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spanish.china.org.cn | 15. 05. 2026 | Editor:Eva Yu [A A A]

China y Estados Unidos envían una señal de diálogo honesto a un mundo en transformación

Palabras clave: Xi, Trump, China, EEUU
Spanish.china.org.cn | 15. 05. 2026

Foto: Xinhua


Por Jorge Fernández


China y Estados Unidos constituyen polos de donde se emanan fuerzas para generar estabilidad en las relaciones internacionales.


El mundo ha dado testimonio de una reunión histórica entre dos potencias con capacidad plena de orientar el rumbo de la humanidad. La visita del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a China envía una señal positiva en un mundo convulso de cambios repentinos en donde la paz peligra. El presidente de China, Xi Jinping, preside este diálogo entre grandes países, con la declarada certeza de que estos dos titanes cuentan con la sabiduría para impedir que sus diferencias se salgan de control y, contrario a todo desenlace catastrofista, generar estabilidad en las relaciones internacionales. Hoy, con esta reunión bilateral, estamos en la antesala de la construcción de un nuevo orden internacional.

Los líderes de estos dos Estados coinciden en que la relación bilateral cuenta con elementos para estar entre las más importantes del mundo. Ello trae consigo un código de comportamiento en un mundo compartido. Huelga decir que las decisiones que emanen de cada uno de ellos tienen impactos en la contraparte. Cada uno de ellos comprende que sus acciones desencadenan fuerzas que bien orientadas y gestionadas conducirán a un mundo con estabilidad global. Por el contrario, un error de cálculo que se genere por una mala comunicación puede generar tensiones que acaben con la paz. La reunión entre Xi Jinping y Donald Trump es un acontecimiento de dimensiones intercontinentales con alcance histórico y de gran significado para definir el sistema bajo el cual funcionan las relaciones internacionales.

China ha trabajado desde distintos ángulos tanto con Estados Unidos como con sus principales socios para generar orden y estabilidad en el mundo. No es fortuito que Xi Jinping haya caminado junto con Donald Trump por el Templo del Cielo, un parque legendario de historia imperial en la capital china. En la tradición china, el Templo encierra valores como la armonía, la prosperidad y legitimidad en toda acción terrenal. El cielo asiente ante aquellos que albergan el compromiso de avanzar alejados del caos, el desorden y la confrontación. En el Templo del Cielo, el mandatario chino tomó a la cultura y a la historia como un código diplomático para hacerle ver a su homólogo que, entre grandes potencias, el cielo es testigo de su disposición de trabajar armoniosamente en aras de la prosperidad común.

La trampa de Tucídides ha generado cuestionamientos entre expertos en todos los rincones del mundo desde que el mundo dio testimonio al acelerado desarrollo chino. Xi Jinping ha reiterado en diferentes ocasiones, incluida esta reunión, la importancia de aprender de lecciones pasadas y entender a cabalidad la importancia sistémica de la relación chino-estadounidense. Bajo un marco de respeto mutuo y con la firme convicción de que dos de las potencias más importantes del planeta pueden coexistir en paz y armonía, los resultados evidentes, tanto para sí mismos como para otros Estados, será la ganancia compartida, el desarrollo y, por encima de todo esto, un entorno de estabilidad alejado de las hostilidades, la falta de confianza y la confrontación.

En la prensa internacional y en el ciberespacio se han hecho virales los elogios que el presidente Donald Trump ha extendido a China y al presidente Xi Jinping. El reiterado honor que el mandatario estadounidense alberga por el tratamiento que se le ha dado en China revela la disposición a sentarse a trabajar por el bien de todos. El presidente Xi Jinping lo ha llamado “estabilidad estratégica constructiva”, que parte de todas esas plataformas que China y Estados Unidos han construido con el paso de los años y que permiten sostener una cooperación sólida, constante y positiva para ambas partes. Con la construcción de herramientas y nuevas plataformas, se tienden nuevos caminos en donde las diferencias pueden ser manejadas apropiadamente garantizando tanto el beneficio compartido como la paz entre las partes.

“He acordado con el presidente Trump sobre una nueva visión para la construcción de una relación chino-estadounidense de estabilidad estratégica”, declaró el mandatario chino en las conversaciones que mantuvo con su homólogo estadounidense. “Esto ofrecerá una guía estratégica para las relaciones chino-estadounidenses en los próximos tres años y más, y será bien acogida por los pueblos de ambos países y por la comunidad internacional”. Xi Jinping ha aprovechado cada minuto de esta visita para hacerle ver a su contraparte estadounidense el respeto y la deferencia que le confiere, al tiempo que espera de este la correspondencia necesaria para construir una relación bilateral con estabilidad, cooperación y un espíritu competitivo limitado por la sabiduría para limar asperezas y gestionar adecuadamente todo tipo de diferencias.

China y Estados Unidos constituyen polos de donde se emanan fuerzas para generar estabilidad en las relaciones internacionales. El papel de cada uno de ellos es crucial en la forma en la que funciona la maquinaria mundial. Ignorarse mutuamente o trabajar de forma independiente genera incertidumbre en un mundo en donde hay variables incontrolables. Redunda en el bien de todos, consecuentemente, la construcción de lazos donde la comunicación fluya correcta y rápidamente, sin ruido de ninguna naturaleza, en donde acciones y decisiones no impacten negativamente entre sí ni entre terceras partes. Cuando ambos países actúan de forma compartida y responsable, están construyendo bases para una gobernanza mundial democrática y sin perjuicio a ninguno de los miembros de esta orquesta mundial.

El mundo experimenta un proceso de cambio en el cual el orden internacional y la forma en la que se dan las relaciones internacionales está cambiando. Tanto China como Estados Unidos entienden bien este fenómeno y, por ello, buscan la forma de abordarlo. China apuesta por la multipolaridad y por la construcción de un sistema democrático en donde la voz de grandes y pequeños se escuche por igual. Para ello, el gigante asiático requiere de Estados Unidos para construir mecanismos de coordinación en donde, de forma obligada, se garantice la seguridad de cada uno de ellos al tiempo que se garantiza una estabilidad estratégica global. La reunión que hoy tiene lugar en China no solo reitera la voluntad de China sino extiende señales positivas al mundo: Estados Unidos está buscando un diálogo con China para que la cooperación y la gestión de diferencias definan un orden internacional equilibrado.


El autor es doctor en historia, experto en relaciones internacionales y asuntos contemporáneos de China, con amplia trayectoria como periodista y analista político.