| spanish.china.org.cn | 08. 06. 2026 | Editor:Teresa Zheng | ![]() |
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El regreso con fuerza de una tradición veraniega
Tras ser relegados a «objetos de arte» por el aire acondicionado, los abanicos de mano chinos vuelven con fuerza entre los jóvenes.
Aunque el aire acondicionado comienza a funcionar en pleno en China a medida que el calor arrecia, el abanico de mano, relegado a segundo plano, reaparece en escena en el metro, tiendas de museos y calles turísticas.
Asociado principalmente con la estética de antaño o la nostalgia estacional, el abanico plegable de bambú y seda vuelve gracias al consumidor joven como un accesorio funcional y una forma de expresión cultural.
En la 22.ª Feria Internacional de Sectores Culturales de China (Shenzhen), provincia de Guangdong, en mayo, los abanicos de Mingde —marca tradicional de Guangde, provincia de Anhui, con una fabricación exhaustiva de docenas de pasos— atrajeron a multitudes. Mientras tanto, en Yiwu, provincia de Zhejiang, los abanicos con licencia oficial de la selección de fútbol de Portugal salen de las plantas hacia el extranjero con la cercanía de la Copa Mundial 2026.
Un abanico de mano tradicional chino consta de dos partes: las varillas, normalmente talladas en bambú, y la superficie, a menudo de seda o papel de corteza de morera. A diferencia de sus similares de plástico producidos en masa, cada una de estas piezas se hace a mano con varillas de un solo remache, lo que permite que después de doblarse quede plano en una funda o se abra de un solo movimiento de muñeca. La superficie suele estar pintada con paisajes, caligrafía o aves y flores, pasando de un objeto funcional a una obra de arte.
«Es una pequeña galería de arte móvil», dijo Zheng Zhigang, crítico de arte con un doctorado en Historia (Arqueología) de la Universidad de Nanjing, al referirse al encanto de estos abanicos.
«Tiene pinturas, caligrafía, poesía y sellos, todo dentro de unos pocos centímetros. Sin embargo, puedes sostenerlo, tocarlo, abrirlo y cerrarlo, compartirlo con un amigo. Esa intimidad es algo que ninguna otra forma de arte ofrece», puntualizó.
Sun Yaqing, presidenta de Wangxingji, fabricante de abanicos de Hangzhou con 151 años de antigüedad, ve la misma profundidad cultural en la estructura de los abanicos. «Las varillas están hechas de bambú. En la cultura china, el bambú representa humildad, integridad y resiliencia», dijo. «Cuando un erudito sostenía un abanico, recordaba para sí mismo esas virtudes».
Y luego está lo característico: abrirlo y cerrarlo.
«Hay sabiduría de vida en eso. Saber cuándo expandirse, cuándo retirarse. El abanico no solo te da una brisa natural, sino un consuelo espiritual», añadió.
Sun atribuye el renovado interés al cambio en los valores de los consumidores, al auge del guochao (una moda impulsada por los jóvenes de orgullo por la estética tradicional china) y a un creciente interés mundial por los objetos con una rica historia.
«La gente solía comprar abanicos para refrescarse; ahora los compran porque se ven bien, transmiten cultura y además quieren algo que compartir», apuntó, y agregó que el abanico ha devenido un producto de cultura, emoción y conexión social.
A medida que el verano avanza, Sun ha estado más ocupada que nunca. Sus abanicos han sido seleccionados como recuerdos oficiales para varios eventos importantes, y los visitantes internacionales parecen no cansarse de ellos.
«Se detienen a admirar las suaves varillas de bambú, los paisajes pintados a mano, el suave aroma de nuestros 'abanicos perfumados con té' y quieren conocer la historia detrás de cada pieza», dijo.
Wangxingji exporta ahora a más de 40 países y regiones, y Sun ha observado patrones claros. Los japoneses prefieren los abanicos de bambú lisos para las ceremonias del té. Los europeos buscan los de seda como arte mural o accesorios de moda. Los coleccionistas de Oriente Medio se decantan por los más pesados y ornamentados con láminas de oro.
Sun estima que el abanico plegable ya no es solo un objeto estacional; «es un mensaje: doblado, tallado, pintado y listo para ser abierto», dijo.














