| spanish.china.org.cn | 01. 04. 2026 | Editor:Filo Fu | ![]() |
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Puños cubanos en China
Son las 12 de la mañana de un día viernes. No es la hora punta, pero el gimnasio situado en el segundo piso del SOHO Galaxy, en el distrito de Chaoyang de la ciudad de Beijing, bulle de vida. Al fondo, junto a un ring de boxeo, frente a una cristalera que muestra los altos edificios del barrio y una pared de espejos, un grupo de personas hace sombra mientras observa su reflejo, midiendo sus errores. El techo está atravesado por barras de donde cuelgan centenares de guantes de boxeo y de artes marciales de todos los colores. Bajo ese arcoíris de cuero y goma, los pies de Gamboa se mueven ligeros, bien sujetos en dos botas azules de boxeo, que transportan su gigantesca figura entre los alumnos, la mayoría mujeres, para practicar con cada uno ejercicios de golpes y esquivas. Encorvado, con los hombros hacia delante para mantener la guardia, practica junto a los alumnos, como una montaña en movimiento. Lleva una gorra negra vuelta hacia atrás sobre su cabeza y una cadena de oro que asoma por el cuello de su camiseta.
13 de marzo de 2026. Una alumna se prepara para lanzar un gancho a los guantes de Gamboa en el gimnasio SOHO Galaxy del distrito de Chaoyang, Beijing. Álvaro Lorite López
Tras una hora de clase, todos, incluido el propio Gamboa, acaban sudando. El profesor no ha parado ni un minuto. Explica los ejercicios, predica con el ejemplo, y repite las veces que haga falta, hablando a caballo entre el inglés y el chino mandarín, pero también, cuando debe ponerlos en práctica, dedica tiempo y atención a cada uno de sus alumnos. Incluso cuando estos están realizando repeticiones de combinaciones frente al saco, Gamboa no para. Su voz ruge y se eleva por encima del reguetón que suena. “Jiayou, jiayou, jiayou”. Los gritos de ánimo en chino parecieran dialogar con la letra que canta el artista de Puerto Rico, Daddy Yankee: “dale más gasolina”. Quizá no haya mejor traducción posible en castellano para ese “jiayou”. En el boxeo, la voz es una herramienta también a utilizar, en este caso para infundir ánimos y fuerzas a los extenuados alumnos porque “el boxeo, además de cuerpo, también es psicología”.
Leosdany Luis Gamboa es oriundo de Las Tunas, Cuba, “una ciudad muy bonita. No es la capital de la isla pero es una ciudad antigua que cuenta también con mucha vegetación y playas”, relata este boxeador cubano de categoría semipesado a China Hoy después de invitarnos a ver una de sus clases. El rostro serio y afilado que mantiene durante el entrenamiento desaparece y se dibuja una sonrisa cálida, la cual solo se escapa una que otra vez durante la clase al ver a algún alumno desfallecido, que se deja caer sobre la lona a descansar al haber llegado a su límite. Quizá la sonrisa asoma porque sabe que está haciendo bien su trabajo: llevar a sus alumnos al límite sin perjudicar su salud. “Cuando llegué, tuve que adaptarme al nivel de las clases. Al principio exigía demasiado y rápido, pero me di cuenta de que no podíamos entrenar aquí como hacía en Cuba”, explica haciendo referencia a su pasado como boxeador deportivo. Ahora lleva más de dos años trabajando como entrenador de boxeo en la capital china. Sus alumnos afirman que están muy contentos con sus clases, mientras se recuperan y se secan el sudor en el gimnasio.
La escuela de boxeo cubana
“Comencé la práctica del boxeo cuando tenía diez años en la escuela. Eso es como cuando uno nace, no se puede olvidar”, declara Gamboa. El cubano comenzó en la Escuela de Iniciación Deportiva Escolar Carlos Leyva González, donde se encuentran las raíces del boxeo en Cuba, hasta que llegó al Equipo Nacional Juvenil de Boxeo de Cuba. “En Cuba el boxeo se articula en torno a la educación pública. Se hacen pruebas de talento y aptitud que permiten a los entrenadores ver el potencial que tú tienes como atleta, tus condiciones físicas, tu salud…”, narra el boxeador.
El boxeo es el deporte que más medallas olímpicas ha granjeado a la isla: 41 oros, 19 platas y 19 bronces. La primera escuela documentada la fundó un marinero chileno en La Habana, John Budinich, en 1910. En aquella época inicial los combates se disputaban en lugares improvisados. Un ejemplo conocido era el patio trasero del periódico La Lucha, cuyo dueño, el español Antonio San Miguel Segalá pagaba a niños con periódicos que luego podían vender para que peleasen. Otros empresarios comenzaron a seguir su ejemplo y así nació la Unión Atlética Amateur de Cuba. De aquella cantera de jóvenes vendedores de periódicos saldrían algunos de los primeros nombres que empezaron a hacer sonar el nombre de la isla en los torneos pugilísticos del mundo del boxeo profesional.
La segunda etapa importante del boxeo, la cual dio origen a la llamada “escuela cubana”, empezó en 1962, cuando, tras la Revolución, quedó prohibido el boxeo profesional, aquel organizado por empresas privadas para dar espectáculo. En cambio, comenzaron a desarrollarse escuelas públicas de boxeo y todo un sistema de monitoreo y estudio científico de los entrenamientos para optimizarlos. Fruto de esta sistematización pública nació la célebre “escuela cubana”.
“Yo tuve una carrera de boxeo en Cuba, aunque no llegué a nivel mundial ni olímpico porque en Cuba es muy difícil destacar por el propio nivel que tiene el boxeo cubano”, relata Gamboa, quien no solo se ha dedicado al noble arte de batirse sobre la lona, sino que también ha trabajado como agricultor junto a su familia. “También me gusta. Mi papá trabaja la tierra, tiene una finca y ahí trabajamos toda la familia. Cuando no estaba boxeando ni estudiando venía a mi casa y ayudaba a mis padres con las labores. Es importante porque te fortalece brazos y piernas, pero también te prepara para la vida. Además uno no rinde toda una vida como atleta, siempre hay que aprender a hacer otras cosas”, añade.
Viaje a China
Los dos recuerdos que despertaron el interés de Gamboa por China fueron los Juegos Olímpicos 2008 en Beijing y las películas de Bruce Lee. “El cine cubano proyectaba muchas películas de artes marciales, que siempre lo motivan a uno. De niño siempre uno tiene un ídolo, el mío era Bruce Lee. Eso motivaba que después de ver una película, fuéramos al gimnasio. Aunque mi juego de pies era nulo, me esforzaba en que mis golpes tuvieran la misma velocidad y la misma potencia”, recuerda.
Tras graduarse de la facultad de cultura física de la Universidad de Las Tunas, Gamboa fijó su mirada en otros horizontes. Encontró, a través de unos amigos cubanos, la oportunidad de acudir a Beijing a trabajar como entrenador de boxeo entre los rascacielos de Chaoyang.
“Llegué sin saber nada de chino y con poquito inglés, pero desde el principio me puse a estudiar el idioma y siempre trato de dar lo mejor de mí en cada clase. Los estudiantes también me enseñan mucho”, cuenta con una sonrisa desde la mesa de una cafetería junto al gimnasio.
Un tópico de los extranjeros que viajan por primera vez a China es reconocer que se trata de un lugar muy seguro, donde la violencia brilla por su ausencia en las calles, ya sea de día o de noche. ¿Qué buscan los alumnos chinos en las clases de boxeo? “Para el que lo entrena como un pasatiempo, como algo bonito que quiere hacer, el boxeo es un arte, pero también es bueno para la salud, es bueno para tu mente y para tu físico”, reconoce Gamboa.
El boxeo es un arte, pero también es bueno para la salud, es bueno para tu mente y para tu físico.














