| spanish.china.org.cn | 13. 03. 2026 | Editor:Eva Yu | ![]() |
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China busca en Asia-Pacífico la construcción de puentes que lleven a la prosperidad común
Por Jorge Fernández
Que los hechos se escuchen más que las palabras.
China ni se cruza de brazos ni mira con frivolidad los horrores que hoy ocupan la atención mundial. De cara a situaciones espeluznantes para la humanidad en algunas regiones del mundo, el gigante asiático no solo despliega su aparato diplomático para hacer prevalecer la paz y la cordura, sino que también propone planes y proyectos para generar riqueza en el mundo. En este orden internacional asimétrico en donde la riqueza no fluye igual para todos, China defiende el cambio a través de múltiples iniciativas.
Este año China asumirá por tercera ocasión la presidencia de APEC y, como anfitrión de estrategas en Shenzhen, dejará su impronta con planes para acelerar la construcción de una comunidad Asia-Pacífico próspera y abierta. Eleva el ánimo popular saber que la APEC ha quedado vinculada con el esquema del XV Plan Quinquenal (2026-2030) para el desarrollo económico y social nacional, aprobado por la XIV Asamblea Popular Nacional, que concluyó ayer jueves.
En el marco de estas sesiones legislativas se celebra la tradicional reunión entre el ministro de Relaciones Exteriores de China, Wang Yi, y periodistas chinos y extranjeros. En la cita de este año, al referirse a la APEC frente a la prensa, el canciller chino mencionó en seis ocasiones el concepto de “comunidad de Asia-Pacífico”. El mensaje no fue otra cosa que la reiteración de convertir los trabajos para esta región en un cuerpo de acciones que permitan llevar los planes del papel a la realidad. El XV Plan Quinquenal de China ha entrado formalmente en operación con principios que parten de la unidad, el progreso y la planificación, cualidades estrechamente ligadas a los principios de la APEC.
Es así que la agenda que está afinándose para la APEC cae bajo el espíritu del XV Plan Quinquenal, que con base en una planeación estratégica para el desarrollo económico y social busca ofrecer resultados concretos en atención a la incertidumbre tanto interna como externa. En estos momentos de volatilidad y cambio, el mundo atestigua la transformación del orden internacional. China mantiene la coherencia con sus principios apostando por la unión en lugar de la fractura y por el trabajo conjunto en lugar del individualismo. En noviembre de este año, que marcará la 33ª Reunión de Líderes Económicos del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), China hará de esta reunión un remanso libre de tensiones geopolíticas y ofrecerá pautas concretas para la cooperación y el desarrollo. En un claro llamado a poner fin a la división y a los enfoques de suma cero, la sustancia de este cónclave será “que los hechos se escuchen más que las palabras”.
El lema de este año lleva por nombre “Construir una Comunidad Asia-Pacífico para Prosperar Juntos”. En la consigna está el significado que encierra esta reunión, la cual, en medio de los conflictos que azoran al mundo, cobra vital relevancia. En ningún momento China ha dado la espalda a la cooperación económica y regional. Iniciativas como la Franja y la Ruta o la de Cooperación Global han generado cambios positivos en un mundo donde la guerra o la inestabilidad se ciernen sobre todos. De la alta velocidad ferroviaria entre Yakarta y Bandung a la integración económica verde de la Asociación Económica Integral Regional (RCEP), y de ahí hasta la conectividad a ambas orillas del Pacífico hecha realidad con el megapuerto de Chancay en Perú, China dibuja con los países de Asia-Pacífico una red de cooperación próspera y compartida.
En algunas regiones vemos cómo la guerra y la incertidumbre están haciendo que la humanidad avance por el camino de la involución. De cara a esta lamentable situación, surgen preguntas, como ¿qué mundo queremos dejarle a nuestros hijos? ¿Cuál será el próximo orden internacional? ¿Qué será del desarrollo de la región Asia-Pacífico? La respuesta a estas interrogantes no está en la retórica, sino en acciones concretas que conduzcan a la materialización de resultados. En atención a las sugerencias hechas por el presidente de China, Xi Jinping, China trabajará en la cita de este año, después de las de 2001 y 2014 en Shanghai y Beijing, respectivamente, para mantener la aspiración original de promover el crecimiento económico, el bienestar de los pueblos y la ganancia compartida.
Es así que, tras 25 años por un camino lleno de desafíos, este 2026 resulta un año crucial para la región Asia-Pacífico. APEC es un mecanismo de cooperación cuyas bases de alcance e influencia deben fortalecerse y ensancharse. En Shenzhen, los altibajos se afrontarán con la revitalización de tres áreas que han sido claves en el éxito de esta asociación: la apertura, la innovación y la cooperación. El multilateralismo y la globalización económica deben reverberar con las múltiples actividades programadas para la reunión, todas ellas con la clara visión de avanzar hacia la construcción de una comunidad de Asia-Pacífico y coordinar los avances del Área de Libre Comercio.
A mayor cooperación, mayores consultas; a mayores consultas, una acción pragmática para hacer coincidir intereses y lograr la prosperidad común. Los países bañados por el Pacífico deben mantener la unidad sobre todas las cosas para hacer frente a las amenazas externas, y bajo este espíritu de unión, defender la colaboración en aras de una integración más estrecha en Asia-Pacífico. Sea o no un hecho fortuito, la presidencia china de la APEC coincide con el inicio del XV Plan Quinquenal, el cual lleva consigo una planificación científica que apunta, por encima de todo, a la estabilidad, la coordinación y el desarrollo tanto local como regional. Si China y los países de la APEC elevan la comunicación, las dificultades para afrontar los retos disminuirán exponencialmente.
El enfoque APEC orientado a la interconexión debe elevarse a nuevos niveles. El caso del puerto de Chancay en Perú es un ejemplo emblemático de comunicación, apertura y pragmatismo. En Shenzhen, donde se darán cita figuras influyentes de Asia y del Pacífico, el enfoque está centrado en la materialización de acciones de esta naturaleza, en la que el multilateralismo comercial, respaldado por la Organización Mundial del Comercio, permita que las partes acumulen experiencias y trabajen para la construcción de áreas comerciales en donde fluyan bienes, servicios y personas.
Ni China ni la región Asia‑Pacífico deben mantenerse impávidas ante los cambios generados por el reacomodo del orden internacional. Nadie quiere ver, en esta dinámica zona, un campo de batalla entre potencias, en donde los grandes perdedores sean los más débiles. Por encima de esto, los miembros de APEC desean ver una comunidad de naciones con un futuro compartido en el que las tendencias negativas —llámese incertidumbre, desacoplamiento o ruptura de cadenas— se reviertan con un espíritu de inclusión, compartición y construcción de confianza. China dice no a la guerra y a la inestabilidad, y apoya, por encima de todo, la construcción de puentes que permitan la unión y la comprensión en un mundo compartido, en donde todas las naciones son hijas de la madre Tierra.













