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spanish.china.org.cn | 26. 02. 2026 | Editor:Teresa Zheng [A A A]

Control de exportación para ciertas entidades japonesas no tiene lugar a queja

Palabras clave: Japón, exportación
Spanish.china.org.cn | 26. 02. 2026

Tras el feriado por la Fiesta de la Primavera, el Ministerio de Comercio de China emitió dos anuncios: la adición de 20 entidades involucradas en la mejora de las capacidades militares de Japón a una lista de control de exportación, y de 20 empresas japonesas con usuarios y usos finales de artículos de doble uso que no puedan verificarse a una lista de vigilancia. Las contramedidas apuntan directamente al talón de Aquiles de la «remilitarización» de Japón, algo que ha conmocionado al país. Mientras la comunidad empresarial evalúa el impacto y las pérdidas potenciales, los funcionarios japoneses muestran calma y presentan quejas.

La inclusión en una nómina de control de exportación está justificada y apunta al talón de Aquiles de las ambiciones de «remilitarización» de Japón. Las tres grandes empresas de defensa —Mitsubishi, Kawasaki e IHI— figuran en la relación, que abarca puntos clave de apoyo de las capacidades militares modernas, desde la construcción naval y los motores aeronáuticos hasta los radares militares y los sonares submarinos. Estas firmas controladas lideran la investigación, el desarrollo y la mejora del principal equipo de combate de Japón, lo que supone una amenaza clara para la paz y la estabilidad en Asia Oriental e incluso en el mundo. La política de China no solo cumple plenamente con las leyes de control de exportación y el Reglamento sobre el control de la exportación de productos de doble uso en lo que respecta a las amenazas a la seguridad nacional, sino que también es una acción justa de una gran potencia responsable para defender el orden internacional de la posguerra y mantener la paz y la estabilidad regionales.

En respuesta a las erróneas declaraciones de la líder japonesa sobre Taiwán, las medidas adoptadas son razonables, fundadas y mesuradas. Lamentablemente, ante las advertencias enviadas por China a través de sus contramedidas, los altos cargos del gabinete japonés no solo no han reflexionado sobre su proceder, sino que han adoptado una postura de víctima.

El viceministro de la Secretaría del Gabinete, Kei Sato, afirmó que es «absolutamente intolerable y lamentable en extremo», y un alto funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores presentó una protesta ante China. Esta obstinación en «fingir ignorancia» intenta engañar a la comunidad internacional y solo llevará a Japón a una situación aún más peligrosa.

Japón debe comprender que lo hecho por China está dirigido a su radical «remilitarización» y a sus intentos de adquirir armas nucleares. Su militarismo libró guerras sangrientas en el siglo pasado, causando sufrimiento a los pueblos de varios países asiáticos. Japón debe aprender de la historia y adherirse al camino del desarrollo pacífico.

Sin embargo, en los últimos años, ha acelerado un rearme militar sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial, eludiendo gradualmente su Constitución pacifista, revocando su política de «defensa exclusivamente defensiva», aumentando su presupuesto de defensa y desarrollando armamento ofensivo, incluso en pleno desafío a las restricciones nucleares impuestas tras la guerra. Este comportamiento, junto con la falta de reflexión sobre su pasado agresor, es suficiente para despertar la vigilancia mundial ante el resurgimiento de su militarismo.

Lo que resulta indignante es que algunos políticos japoneses han hecho caso omiso a los documentos políticos y consensos alcanzados desde la normalización de las relaciones diplomáticas con China, y han aplicado abiertamente una política proteccionista. Se han mostrado ansiosos por fabricar y exagerar la narrativa de la «amenaza china», liderando la agitación antichina. En tales circunstancias, nadie con buen juicio podría estar de acuerdo en exportar a Japón materias primas que podrían utilizarse en la producción militar.

Lamentablemente, junto con las provocaciones, una especie de arrogancia ciega se ha extendido en la arena política y en la sociedad japonesas. En respuesta al fuerte descenso en el número de turistas chinos, algunos políticos y conocidos presentadores de medios han llegado a afirmar que «no importa que los viajeros chinos no vengan» y que «nunca fueron bienvenidos». Los hechos hablan más que las sofisterías. La fuerte caída del tráfico de pasajeros en el Aeropuerto Internacional de Kansai y la reducción a la mitad de las ventas libres de impuestos en los grandes almacenes ya suponen un daño inevitable para los mercados culturales y turísticos japoneses. Detrás de los costos económicos yacen costos políticos. A medida que la derecha sigue presionando los límites de la «Constitución Pacifista» y ciertos políticos visitan repetidamente el santuario de Yasukuni por cuestiones históricas, los amantes de la paz no tienen más remedio que mantener su distancia.

Lo que merece atención no son solo las palabras de algunos políticos japoneses, sino también las corrientes sociales subyacentes reflejadas en ellas. Tras las elecciones generales a la Cámara de Representantes, las fuerzas de derecha consolidaron su poder, dejando la agresiva agenda de expansión militar de Takaichi prácticamente sin control interno. Al exagerar la «amenaza a la supervivencia», avivan el nacionalismo y la xenofobia, reprimen las voces internas contrarias a la guerra y a favor de la paz, y tachan a los defensores de la amistad con China de «antipatriotas» o incluso de «traidores». Estas conductas guardan un inquietante parecido con la sociedad japonesa antes de la Segunda Guerra Mundial, y la trayectoria sugerida es de temer.

Tras la entrada en vigor de los controles a la exportación de China, la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, sostuvo que era importante mantener la comunicación con China y expresó su voluntad de entablar un diálogo. Estamos abiertos a ellos, pero el requisito previo es que la parte japonesa se retracte de sus comentarios erróneos, corrija su rumbo con acciones concretas y defienda las bases políticas de las relaciones bilaterales. Provocar los intereses fundamentales de China y traspasar las líneas rojas del orden internacional de la posguerra con la esperanza de salir del paso no conducirá a buenos resultados. Se aconseja a ciertas fuerzas en Japón que retrocedan antes de que sea demasiado tarde y eviten desviarse aún más por el camino equivocado.