| spanish.china.org.cn | 02. 03. 2026 | Editor:Teresa Zheng | ![]() |
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Firmeza ante el avance de la ley de la selva
El fin de semana, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques sorpresa contra Irán, causando la muerte del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, y de varios altos funcionarios. El episodio ha sumido a Oriente Medio en un peligroso abismo. Lo que más ha conmocionado a la comunidad internacional es que la ofensiva tuvo lugar en medio de un proceso de negociación entre Estados Unidos e Irán. Varios analistas creen que el país árabe fue víctima de un engaño deliberado. Aún más inaceptable es que Estados Unidos e Israel mataran abiertamente al líder de una nación soberana, incitaran el cambio de régimen y luego lo tomaran como si fuera un «logro». Estas acciones representan un desprecio y pisoteo a las normas básicas de las relaciones internacionales.
Por muy meticulosos que hayan sido los planes de ambos países, la trayectoria de la guerra nunca es algo que los humanos puedan trazar con precisión. El conflicto es como un enorme vórtice: una vez que te atrapa, nadie puede predecir adónde te lanzará. La historia de Oriente Medio lo ha demostrado una y otra vez. El caos que Estados Unidos e Israel han creado en Irán y en toda la región es muy probablemente el preludio de una agitación mayor. Un académico de un grupo de expertos británico advirtió que podría conducir a «inestabilidad, migración, radicalismo, proliferación de grupos armados o expansión regional», y dar lugar a «otro ciclo catastrófico de conflicto».
De hecho, las acciones imprudentes de Estados Unidos e Israel ya han provocado una reacción en cadena. Los ataques han causado varios muertos y heridos civiles iraníes. Las llamas de la guerra se han extendido desde Irán e Israel a países vecinos como Baréin, Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos y Catar. El Aeropuerto Internacional de Dubái se ha visto obligado a suspender sus operaciones y una espesa columna de humo se ha elevado desde el hotel Burj Al Arab. Con el cierre del estrecho de Ormuz, el suministro energético mundial y las cadenas de transporte marítimo también se han visto sumidos en la incertidumbre. La prioridad inmediata —y el amplio consenso de la comunidad internacional— es detener sin demora las operaciones militares, evitar que la disputa avance y que la situación se salga completamente de control.
La mayoría de los países esperan que las partes implicadas puedan encontrar rápidamente vías para rebajar la tensión a través de canales políticos y diplomáticos. Esperan ver un punto de inflexión crítico en la confrontación entre Estados Unidos e Israel, por un lado, e Irán, por otro, que, gestione riesgos, cree condiciones para la reanudación de las conversaciones y evite que las crisis geopolíticas devengan en crisis económicas y de seguridad mayores.
Lo que ha puesto de manifiesto este ataque unilateral es una tendencia peligrosa. No es una «excepción», sino el resultado de una pauta arraigada en la que unos pocos países se adhieren a la ley de la selva. En el pasado, Estados Unidos eludió a la ONU para iniciar guerras en Afganistán e Irak, impuso arbitrariamente sanciones unilaterales y una jurisdicción de largo alcance, y dejó tras de sí conflictos y sufrimientos interminables en esas regiones. Lo que es más grave, dichas acciones erosionaron el sistema internacional centrado en la ONU y las normas básicas de las relaciones internacionales. Han pasado más de 20 años y no solo no han desaparecido, sino que han surgido repetidamente, con nuevas crisis humanitarias, lo que es realmente desgarrador.
Una vez que la ley de la selva encuentra un caldo de cultivo en el mundo actual y se acepta tácitamente la lógica de la supervivencia del más apto, devendrá en algo más que un desastre regional. Si los «ataques preventivos» pueden utilizarse como justificación para neutralizar a la ONU, ignorar los procesos diplomáticos y recurrir con ligereza a la fuerza militar contra otros países, entonces el sistema internacional establecido después de la Segunda Guerra Mundial, enfocado en la ONU, quedará desprovisto de sentido. Imaginemos un escenario en el que las sanciones unilaterales y los ataques militares puedan anular arbitrariamente la Carta de las Naciones Unidas, en el que las grandes potencias puedan ignorar las vidas de los civiles en aras de sus propios intereses y encender imprudentemente «polvorines» regionales. Las tragedias que se producen hoy en Oriente Medio podrían repetirse fácilmente mañana en cualquier rincón del mundo, haciendo inalcanzable la seguridad para todas las naciones. La comunidad internacional debería alzar la voz de manera clara y definitiva contra el retroceso a la ley de la selva, y debería ser su consenso más fuerte.
Los repentinos giros en Oriente Medio han resaltado la urgencia y la extrema importancia de promover la reforma del sistema de gobernanza mundial. Una vez más, se confirma que la igualdad soberana es la piedra angular de la paz mundial, mientras que la arrogancia y la intimidación de los débiles son las causas esenciales de los conflictos y los choques. Algunos países y grupos, partiendo de una supuesta «posición de fuerza», se han dedicado a la política de poder y a prácticas intimidatorias. Estos comportamientos representan el mayor factor de perturbación del orden internacional actual. ¿Por qué actúan con tanta libertad? Una razón de peso es que las restricciones del sistema internacional existente son demasiado débiles. Si el estado de derecho internacional fuera más sólido, si los países fueran más proactivos en la práctica del verdadero multilateralismo y si las acciones hegemónicas se enfrentaran a una presión internacional de hierro y conllevaran altos costos políticos, el mundo estaría más cerca de la equidad y la justicia.
Desde el colapso de los sistemas coloniales hasta el fin de la Guerra Fría y el auge colectivo de los países del Sur Global, la multipolarización del mundo y la democratización de las relaciones internacionales son tendencias irreversibles de la época. La ley de la selva no tiene futuro y el hegemonismo es impopular. La comunidad internacional necesita unirse, defender la justicia y el estado de derecho y practicar el multilateralismo para eliminar de raíz el terreno fértil de la política de poder. Oriente Medio, víctima de los estragos de la guerra y las vicisitudes de la vida, anhela la verdadera paz y tranquilidad.














