| spanish.china.org.cn | 27. 02. 2026 | Editor:Teresa Zheng | ![]() |
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Las cerezas de la Fiesta de la Primavera demuestran que el comercio no es un juego de suma cero
Lo que parece ser un cambio menor en la sección de frutas en realidad cuenta una historia mayor. La caída de su precio ofrece una visión clara de cómo funciona el enfoque chino de globalización y cómo sus beneficios pueden compartirse cada vez más a través de las fronteras.
El factor determinante es la oferta. Chile, la mayor fuente de cerezas de China, ha registrado una cosecha récord, lo que ha incrementado los volúmenes de exportación a niveles sin precedentes. Pero la abundante cosecha por sí sola no explica la rápida y visible reducción de precios. En muchos países, los menores costos iniciales se ven absorbidos por los aranceles, las ineficiencias logísticas o las múltiples capas de intermediarios.
Lo que distingue a China es el pronunciado descenso de los costos comerciales y logísticos. En el ámbito comercial, el país ha recortado de forma constante los aranceles agrícolas mediante la ampliación de acuerdos de libre comercio con los principales países productores. Por ejemplo, el Acuerdo de Libre Comercio con Chile, en vigor desde 2019, situó aproximadamente el 98 % de los productos con arancel cero. La rebaja de los costos fronterizos significa que, cuando aumenta la oferta, los precios ya no se mantienen artificialmente. Las señales del mercado se transmiten más rápido y consumidores ven los resultados.
La logística es igualmente relevante. Los tiempos de envío de las cerezas de Chile a China han bajado de 5 a 6 semanas a unos 23 días tras la apertura del puerto de aguas profundas de Chancay, en Perú, un proyecto de infraestructura de la Franja y la Ruta que conecta la costa del Pacífico más directamente con los mercados asiáticos.
En el caso de esta fruta, el tiempo de tránsito es el factor determinante del costo. Menos tiempo en el mar significa menos desperdicio y menos riesgo en cada envío, lo que permite vender a gran escala productos que antes se vendían con márgenes de lujo.
Estas eficiencias ya redefinen las decisiones de producción. Los comerciantes chilenos han aumentado las plantaciones, confiados en que el mercado chino puede absorber grandes volúmenes con normas comerciales coherentes. La escala reduce el riesgo en lugar de incrementarlo. Para ellos, la ganancia no es solo más ventas, sino también previsibilidad, un activo poco común en la agricultura.
Los patrones de demanda de China refuerzan esta estabilidad. El consumo alcanza su punto álgido en torno a la Fiesta de la Primavera, cuando resalta la tradición de obsequios y la fruta de color rojo tiene un atractivo simbólico. Para los exportadores, no se trata de una curiosidad cultural, sino de una ventana de demanda estacional fiable que favorece la planificación, la inversión y los contratos a largo plazo.
El resultado es un caso de beneficios compartidos. Los consumidores chinos obtienen acceso a importaciones de alta calidad a precios antes impensables. Los productores ganan un mercado vasto y fiable, capaz de copar con el excedente sin colapsar. El comercio avanza sin socavar los rendimientos a lo largo de la cadena de suministro.
En algunos debates occidentales, estas caídas de precios se califican de «dumping», pero la acusación suele ser más política que económica. Cuando se politizan las ganancias en eficiencia, las reducciones normales de costos se reformulan como injusticias y el progreso de la cadena de suministro se convierte en un objetivo en lugar de un logro.
La globalización de China, en este sentido, no es abstracta ni ideológica. Es transaccional. Funciona a través de la infraestructura, la logística y el acceso al mercado, en lugar de eslóganes. Sus efectos no se ven en los comunicados, sino en los balances y en las cestas de la compra.
En un momento en el que la globalización se cuestiona cada vez más, las cerezas demuestran lo que funciona. La apertura da resultados cuando reduce las fricciones y permite que la escala transmita los frutos. La respuesta de China a la reacción negativa no ha sido la retirada, sino la repetición: seguir abriéndose, conectándose y comerciando para que las ganancias se compartan en lugar de ser un juego de suma cero.














