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spanish.china.org.cn | 12. 02. 2026 | Editor:Teresa Zheng [A A A]

Transición responsable

Palabras clave: transición ecológica, XV Plan Quinquenal
Spanish.china.org.cn | 12. 02. 2026

Por Patrick Maluki


Es esencial contar con bases jurídicas sólidas a la hora de establecer una cooperación que permita armonizar las prioridades de desarrollo de África con la transición ecológica de China.

Mientras esta última se prepara para su XV Plan Quinquenal (2026-2030), el avance ecológico ha pasado de ser una aspiración a un imperativo estratégico. Los compromisos del pico de emisiones de carbono, ampliar las energías renovables y crear un nuevo «sistema energético limpio, bajo en carbono, seguro y eficiente» se sitúan ahora en el centro de su modelo de desarrollo. Para África, una de las regiones más vulnerables al cambio climático y de las que más necesita crecer, este momento presenta oportunidades y riesgos.

La cooperación entre China y África ya ha cambiado el paisaje del continente, desde corredores de transporte y generación de energía hasta parques industriales e infraestructura digital. Sin embargo, la siguiente fase se juzgará menos por su escala y velocidad y más por su calidad, legitimidad y sostenibilidad. El derecho y la diplomacia determinarán si la colaboración ecológica resuelve los antiguos dilemas del desarrollo y trae prosperidad compartida o si reproduce los problemas de antaño bajo una nueva etiqueta.

La cooperación ecológica en África, ya sea en la adaptación al clima, las energías renovables o la conservación, afecta inevitablemente la vida de las personas. Las granjas solares yacen en tierras de pastoreo; las obras hidroeléctricas redefinen sistemas fluviales, sustento de comunidades agrícolas y pesqueras; y las iniciativas de conservación pueden restringir el acceso a recursos claves para la vida local. Si se ignoran estas realidades, incluso los proyectos bienintencionados corren el riesgo de resistencia social, conflictos y fracasos a largo plazo.

Aquí es donde los marcos jurídicos salen a relucir. Las evaluaciones de impacto ambiental y social, los requisitos de consulta a la comunidad, los mecanismos de reclamación y la protección laboral no son obstáculos burocráticos, sino herramientas para garantizar que la acción climática promueva la equidad social y la justicia ambiental. Cuando los planes respaldados por China se ajustan a las leyes nacionales africanas y a las normas ambientales internacionales, tienen más probabilidades de ganarse la confianza del público y perdurar.

Desde el punto de vista diplomático, el uso de estas salvaguardias en los acuerdos de cooperación envía una señal poderosa: el desarrollo ecológico no se limita a las métricas de carbono, sino que tiene que ver con las personas. En entornos frágiles o posconflicto, donde las disputas por los recursos han alimentado históricamente la inestabilidad, estos proyectos sensibles a los derechos pueden incluso contribuir a la consolidación de la paz al reducir las reclamaciones y fortalecer las relaciones entre el Estado y la comunidad.

Un segundo reto radica en el diseño de convenios bilaterales y multilaterales de cooperación ecológica entre China y África. Las inversiones en energías renovables, la gestión del agua y la gobernanza marina exigen compromisos legales claros con la sostenibilidad, la transparencia y la rendición de cuentas.

Los ríos que cruzan fronteras y los ecosistemas marinos compartidos del continente soportan una presión cada vez mayor debido al cambio climático, el crecimiento demográfico y el avance de la infraestructura. Las regulaciones de cooperación —que abarcan el intercambio de datos, la supervisión conjunta, la protección del medio ambiente y la resolución de controversias— son esenciales para prevenir daños ecológicos y fricciones diplomáticas. A medida que avanza la participación de China en energía hidroeléctrica, puertos y economía azul, estos temas toman la palestra.

La transparencia es igualmente fundamental. Condiciones contractuales claras, armonización de los cuerpos legales de los países anfitriones y mecanismos de información accesibles ayudan a gestionar el riesgo para todas las partes. Asimismo, responden a las expectativas en materia de normativa medioambiental, social y de gobernanza mundial. Lejos de frenar la cooperación, una mayor rendición de cuentas mejora el financiamiento de las obras, reduce los retrasos y refuerza las asociaciones entre China y África a largo plazo.

Tanto China como los países africanos son partes en acuerdos medioambientales mundiales de renombre, como el Acuerdo de París y el Convenio sobre la Diversidad Biológica. Estos marcos proporcionan principios comunes —desarrollo sostenible, responsabilidad climática y cooperación internacional— que pueden orientar la acción práctica.

La Agenda 2063 de la Unión Africana prevé un continente industrializado, resistente al clima e inclusivo. Estos objetivos no son incompatibles con la transición ecológica de China, sino complementarios. El despliegue de energías renovables, la infraestructura resistente al clima y la transferencia de tecnología pueden ayudar a África a superar las vías de desarrollo intensivas en carbono.

En este sentido, la diplomacia es vital. A través del diálogo estructurado y la cooperación Sur-Sur, China y África pueden configurar la gobernanza climática mundial de manera que refleje las realidades de los países en desarrollo, incluyendo la financiación de la adaptación y el desarrollo de capacidades. En un momento en el que persisten las brechas en financiación climática y la confianza entre el Norte y el Sur global sigue siendo frágil, una cooperación creíble, basada en el derecho internacional, puede ayudar a reequilibrar el diálogo global.

El Foro de Cooperación China-África y la Iniciativa de la Franja y la Ruta siguen siendo las plataformas centrales para traducir las políticas en prácticas. En el énfasis del XV Plan Quinquenal en una «apertura de alto nivel», estos marcos enfrentan crecientes expectativas de asociaciones ecológicas sostenibles y respetuosas con los derechos.

Las recientes medidas hacia una «Franja y Ruta Verde» revelan el reconocimiento de los peligros medioambientales. El siguiente paso es la profundización institucional: cláusulas medioambientales más estrictas, normas laborales, requisitos de participación de la comunidad y mecanismos de supervisión integrados en los ciclos de los proyectos. Estas medidas no son concesiones a la presión externa, sino inversiones en la durabilidad de las obras y en la credibilidad de la reputación.

Para los socios africanos, reglas más estrictas refuerzan la capacidad de acción y la apropiación. Para China, demuestran su liderazgo en la cooperación al desarrollo responsable en un momento de intenso escrutinio mundial. Desde la diplomacia, este enfoque posiciona la cooperación entre China y África como un factor que contribuye a su evolución.

La convergencia del XV Plan Quinquenal de China y la agenda de desarrollo sostenible de África llega en un momento crítico. Los efectos del cambio climático son mayores, las necesidades de desarrollo urgentes y la competencia geopolítica influye cada vez más en la financiación del desarrollo. En este contexto, la cooperación ecológica no puede permitirse ser estrictamente tecnocrática.

El derecho y la diplomacia son las vías a través de las cuales las ambiciones ecológicas devienen resultados equitativos. Determinan si los proyectos de energía renovable empoderan a las comunidades o las marginan; si la conservación protege los ecosistemas sin despojar a las personas; y si la cooperación climática fortalece la paz en lugar de vulnerarla.

Si China y África logran integrar la legalidad, la rendición de cuentas y la justicia en la colaboración ecológica, pueden ofrecer un modelo convincente de asociación Sur-Sur, que alinee la transformación económica con la responsabilidad medioambiental y la inclusión social. Si no lo consiguen, el desarrollo verde puede convertirse en otra oportunidad perdida.

Por lo tanto, las decisiones que se tomen en el marco del XV Plan Quinquenal tendrán repercusiones mucho más allá de China y África. Contribuirán a definir si el desarrollo verde en el Sur Global es simplemente más limpio o más justo.


El autor es presidente del Departamento de Diplomacia y Estudios Internacionales de la Universidad de Nairobi y presidente de la Academia del Servicio Exterior de Kenia.