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spanish.china.org.cn | 01. 04. 2026 | Editor:Filo Fu [A A A]

Un viaje de palabras entre culturas

Palabras clave: China, Cultura
China Hoy | 01. 04. 2026

En 2015, la editorial china Nuevo Mundo publicó, distribuidas en tres tomos, las versiones al español de 14 narraciones de autores contemporáneos chinos, bajo el título de Literatura contemporánea. La obra constituye una compilación del antologador He Jianming, cuya esmerada labor ofrece al mundo hispanohablante un panorama diverso de la literatura reciente escrita en China. 

Cuatro años después, la editorial Arte y Literatura, de Cuba, obtenía licencia para publicar la mencionada antología, esta vez en un solo tomo, con el título de Cuentos chinos contemporáneos. Isidro Estrada, traductor cubano, estuvo parcialmente a cargo de las versiones en su idioma natal, junto a la esencial presencia de su esposa china, Guo Lingxia, y con el aporte de su excolega de esta misma nacionalidad, Wu Kai. 

De los orígenes del proyecto y de la subsiguiente y positiva repercusión de la obra entre la crítica y público en Cuba nos cuenta Isidro Estrada en exclusiva para China Hoy. Así resume Estrada, o Laoyi, como cariñosamente se le conoce en suelo chino, un proyecto que se enraizó en su devenir profesional, pero también personal. Porque cuando uno ama y agradece tanto a esa gran nación llamada China, cada granito de arena aportado para que su milenaria cultura trascienda fronteras, es pura sensación del deber cumplido. 

La portada de la edición china de una compilación literaria contemporánea. 

China Hoy (CH): ¿Cómo entraste en contacto con los textos de los autores chinos y qué participación tuviste en la edición cubana? 

Isidro Estrada (IE): Fue algo circunstancial, que hoy veo como un regalo –a la vez que desafío– caído del cielo. En 2013, Nuevo Mundo andaba a la búsqueda de traductores al español para la antología literaria de He Jianming. A esos efectos, los editores contactaron a varios profesionales locales de la editorial Ediciones en Lenguas Extranjeras del Grupo de Comunicaciones Internacionales de China. Al final, solo confirmaron su participación la traductora y editora Wu Kai y mi esposa, Guo Lingxia, que por entonces también trabajaba en la revista. 

Wu Kai aportó la versión de El sombrero de copa de Irina, una divertida historia que transcurre en un vuelo entre China y Rusia –y cuya edición me resultó un placer mayúsculo-, tras lo cual Guo Lingxia y yo debíamos decidir si encarábamos los dos solos las restantes trece historias. “Si tú te animas, yo te sigo”, nos dijimos mutuamente. Y ahí está el libro, atestiguando nuestro atrevimiento. 

No tuve nada que ver con la decisión de que la antología se publicara en mi país. Fue pura coincidencia que la delegación del Instituto Cubano del Libro (ICL), que visitó China en 2014, negociara su salida en Cuba, donde se ajustaban los preparativos pertinentes en diciembre de 2019, justo cuando yo volvía a mi tierra natal y el mundo en pleno recién admitía que vivíamos atenazados por una pandemia: la COVID-19. 

Contagiado con el virus, ya en mi etapa de convalecencia, supe de la presentación virtual –debido al encierro a que obligaba la pandemia– de Cuentos chinos contemporáneos en La Habana. ¡Qué alegría en medio de tan fatal circunstancia! En cuanto me recuperé, me fui a la editorial Arte y Literatura, donde su directora de entonces, Iyaimi Palomares, quien me ofreció copias de cortesía y se interesó por más posibilidades de publicar textos creativos chinos. Desde entonces he estado siguiendo la trayectoria del libro. 

CH: ¿Cuál fue la mayor dificultad al traducir textos tan complejos y diversos en relativamente tan poco tiempo? 

IE: Para empezar, confieso que mi nivel de chino es bastante elemental, pero desde un inicio confié por completo en la capacidad de mi esposa Guo Lingxia para guiarme por los laberintos de su idioma natal, tocando el piano a cuatro manos y muchas veces de oído. Por otro lado, mantengo que para trasladar con fidelidad –pero también con un mínimo de gracia– textos literarios de un idioma a otro, se precisa de una especie de segunda piel. Ser uno capaz de desdoblarse en los personajes que traduce. Sentir el drama que viven. Creo que lo conseguimos. 

Muestra fehaciente de haber desarrollado esa capacidad fue que, mientras trabajábamos en la antología, mi esposa y yo participamos en el primer Concurso Internacional de Traducción de las Excelentes Obras Contemporáneas de China, en 2013, con nuestra versión de una historia de Chi Zijian, una de las escritoras incluidas en la referida antología. Desde el título mismo nos pusimos creativos. Al original en mandarín Qinqin tudou, o literalmente Beso, beso, patata o papa le adjudicamos Papas de mi corazón, que se me antojó un pelín cursi a primera vista, pero evocando las letras de ciertos boleros latinoamericanos, concluí que en todas partes cuecen habas. La sorpresa fue menuda cuando la presidenta del jurado al castellano, la sinóloga española Alicia Relinque, consideró nuestra traducción como la que mejor reflejaba el espíritu del original en español, lo que significó el otorgamiento del primer premio. Todavía tengo la piel de gallina. 

Siento que, tanto en la obra premiada en concurso como en las narraciones antologadas, sin proponérnoslo, logramos cumplir con los principios chinos de xin, da y ya para la traducción literaria, a saber: xin (fidelidad); da (fluidez o expresividad en el idioma de destino) y ya (elegancia), es decir, conseguir un texto destino que complazca estéticamente. 

Admito, sin embargo, que al abordar los dos solos tamaña obra, inicialmente concebida para siete profesionales, se nos escaparon deslices que, de hacerlo hoy, con más tiempo para la contemplación y el análisis, no cometeríamos. En resumen: fue una bella empresa, enaltecedora en cuanto al aporte sustancial al acercamiento entre dos culturas. Pero también fue un empeño desgastante en grado sumo, que nos robó horas de sueño y asueto, nos sumió en frecuentes y agrios desacuerdos, defendiendo cada cual su punto de vista cultural, hasta dar nuestro brazo a torcer sobre mutuas concesiones por bien de la obra común. 

 

Unos jóvenes cubanos leen el libro. Fotos cortesía del entrevistado 

CH: ¿Qué tal ha tratado la obra la crítica especializada cubana? 

IE: Habría que ver ante todo la reacción de los autores. Pero al menos yo, como traductor-editor, me siento más que satisfecho. 

El poeta, ensayista y crítico cubano Jesús David Curbelo ha encomiado en particular los relatos de Nido vacío (Tie Ning) y La oveja redimida (Tsering Norbu), “historias que gravitan entre la migración, la rencarnación y el budismo, respectivamente”. Para Curbelo se trata de una “antología muy equilibrada y completa, con una calidad extraordinaria”. Su veterano colega Fernando Rodríguez Sosa, por su parte, estima que la lectura de Cuentos chinos contemporáneos confirma una incuestionable verdad: que la literatura escrita en China es, lamentablemente, no muy conocida más allá de las fronteras de ese gran país asiático. 

Añade Rodríguez Sosa que estas narraciones permiten develar, junto a leyendas y tradiciones, las realidades, conflictos, angustias y esperanzas que marcan la vida cotidiana de los habitantes de una tierra que atesora más de cinco mil años de civilización. Más juicios al respecto introduce la crítica Madeleine Sautié, del Diario Granma (órgano del Comité Central del Partido Comunista de Cuba), considerando que estos cuentos son más verdad de lo que pudiera pensarse, al tratarse –sin que les falte la dosis ficcional de la literatura–de espejos de una sociedad sincronizada con los días que vivimos. “Se pasa bien leyéndolos, añade, toda vez que los mismos son portadores de ese requisito que exige la buena literatura, al transportar al lector al escenario descrito y presentar toda una estampa fabulosa y fabulada de China, que nos puede hacer pensar que todo allí es distinto”. 

Para colmo de felicidad personal, el actual director de Arte y Literatura, Osmani Herrera, percibe Cuentos chinos contemporáneos como una especie de abrebocas literario, que deberá abrir puertas a nuevas publicaciones de ficción china; obligado acceso a un mayor grado de conocimiento entre dos pueblos. 

En 2015, la traductora Guo Lingxia recordó en las páginas de China Hoy que en su niñez se preguntaba si los extranjeros disfrutarían de la literatura china con igual fruición a la que ella dedicaba a textos creativos de otras tierras. El interés cubano por estas narraciones hoy viene siendo una excelente respuesta positiva.