| spanish.china.org.cn | 08. 06. 2026 | Editor:Filo Fu | ![]() |
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Florecimiento en la frontera
El aire en la aldea de Xiaerhete exhala el dulce aroma de las manzanas. Situado en la frontera entre China y Kazajistán, este pequeño asentamiento evoca un retiro pastoral: un testimonio silencioso de años de esfuerzo continuo y discreto. Sin embargo, su ubicación narra una historia distinta. La aldea se encuentra en el distrito de Jeminay, en la prefectura de Altay, un lugar que posee tanta profundidad estratégica como belleza natural.
Lo que antes era un modesto caserío se ha transformado en un paraje mucho más vibrante. En el centro de esta transformación se encuentra Gulimila Dawulieti, una mujer de la etnia kazaja que creció en estas montañas. En 2019, respaldada por su licenciatura en recursos ambientales, asumió la jefatura del comité de los aldeanos con el firme propósito de transformarla.
20 de marzo de 2026. Un pastor kazajo conduce a su ganado en las rutas de pastoreo fronterizas en el distrito de Jeminay en la prefectura de Altay. VCG
Una tradición renovada
El mayor dolor de cabeza que enfrentó Gulimila al asumir el cargo fue un vertedero de 0,87 hectáreas situado justo a la entrada de la aldea, junto a la carretera principal. Al estar ubicada en un corredor de viento natural, el hedor de los desechos en descomposición invadía cada hogar durante el sofocante calor del verano.
Gulimila pasó meses gestionando ante el Gobierno municipal una partida de 500.000 yuanes (72.000 dólares) para hacer frente al problema, hasta que, finalmente, los fondos llegaron y pudo hacer uso de ellos para enterrar la basura y restaurar el suelo. Inspirándose en la tradición local de la silvicultura, decidió transformar el vertedero en un huerto de manzanos. Trabajando codo a codo con los aldeanos, ayudó a retirar toneladas de residuos, tratar la tierra contaminada y plantar plantones.
Una vez que las hileras de árboles jóvenes echaron raíces, fue un paso más allá: aseguró financiación adicional para construir una zona de secado de granos de 400 metros cuadrados, una maniobra estratégica para poner en marcha una cadena de procesamiento local.
A medida que el entorno empezó a mejorar, también comenzaron a llegar más turistas. De esta forma, Gulimila alentó a varias familias a abrir sus propios restaurantes, los cuales empezaron a generar beneficios económicos en apenas tres meses. Este éxito temprano inspiró a más residentes a sumarse a la idea.
Los viernes por la noche, la zona de secado se convierte en un vibrante espacio para la economía nocturna. La aldea organiza hogueras y espectáculos culturales, dando lugar a un mercado donde los residentes venden productos lácteos artesanales y aperitivos. En una noche de gran afluencia, un solo puesto puede recaudar entre 500 y 800 yuanes (entre 73 y 117 dólares). De esta forma, lo que solía ser un vertedero es ahora un hito paisajístico y un motor de crecimiento para la totalidad de la aldea, generando ingresos anuales continuos mediante el arrendamiento del huerto.
Este año, Gulimila tiene previsto hacer un censo de las propiedades vacías —dejadas atrás por quienes emigraron a ciudades lejanas— para transformarlas en posadas con huertos y jardines. El flujo diario de turistas ya ha alcanzado de 6 a 11 autobuses.
Gulimila Dawulieti en pleno trabajo. Foto cortesía de la entrevistada
La serie de televisión To the Wonder, emitida en 2024, también ha contribuido al auge turístico en la región de Altay. La obra ha atraído oleadas de residentes de la ciudad hacia las tierras fronterizas, seducidos por una imagen romántica de una vida más pausada y el encanto de las prácticas nómadas tradicionales.
Para Gulimila, la vida pastoral de su infancia fue, a decir verdad, algo amarga. Por aquel entonces, debía seguir a sus abuelos entre la hierba continuamente, y el hogar no era más que una yurta de fieltro con filtraciones de aire donde la luz provenía apenas de una vela parpadeante. El viaje a través de los pastizales solía durar siete agotadores días, a merced de la intemperie.
Hoy en día, gracias al apoyo del Gobierno, los pastores viven en asentamientos modernos equipados con duchas, calderas y electricidad estable. Incluso las rutas de trashumancia se han modernizado. Lo que antes era una travesía de siete días ahora toma solo dos o tres, con mayor organización y cuidado ambiental. Para Gulimila, estos movimientos estacionales son la raíz y el alma de la cultura kazaja y deben protegerse, pero insiste en que proteger no significa forzar a sus vecinos a regresar al pasado.
“La gente pregunta si estamos perdiendo nuestra esencia al construir carreteras e instalar calderas”, señala. “Yo les digo que no hay nada de espiritual en pasar frío y estar agotado. Mantenemos la trashumancia porque es lo que somos, lo llevamos en la sangre. Pero ahora el viaje dura dos días en lugar de siete. Tenemos electricidad y duchas. Solo cuando tu vida es estable puedes permitirte preocuparte por tu patrimonio”.
En la actualidad, la aldea ha forjado un camino de desarrollo integrado que honra la tradición nómada al mismo tiempo que ha transformado la cultura pastoral en un activo turístico. Los aldeanos ya no necesitan abandonar su tierra en busca de empleo, sino que pueden obtener ingresos estables mediante negocios de agroturismo o pequeños comercios en su propia comunidad. Este enfoque les ha permitido conservar su herencia cultural mientras aseguran su prosperidad financiera.
Los resultados se reflejan en los libros de contabilidad. Bajo la gestión de Gulimila, la economía colectiva de la aldea creció de 80.000 yuanes (11.706 dólares) en 2019 a 710.000 yuanes (103.902) en 2025, transformando lo que antes era un puesto avanzado olvidado en la frontera en una pequeña aldea firmemente encaminada hacia el desarrollo.
Gulimila Dawulieti conversa con una señora en el marco de su visita en terreno. Foto cortesía de la entrevistada
El lenguaje de la unidad
En Xiaerhete, las generaciones más jóvenes dominan el chino mandarín estándar. Sin embargo, muchos de los ancianos de la aldea solo hablan kazajo. Cuando Gulimila explica una nueva política, media en una disputa vecinal o simplemente mantiene una charla informal, alterna con naturalidad entre ambas lenguas.
Para Gulimila, en este enclave fronterizo multiétnico, la unidad se entreteje en estos diálogos cotidianos y en el apoyo mutuo. Cuando una familia se enfrenta a una cosecha pesada, los vecinos intervienen para ayudar; cuando surge una emergencia, la aldea entera acude como una sola.
En la aldea vive un anciano que reside solo. En una ocasión, mientras alimentaba a su ganado, sufrió una caída accidental. Apenas se enteró de lo sucedido, Gulimila lo trasladó de inmediato al hospital y durante su ausencia, ella misma se encargó de acudir al hogar del anciano todos los días para encender la estufa, alimentar a las vacas y ovejas, y limpiar el patio. Tras recuperarse y volver a casa, el hombre la tomó de las manos y le dijo: “¡Eres más que una hija para mí!”.
Historias como esta son habituales en la aldea: cuando una familia no da abasto con las tareas del campo, los vecinos, sin importar su etnia, acuden a echar una mano; ante cualquier urgencia, tanto los cuadros de la aldea como los residentes llegan de inmediato. Sin embargo, guiar a los aldeanos hacia un aumento de sus ingresos es la misión que Gulimila ha llevado grabada en el corazón desde que comenzó a trabajar en las bases.
A finales de febrero, una feroz ola de frío azotó la aldea con vientos de tal magnitud que más de 20 hogares vieron sus puertas principales completamente sepultadas bajo enormes pilas de nieve, dejando a las familias atrapadas. Ante dicho escenario, la aldea se movilizó con rapidez y despejó los accesos en menos de dos horas.
6 de marzo de 2026. Gulimila Dawulieti asiste a la cuarta sesión de la XIV Asamblea Popular Nacional, el máximo órgano legislativo del país, en Beijing. Zhang Wei
No obstante, para Gulimila, el desafío más complejo no ha sido la gestión de diversas crisis, sino guiar a sus vecinos hacia un futuro más próspero. Al principio, muchos aldeanos se mostraron reacios a salir de sus círculos tradicionales, por lo que Gulimila comenzó a compartir historias de familias en distritos vecinos que habían alcanzado el éxito.
Posteriormente, empezó a organizar visitas en terreno, llevando a líderes locales, jóvenes y representantes de asociaciones de mujeres para que vieran de primera mano cómo la gente estaba creando empresas y ganando más dinero en otros lugares. De esta manera, a su regreso, la aldea apoyó a dos o tres familias en sus propios proyectos de emprendimiento. Una vez que estas primeras personas pudieron ver cómo sus vidas empezaron a mejorar de forma tangible, Gulimila los invitó a compartir sus experiencias con el resto de la comunidad. En ese instante, se dio cuenta de que la historia de éxito de un vecino tenía mucho más peso que cualquier discurso oficial.
El trabajo de Gulimila continúa, guiado por una filosofía tan sencilla como firme: mejorar el entorno, consolidar las industrias locales y garantizar que el sustento de sus vecinos esté asegurado.














