| spanish.china.org.cn | 13. 05. 2026 | Editor:Teresa Zheng | ![]() |
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¿Por qué Estados Unidos y China deben trabajar juntos?
Por Chen Zheng
El sistema internacional atraviesa un período de intensa agitación. La relativa estabilidad tras la Guerra Fría —gracias a instituciones multilaterales, mercados abiertos y moderación de las grandes potencias— se desmorona bajo el peso de las tensiones geopolíticas, la mayor competencia económica y el auge del unilateralismo.
Desde Ucrania hasta el Medio Oriente, las crisis aparecen a la velocidad de la luz y golpean con más fuerza, mientras que las instituciones existentes luchan por mantener el ritmo. Al mismo tiempo, afloran los desafíos a largo plazo, como el cambio climático, la inseguridad energética y los riesgos de salud pública.
En un mundo así, la trayectoria de las relaciones entre China y Estados Unidos es una variable esencial para la estabilidad mundial. Como grandes naciones, tienen la responsabilidad especial de manejar sus lazos de manera que sigan aportando a la estabilidad en el mundo.
Base estratégica para la seguridad
En el nivel más básico, la estabilidad depende de la ausencia de conflictos catastróficos entre las grandes potencias. La historia demuestra que cuando su rivalidad aumenta sin control, las consecuencias son trágicas. A pesar de los roces, China y Estados Unidos siguen hoy en día en paz. Eso en sí mismo es una base fundamental para la seguridad mundial.
En otro nivel, un vínculo estable funciona como una especie de seguro sistémico para el mundo ya que ayuda a contener enfrentamientos en otras regiones, reduciendo el riesgo de convertirse en una guerra mundial y manteniendo viables las soluciones diplomáticas.
Estabilidad económica en un mundo fragmentado
En la actualidad, las repercusiones económicas de la inestabilidad geopolítica son cada vez más visibles. Los choques en Medio Oriente han incrementado los precios del petróleo, lo que se suma a las presiones inflacionarias en muchos países. Las perturbaciones en las actividades económicas —ya sean por la guerra, las sanciones o la desconexión estratégica— han complicado aún más las perspectivas de desarrollo para las naciones desarrolladas y en desarrollo.
Estos impactos son desiguales, pero de consideración. La subida de los costos de la energía afecta los presupuestos familiares, eleva los gastos de producción y golpea con dureza a las economías vulnerables. La agricultura enfrenta retos aún más graves: la producción de fertilizantes, que consume mucha energía, es más costosa o se ve limitada, lo que amenaza los ciclos de siembra y crea una mayor inseguridad alimentaria.
En este contexto, China y Estados Unidos —el mayor fabricante del mundo y su mayor mercado de consumo— comparten el interés de estabilizar la economía. Incluso cuando sus políticas no están totalmente alineadas, evitar medidas disruptivas puede moderar la volatilidad. La estabilidad, en otras palabras, no es solo una preocupación de seguridad, sino una necesidad económica.
Competencia constructiva
Más allá de la seguridad y la economía, el futuro de la estabilidad mundial también depende de cómo estas dos grandes naciones —con diferentes sistemas políticos y culturas—manejen su competencia. La suposición de suma cero —la ganancia de uno es la pérdida del otro— ha demostrado ser simplista en la historia de la humanidad. La mayoría de las veces, el progreso no llegó al eliminar a un adversario, sino a través de una dinámica de mutuo beneficio en la que distintas partes coexisten, compiten y aprenden unas de otras, generando adaptación e innovación mutuas.
Esta es la lógica de la competencia constructiva. Comienza con un simple reconocimiento: la competencia puede ser buena para todos los involucrados. Con los principios y reglas adecuados, entre los que destacan el respeto y el beneficio mutuo, puede fomentar la eficiencia, la innovación y la capacidad de respuesta. Como tal, no debería derivar en hostilidad o exclusión.
Hacia un consenso por la estabilidad
El argumento a favor de una relación estable entre China y Estados Unidos no parte del idealismo, sino de un cálculo sobrio de los intereses compartidos. Se sustenta en una premisa limitada, pero urgente: en una era de crisis superpuestas, la estabilidad en sí misma es un bien común.
Esto exige un consenso mínimo. Ambas partes deben reconocer que los costos de una competencia desestabilizadora, como la fragmentación económica, el bloqueo tecnológico y el riesgo de conflictos, son en última instancia insostenibles. En términos prácticos, esto significa mantener un diálogo respetuoso, adherirse al derecho internacional y preservar las áreas de cooperación funcional incluso en medio de una mayor competencia.
El mundo no puede esperar
El mundo actual no solo observa las relaciones bilaterales; las mismas lo están moldeando. Desde las zonas de guerra hasta los puertos comerciales, desde las cadenas de suministro hasta la estabilidad financiera, los efectos son globales.
El aumento de la inflación, las interrupciones en la logística y las crecientes presiones sociales son realidades que viven millones de personas. Las pequeñas empresas que quiebran debido a los onerosos costos, los agricultores que luchan contra la escasez de fertilizantes y los hogares que sufren mayores gastos de subsistencia: todo ello refleja un sistema bajo una gran presión. En este mundo, la estabilidad ya no es un objetivo secundario; es la condición sine qua non para el desarrollo.
La humanidad rara vez se ha visto en tal convergencia de retos. Y rara vez ha dependido tan directamente de las decisiones de dos países. China y Estados Unidos, a pesar de sus divergencias, comparten una responsabilidad vital: brindar estabilidad a un mundo que la necesita con urgencia.
La autora es profesora en la Academia de Estudios de Países y Regiones de la Universidad de Estudios Extranjeros de Beijing. Fue becaria Rajawali en la Escuela Kennedy de Harvard entre 2011 y 2012 y asistente del presidente de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Su interés de investigación se centra en las relaciones entre China y Estados Unidos y la diplomacia estadounidense.














