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spanish.china.org.cn | 03. 04. 2026 | Editor:Teresa Zheng [A A A]

Una tradición culinaria de Qingming envuelta en nostalgia

Palabras clave: Qingming, qingtuan
Spanish.china.org.cn | 03. 04. 2026

Con las primeras notas de primavera, Ye Liqin, una emprendedora de 38 años y cofundadora de una casa de huéspedes en el distrito de Songyang, provincia de Zhejiang, comienza su ritual anual. En las montañas envueltas en niebla de su ciudad natal, amasa hierbas silvestres recién recolectadas con un preparado de arroz glutinoso para los tradicionales pasteles de Qingming (Qingming guo), un regalo estacional muy apreciado y un recuerdo especial para sus clientes.

Tanto los pasteles de Qingming como sus primos más redondos, los qingtuan, son clásicos de la Fiesta de Qingming —una festividad tradicional y uno de los 24 términos solares de China, que marca el apogeo de la primavera y este año cae en domingo—. Teñidos del verde natural de las hierbas primaverales, son más que comida: son símbolos de renovación. Estos manjares preservan la efímera belleza de la estación.

De antiguas ofrendas ceremoniales, estos pasteles siguen siendo una parte esencial de la cultura gastronómica de la región. Para Ye, quien regresó a su ciudad natal en 2014 para iniciar su negocio, representan un vínculo nostálgico con su infancia.

Como una niña sin juguetes, ayudar a su abuela a preparar estos bocadillos nunca fue una tarea pesada, sino una actividad alegre que la unía a su generación precedente, comentó.

«Nuestros pasteles caseros de Qingming mantienen las raíces y las fibras de las plantas, y engloban la verdadera esencia de la primavera», dijo. «Contienen la fragancia de la tierra misma».

Ye recordó cómo las hierbas silvestres, cosechadas en el momento justo, añaden un sabor distintivo y natural que carecen las versiones producidas a gran escala distribuidas en la ciudad.

Mientras que el campo se aferra a sus tradiciones rústicas, el mundo de la gastronomía de lujo también considera el pastel de Qingming un delicado lienzo de expresión culinaria. En el restaurante Yangzhouyan de Beijing, el chef principal Luo Chenglin, de 31 años, aporta su propio arte a los qingtuan, la versión más dulce de estas bolitas verdes, combinando las refinadas técnicas culinarias de Huaiyang con los ingredientes más frescos de la temporada.

Además de la típica pasta de frijol rojo, la apuesta de Luo incluye un relleno salado único de luhao (Artemisia selengensis) cortado en cubitos y tofu seco. Suaves por fuera y crujientes por dentro, su versión es la armonía perfecta de las delicadas texturas primaverales.

Hoy en día, el mercado de los qingtuan es un campo de batalla en innovación culinaria. Para captar la atención de los consumidores más jóvenes, las empresas prueban rellenos poco convencionales, desde yema de huevo salada y carne de cerdo deshilachada, hasta carne de res con trufa negra, taro e incluso té de burbujas y durian. Sin embargo, en su experiencia, Luo ha notado una tendencia recurrente en los paladares: un regreso a los orígenes.

A pesar de la novedad constante, Luo observó que los comensales de todas las edades vuelven a la tradicional pasta de frijol rojo. «Lo que la gente anhela, sin importar cómo cambie el mundo, es ese sabor familiar que los conecta con el hogar», dijo. «Es un regreso a lo simple».

Ya sea que se elaboren en una posada rural o en una cocina profesional, las bolitas verdes son un receptáculo de recuerdos. Para Luo, el sabor más preciado sigue siendo el que hacía su abuela con artemisa silvestre.

Eran más duras que las versiones delicadas actuales, y la pasta de frijol era ligeramente granulosa, pero el cariño en su preparación las hacía irremplazables. «Ese es el tipo de dulzura que se queda contigo», resaltó.

Para Ye, la costumbre de su familia de conservar los pasteles tiene un significado igualmente profundo. En los días previos a la refrigeración, su abuela daba forma de anillos a la masa, los secaba al sol y los colgaba bajo los aleros. Cuando los niños volvían a casa —sin importar la estación—, ella los rehidrataba y los freía en la sartén.

«Los pasteles no eran solo alimento; eran una forma que tenía mi abuela de guardarnos un pedacito de primavera, incluso cuando estábamos lejos», recordó Ye con cariño.

Con la llegada de la Fiesta de Qingming, este sencillo manjar lleva consigo el peso de generaciones. Te recuerda silenciosamente tomar la vida con calma, saborear la belleza fugaz de la estación y honrar las manos que han mantenido vivo el patrimonio cultural.