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spanish.china.org.cn | 07. 04. 2026 | Editor:Teresa Zheng [A A A]

Japón transita por una peligrosa senda hacia la militarización

Palabras clave: Japón, militarización
Spanish.china.org.cn | 07. 04. 2026

En otro importante giro político en línea con el rearme nacional, Tokio planea revisar las directrices de «3 principios sobre la transferencia de equipo y tecnología de defensa» este mes para relajar aún más la restricción a la exportación de armas, informó Kyodo News el viernes. Esto incluye permitir la compra del exterior de armas letales, una medida que revoca décadas de prohibiciones de la posguerra.

El hecho ocurrió apenas unos días después del despliegue por primera vez de misiles de largo alcance capaces de alcanzar objetivos en territorios vecinos en 2 de sus bases militares.

Mientras tanto, el Gobierno de Sanae Takaichi llevo a cabo una reorganización radical de las Fuerzas de Autodefensa del país, que incluye la denominada «mayor reorganización de la historia» de la Fuerza de Autodefensa Marítima, junto con una expansión de las tareas cognitivas y del Grupo de Operaciones Espaciales, con un claro carácter «ofensivo».

Todo esto, junto con el continuo impulso de Japón para aumentar su presupuesto militar y promover tecnologías de doble uso, es motivo de gran preocupación. Estas acciones provocadoras no solo suponen una clara desviación de su compromiso con el pacifismo de la posguerra y su doctrina de «defensa exclusiva», sino que también representan un desafío directo al orden internacional de la posguerra. Las personas amantes de la paz en el mundo deben permanecer alertas para que este retorno al militarismo no vuelva a desangrar Asia y más allá.

El momento en que se producen estas medidas no es una coincidencia. Las fuerzas de derecha de Japón llevan mucho tiempo tratando de reescribir la historia y revivir ambiciones militaristas del pasado. Al exagerar las amenazas a la seguridad, pretenden justificar el refuerzo de las fuerzas armadas y su mayor rol. Esto no solo viola el espíritu de la Constitución japonesa, que renuncia a la guerra, sino que también ignora las lecciones de la historia. Las cicatrices de su agresión en Asia-Pacífico siguen frescas, pero Tokio parece decidido a fingir que no existen.

El pacifismo de la posguerra está consagrado en la Constitución japonesa, particularmente en el Artículo 9, que renuncia a la guerra y prohíbe mantener fuerzas armadas con potencial bélico. Este voto constitucional con la paz es una respuesta a la devastación causada por su ofensiva imperialista y el reflejo de un consenso internacional más amplio destinado a prevenir el sufrimiento futuro. Sin embargo, las recientes acciones del Gobierno de Takaichi sugieren una traición a este artículo, al permitir un papel militar más expansivo y agresivo so pretexto de «autodefensa».

Este cambio forma parte de una ofensiva mayor de las fuerzas de derecha, que sostienen que el país debe adoptar una postura más asertiva en los asuntos regionales. La lógica de base es totalmente errónea y depende de la construcción deliberada de «amenazas externas». Cuando estos esfuerzos fracasan, recurren a explotar incluso la cuestión de Taiwán, un asunto interno de China. Además, buscan persuadir al pueblo japonés de que la «seguridad» nacional depende de la expansión militar, animándolo a pasar por alto las graves consecuencias de un rumbo similar en el pasado.

Las fuerzas de derecha han estado cultivando una forma de nihilismo histórico durante décadas, alimentando la nostalgia por las «glorias» del Imperio de Japón. La «veneración» de criminales de guerra condenados en el Santuario de Yasukuni, junto con el encubrimiento de la responsabilidad del país durante el conflicto y la amplificación de su «condición de víctima» en los libros de historia, dice mucho de la profundidad de sus intentos.

Este discurso militarista prospera al enmarcar el mundo en binarios marcados que encajan con el núcleo de la cultura japonesa —amenaza y seguridad, vergüenza y honor, el otro y el yo— mientras presenta a Estados Unidos como un garante indispensable de la «seguridad». Sin embargo, esta alineación tiene menos que ver con la verdadera seguridad que con aprovechar los intereses geopolíticos de Washington para llevar adelante una agenda interna de la derecha. Con el velo de la «alianza», podría permitir el resurgimiento de un militarismo contrario a la aspiración regional de paz y desarrollo compartido.

La comunidad internacional debe prestar atención a las lecciones del pasado que demuestran que un Japón militarizado es una receta para el desastre.