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spanish.china.org.cn | 15. 04. 2026 | Editor:Teresa Zheng [A A A]

España y China trazan una senda hacia la estabilidad mundial

Palabras clave: China, España
Spanish.china.org.cn | 15. 04. 2026

Por Xulio Ríos


El jefe del Gobierno español, Pedro Sánchez, es, sin duda, uno de los líderes europeos que mejor ha comprendido —y, en cierta medida, anticipado— los cambios que se están produciendo en la política mundial.

En un contexto internacional marcado por una mayor fragmentación del poder, el resurgimiento de la competencia entre grandes potencias y la erosión del consenso multilateral, resulta difícil imaginarlo alineándose con quienes que, desde posiciones de subordinación política o estratégica, optaron por apoyar sin tapujos los planteamientos de otros. Por el contrario, la trayectoria reciente del Gobierno español se ha definido por una búsqueda sostenida de coherencia, incluso en escenarios influenciados por fuertes presiones externas.

Esta actitud, lejos de ser una mera retórica, ha consolidado gradualmente una postura reconocible que ha ido ganando respeto e influencia en diversos foros internacionales.

Es en este marco donde debe entenderse su cuarta visita a China en 4 años. Más que un giro o una corrección en la política exterior española, este viaje constituye la continuación lógica de una línea de acción que responde a una lectura coherente de la realidad internacional.

Esta lectura, además, se arraiga en una tradición diplomática europea que, al menos en su formulación clásica, ha priorizado el equilibrio, el diálogo y la búsqueda de soluciones negociadas frente a la confrontación directa. Así, el vínculo con China no se concibe como una anomalía o una excepción, sino como una expresión concreta de esa vocación.

En las actuales crisis —desde Ucrania hasta Gaza, pasando por Oriente Medio— España ha girado en torno a principios bien definidos: la defensa de la soberanía, la integridad territorial y la paz como ejes normativos de la acción internacional.

Sobre esta base, comienza a tomar forma una idea de mayor alcance: la posibilidad de que España, en determinadas circunstancias, pueda contribuir más eficazmente a la estabilidad global a través de marcos flexibles de cooperación —incluido su lazo con China— que dentro de una Unión Europea que, en los últimos tiempos, parece haber reducido su margen de maniobra diplomática en favor de posturas más rígidas.

El compromiso de Sánchez con la cooperación activa con China obedece a esta lógica. No se trata simplemente de fortalecer los lazos bilaterales en términos económicos o comerciales, sino más bien de articular una colaboración orientada a la estabilidad sistémica a partir de principios compartidos, como el multilateralismo, la defensa del derecho internacional y la necesidad de enfrentar juntos desafíos globales de carácter estructural, entre los que destaca el cambio climático.

En este sentido, la relación bilateral actúa como un espacio de experimentación y consolidación de prácticas que podrían proyectarse a escalas más amplias.

Paralelamente, la política exterior española ha tenido que desenvolverse en un entorno europeo cada vez más condicionado por las dinámicas transatlánticas. Las presiones de Estados Unidos —ya sea en forma de exigencias para restringir la presencia de la tecnología china o de requisitos en gasto de defensa— han encontrado una respuesta matizada en Madrid, que ha tratado de equilibrar los compromisos aliados con un cierto margen de autonomía.

Pero esta tarea se ha visto dificultada por un giro en el contexto europeo a posturas más inclinadas hacia la rivalidad estratégica con China, concebida en términos casi existenciales.

Ante esta tendencia, España ha ido configurando una noción que, sin romper con sus alianzas tradicionales, opta por un mayor ejercicio de la autonomía estratégica.

Este enfoque se ha traducido en ocasiones en claros desacuerdos con ideas percibidas como incompatibles con los principios que inspiran la acción exterior española y europea. Lejos de interpretarse como una desviación, puede entenderse como una reafirmación de los valores fundacionales de la UE, centrados en la cooperación, la apertura y la primacía del derecho.

Es precisamente esta reivindicación de los ideales europeos lo que marca la distancia con respecto a ciertas narrativas de choque. España posee una visión que privilegia el diálogo frente a la lógica de bloques y entiende la interdependencia no como una vulnerabilidad, sino como una oportunidad para la gestión compartida de los retos mundiales.

En tal panorama, hacer valer la propia voz no implica una ruptura con el vínculo transatlántico, sino más bien la fijación de sus límites y la defensa de decisión autónoma.

Esta interpretación cobra especial relevancia hoy en día, caracterizada como un punto de inflexión histórico.

La reconfiguración del orden internacional afecta no solo a la distribución del poder, sino también a las normas, instituciones y prácticas que han regido las relaciones entre los Estados en las últimas décadas. En esa línea, los lazos bilaterales, lejos de perder peso, son espacios clave para establecer nuevas formas de cooperación y gobernanza.

El nexo entre el Gobierno de Sánchez y China forma parte de esta dinámica, que combina la continuidad y el aumento de los contactos.

La asociación estratégica integral entre ambos países no solo responde a intereses compartidos, sino que también sirve para recordar la misión original de la UE como actor global comprometido con la estabilidad y el entendimiento.

En última instancia, la visita de Sánchez a China eleva el perfil político de España en la escena internacional. Refuerza la idea de una política exterior que, sin renunciar a sus alianzas de larga data, apuesta por una mayor autonomía estratégica y por la diversificación de sus relaciones.

En este marco, la presencia de China en la política europea no se percibe como una amenaza, sino como un elemento necesario para construir un orden internacional más equilibrado, en el que Europa pueda cumplir un rol acorde con su historia, valores e intereses.


El autor es fundador y asesor emérito del Observatorio de Política China.