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spanish.china.org.cn | 01. 04. 2026 | Editor:Filo Fu [A A A]

Mirar el cielo en Guangdong

Palabras clave: China, Guangdong, Observatorio Astronómico
China Hoy | 01. 04. 2026

Allí donde el mar Meridional de China empuja vientos húmedos hacia una franja densamente poblada y altamente industrializada, mirar el cielo es un gesto lleno de significado. En Guangdong, una de las provincias más expuestas a tifones, lluvias torrenciales y fenómenos meteorológicos extremos, la observación del clima ha sido históricamente una cuestión de supervivencia. En el siglo XXI esa mirada se apoya en satélites de alta resolución, inteligencia artificial, drones y plataformas de datos que buscan anticiparse a posibles catástrofes climáticas. 

Con la llegada de los primeros satélites meteorológicos en los años 70 del siglo pasado, así como los radares y modelos de pronóstico por ordenador, la capacidad de predicción dio un salto cualitativo que permitió una reducción radical en la pérdida de vidas humanas. Testimonio de ello fueron las reacciones a los tifones Mujigae (2015), Hato (2017) y Mangkhut (2018). Gracias a los avisos precisos con entre 48 y 72 horas de antelación, se consiguieron minimizar las bajas en el sur de China. Mientras que en la primera mitad del siglo XX estos fenómenos atmosféricos podían acabar con la vida de cientos de personas, la evolución de los sistemas tecnológicos favoreció el éxito a la hora de salvar centenares de vidas. No obstante, la ferocidad de los tifones hizo imposible en los tres eventos mencionados reducir las bajas a cero y también provocó daños millonarios en infraestructuras. 

 

24 de noviembre de 2025. Estación Internacional de Xichong en el Observatorio Astronómico de Shenzhen. 

La provincia de Guangdong concentra más de 127 millones de habitantes y cuenta con grandes ciudades como Guangzhou y Shenzhen, siendo esta última uno de los centros tecnológicos clave de China. Su ubicación geográfica la convierte también en un laboratorio privilegiado para el desarrollo de nuevas tecnologías meteorológicas. Li Yipeng, científico de la Administración Meteorológica de China, explicó a China Hoy que “recientemente China ha puesto en marcha un sistema de predicción meteorológica inteligente mediante satélites que monitorea de manera continua, con una capacidad de resolución capaz de afinar a nivel de centímetros en las mediciones de lugares clave. Se trata de un sistema que engrana un gran número de instrumentos de distintas industrias, campos de estudio y lugares. La precisión de predicciones en 24 horas ha superado el 80 %. En el caso del seguimiento de tifones en 24 horas, el error se ha reducido a menos de 62 kilómetros, en la línea de los estándares internacionales”. Según Li, la predicción al 100 % es imposible, pero los últimos avances han sido notables. 

La relación entre diseño, prevención y clima no es nueva en Guangdong. Mucho antes de la existencia de radares o satélites, las comunidades locales ya habían desarrollado arquitecturas adaptadas a un entorno marcado por lluvias intensas, calor extremo y vientos violentos. Las casas tradicionales del sur de China, con patios interiores, techos inclinados, sistemas de drenaje elevados y muros gruesos, respondían a una comprensión empírica del clima acumulada durante siglos. Estas construcciones no solo favorecían la ventilación natural y el control de la humedad, sino que también reducían los daños provocados por inundaciones repentinas. 

Antes de los supercomputadores y los satélites, la defensa contra los caprichos del cielo se construía con piedra, madera y una profunda comprensión del entorno. En los antiguos poblados de la actual Gran Área de la Bahía de Guangdong-Hong Kong-Macao, la arquitectura tradicional era el primer muro de contención. Esta relación tensa con las fuerzas naturales encuentra un profundo eco en la filosofía tradicional china.“La humanidad sigue las leyes de la tierra. La tierra sigue las leyes del cielo. El cielo sigue las leyes del Dao. El Dao sigue su propia naturaleza espontánea (人法地,地法天,天法道,道法自然)”, reflexionaba el sabio taoísta Lao Zi (siglo VI-V a.C.) en el texto clásico Dao De Jing. Esta concepción de un orden cósmico interdependiente, donde la humanidad no domina sino que se integra en el flujo natural, ha permeado durante siglos la actitud cultural hacia fenómenos como los tifones. No se trataba de vencer al viento y la lluvia, sino de comprender sus patrones, respetar su poder y adaptar la vida en consonancia. Las arquitecturas tradicionales de las casas y los pueblos orientados para canalizar las ráfagas no solo eran ingeniería práctica, sino que también encarnaban la materialización de este principio de armonía y adaptación. 

“Los eventos relacionados con tifones suelen ocurrir en Guangdong, Fujian, Guangxi y Zhejiang. Pero otras provincias también se ven afectadas por otros fenómenos, como lluvias torrenciales y desbordamientos de ríos, que provocan inundaciones o grandes olas de frío en el norte,” explica Li Yipeng. 

 

25 de noviembre de 2025. Estación de Observación Meteorológica de Shenzhen. 

Coordinación y flujos de información 

“Cuando se detecta una posible situación de emergencia intervienen agencias clave como el Buró Meteorológico, el de Educación y el de Transporte de la ciudad de Shenzhen. Aún tenemos que seguir trabajando para mejorar la precisión en tiempo y espacio de nuestras predicciones”, manifestó Mei Lin, empleado del Observatorio Astronómico de Shenzhen en Xichong, una Comunidad Internacional de Cielo Oscuro (IDSC, siglas en inglés) en China que está situada a varios kilómetros del centro de Shenzhen. 

La comunidad de Xichong se encuentra a su vez en constante intercambio de datos con el centro de operaciones del Buró Meteorológico de Shenzhen, que cuenta también con su propia estación de recopilación de datos a través de sensores de radiación solar y medidores de densidad de las nubes. Asimismo, cuenta con sensores de altitud baja para asegurar la monitorización del espacio aéreo de los cada vez más usados drones; perfiladores de viento, que miden la velocidad y dirección cada 60 metros de altura hasta los 600 metros, crucial para la aviación y la energía eólica; o un disdrómetro láser, cuya función es validar la precisión de los radares meteorológicos al medir el tamaño real de las gotas de lluvia, haciendo que las estimaciones de precipitación sean más fiables. 

“La predicción meteorológica es un sistema global a gran escala que requiere el análisis y la agregación de los datos monitorizados por distintos países para poder encarar los mayores eventos climáticos”, explicó Mei Lin. Pero, advirtió que existen límites. “Hay algunos fenómenos meteorológicos convectivos fuertes que actualmente son impredecibles, como la aparición de lluvias torrenciales de 500 mm en cuestión de horas, así como tornados de pequeña escala. Si esto sucede en zonas que no están preparadas para ello, ya sean grandes ciudades o poblados en zonas aisladas, pueden verse severamente afectados”. Todos los expertos consultados insisten en la importancia de la coordinación de servicios a varios niveles administrativos a la hora de hacer efectivo el flujo de información que permita poner a salvo a la población. 

 

25 de noviembre de 2025. Sistemas informáticos en las oficinas del Centro de Observación Meteorológica de Guangzhou. 

Un cielo limpio como infraestructura 

La comunidad de Xichong es una estación internacional en la que, tanto grupos de científicos, académicos y expertos, como visitantes aficionados –que llegan a alcanzar los dos millones al año-, pueden acceder a telescopios de última tecnología para observar el universo y sus fenómenos. Desde sus instalaciones se pueden observar estrellas, planetas, lluvias de meteoritos o lugares en la profunda lejanía del universo como la nebulosa de Orión. El emplazamiento también es un lugar clave para la observación meteorológica al ser una zona que apenas tiene contaminación lumínica por las noches, permitiendo disfrutar de la inmensidad del universo en las noches despejadas. 

Mantener un especio de cielo alejado de la contaminación lumínica de los núcleos urbanos no es un capricho estético. “Un cielo limpio es un bien valioso en muchos sentidos”, indicó Li Yipeng. En primer lugar, es un indicador ambiental. La lucha por reducir la contaminación lumínica va de la mano con la batalla por mejorar la calidad del aire. Un cielo oscuro permite observaciones astronómicas más precisas, pero también denota un control sobre la contaminación. Es la otra cara de la moneda de la civilización ecológica que China promueve. En segundo lugar, es un activo económico. Los dos millones de turistas que visitan Xichong no solo acuden a mirar a través de los telescopios, sino que también llegan en busca de experiencias de conexión con espacios naturales. En tercer lugar es infraestructura crítica para las nuevas economías que surgen al amparo de las innovaciones tecnológicas. 

Liao Biting, responsable del parque meteorológico del distrito de Huangpu, en Guangzhou, describió el proyecto de equipos meteorológicos inteligentes que están desarrollando, el cual combina distintos sistemas de alarmas, medidores y avisos en el espacio aéreo bajo (de 0 a 1000 metros). “Está enfocado en monitorear las condiciones atmosféricas que pueden afectar a construcciones o al vuelo de drones. Todos estos datos se envían a una plataforma que lee y organiza los datos en tiempo real para ofrecer también servicios comerciales. Todas las empresas pueden acceder a estos datos, lo que les permite mejorar su eficiencia o evitar posibles pérdidas”, sostuvo. 

Shenzhen es una de las ciudades piloto donde se están desarrollando proyectos de reparto con drones autónomos. El cielo limpio para los drones de reparto o las inspecciones industriales no solo significa un cielo sin nubes, sino también un cielo cuyas variables deben ser constantemente monitoreadas y pronosticadas con extrema precisión. La economía del espacio aéreo bajo, un sector billonario en ciernes, depende de que el cielo esté limpio de peligros imprevistos. 

 

25 de nopviembre de 2025. Instrumentos de medición de condiciones climáticas en la Estación de Observación Meteorológica de Shenzhen. Fotos de Álvaro Lorite López 

Tecnología al servicio del pueblo 

La tecnología no es un fin en sí mismo, sino una herramienta al servicio de la sociedad. 

“Tras reflexionar profundamente después de las inundaciones que tuvieron lugar en Beijing en julio de 2025, nos dimos cuenta de que aún hay muchas áreas que necesitan ser mejoradas. Antes de las inundaciones, seguimos los indicios de peligro y reubicamos a un total de 160.000 personas de pequeños poblados que aparecían en nuestros registros. Pero nuestro plan de contingencia hizo aguas en algunos puntos. Esta experiencia trágica también ha servido de llamada de atención”, admitió Li Yiping, quien reconoció que vivimos en una época en la que, debido al cambio climático, “está aumentando la frecuencia de eventos cada vez más extremos”. 

La tecnología ha cambiado la escala y la precisión de la prevención, pero el principio ético –“poner en primer lugar la vida del pueblo”– permanece inalterable, como la estrella que marca el camino de todo el desarrollo tecnológico en estos campos. La necesidad de mirar el cielo sigue siendo un recordatorio de nuestra vulnerabilidad y, al mismo tiempo, un testimonio de nuestra determinación por construir un refugio bajo él y entender las leyes que lo rigen. 

La combinación de saberes tradicionales, arquitectura histórica y tecnología avanzada revela una continuidad: la necesidad de convivir con un entorno natural poderoso. En Guangdong, esa convivencia se escribe hoy con algoritmos, satélites y sensores, pero sigue respondiendo a una pregunta antigua: cómo proteger la vida frente a la incertidumbre del clima. El cielo, a fin de cuentas, no se controla. Se observa y se interpreta. Y en esa interpretación se juega una parte esencial del futuro.