencia de activos valiosos». En pocas palabras, cualquier empresa tecnológica china con competitividad mundial tiene «nexos militares», y esto por sí solo es la justificación suficiente para que el Pentágono imponga, o amenace de hacerlo, sanciones unilaterales.
Si esta lógica fuera coherente, ¿se consideraría también a una firma como Coca-Cola —que ha desarrollado modelos avanzados de análisis de gustos de consumidores a nivel mundial— un «peligro para la seguridad de otros países»? Y, en tal caso, ¿cuántos países deberían incluir a esos gigantes tecnológicos estadounidenses —con contratos con el Departamento de Defensa y cuyos ejecutivos pasan con frecuencia por la «puerta giratoria»— en sus propias listas de «amenaza a la seguridad nacional»? Esta manera de pensar que tolera el liderazgo tecnológico solo para sí mismo, mientras niega a otros el derecho a desarrollarse, es un doble rasero tajante. Pone al descubierto una mentalidad hegemónica arraigada y constituye una violación directa de las normas internacionales de equidad.
La lista del Pentágono aglutina prácticamente todas las principales industrias emergentes estratégicas, incluyendo la IA, los vehículos eléctricos, los sistemas no tripulados, la aviación, la nube y los semiconductores, con muchas empresas líderes chinas en sectores de vanguardia. Esto sugiere que Washington no va tras una sola firma, sino contra la «tecnología china en su conjunto» como un ámbito de competencia estratégica. Esta nómina restrictiva equivale a un reconocimiento tácito del progreso del país lo que refleja temores sobre sus crecientes capacidades. Lo que preocupa a Washington es la posibilidad de que su dominio tecnológico enfrente desafíos integrales por parte de China, como que sus startups adquieran cada vez más la habilidad de remodelar el escenario industrial mundial. En otras palabras, la lista hace tiempo ha sobrepasado su fin de abordar supuestos vínculos militares y ha devenido una herramienta de identificación y represión continúa de las firmas tecnológicas chinas.
El intento de detener el avance chino mediante el uso de un catálogo administrativo está condenado al fracaso. Su alcance cada vez mayor y el número creciente de empresas afectadas revelan una realidad incómoda: la estrategia de etiquetar y atacar selectivamente a firmas chinas individuales no funciona. Su auge es generalizado gracias a las mejoras en innovación y competitividad en el mercado. La trayectoria de desarrollo de sus ramos de vehículos eléctricos, almacenamiento de energía e IA es evidencia de ello. Cuando se bloquea a una, aparecen otras. Cuando se restringe a un sector, toda la cadena industrial gira hacia una mayor autosuficiencia e innovación.
A corto plazo, estas políticas pueden aumentar la presión sobre los competidores. A largo plazo, sin embargo, corren el riesgo de socavar la apertura de las cadenas de suministro y reducir la innovación. En lugar de velar por la «seguridad», las acciones del Pentágono interfieren con la cooperación empresarial normal, perturban el orden económico y comercial internacional y presentan riesgos artificiales para la estabilidad de la economía global.
Es hora de poner fin a esta farsa. Los hechos son claros, esta lista no ha hecho claudicar la voluntad de China por alcanzar una mayor autosuficiencia tecnológica ni ha alterado la demanda real en el mercado estadounidense de productos chinos de alta calidad. Por el contrario, es probable que sea testimonio del éxito de las empresas chinas con la superación de las trabas tecnológicas y las restricciones externas, y que refleje los saltos del país en el desarrollo de nuevas fuerzas productivas de calidad.














