| spanish.china.org.cn | 04. 02. 2026 | Editor:Teresa Zheng | ![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
[A A A] |
No hay que perder de vista la concesión portuaria de Panamá
Desde que la Corte Suprema de Panamá dictaminó que el contrato de concesión de CK Hutchison para operar los puertos del Canal de Panamá era «inconstitucional», los más entusiasmados han sido, sin duda, algunos políticos y medios estadounidenses. El secretario de Estado, Marco Rubio, se apresuró a publicar en las redes sociales que Estados Unidos está «animado», mientras que la prensa alardeó de una «gran victoria» para Washington en su intento de frenar la influencia china. El Wall Street Journal incluso fue más directo al indicar que otros países «podrían replantearse sus vínculos con la segunda economía más grande del mundo».
Los gritos de «triunfo» de Estados Unidos confirman las sospechas en el exterior y realzan la arrogancia hegemónica de Washington al utilizar recursos geopolíticos para interferir en la cooperación comercial y vulnerar las normas comerciales. Aunque este cedió formalmente el control del Canal de Panamá en 1999, en su mentalidad de Guerra Fría, la zona sigue siendo un «lago interior» intocable por otros. Estados Unidos ha expresado en repetidas ocasiones su deseo de «recuperar el control del Canal», y Rubio eligió el país centroamericano para su primera visita al extranjero, amenazándolo con que «debe reducir la influencia china». Por lo tanto, cuando la Corte Suprema de Panamá emitió la sentencia, es difícil que la opinión pública internacional no cuestione su independencia.
Sin embargo, al seguir el ritmo de Washington y observar la agitación a través del prisma de su «rivalidad con China», caemos en su trampa cognitiva y el enfoque de este asunto toma nuevos rumbos. Estos puertos nunca han sido, ni deben ser, moneda de cambio en un juego geopolítico. De hecho, CK Hutchison los ha operado durante casi 30 años; y en todo ese tiempo ¿ha habido alguna vez la sombra de «amenaza china»?
Por el contrario, bajo la gestión de la empresa, los puertos han avanzado, beneficiando a los locales y contribuyendo al libre comercio mundial. En este proceso, incluso Estados Unidos ha salido ganando. Por lo tanto, en cuanto a los derechos de explotación portuaria de Panamá, si hay que hablar de ganadores y perdedores, lo fundamental debería ser la contienda entre el libre comercio y el hegemonismo, y la lucha entre el poder contractual y la política de poder.
Ya se trate de los puertos a lo largo del Canal de Panamá, del puerto australiano de Darwin, envuelto en la controversia, o del caso de Nexperia en los Países Bajos, la misma «mano invisible» aparece en el fondo. Hay países que sostienen una defensa del «orden basado en normas», pero en la práctica lo que defienden es un «orden basado en los intereses de un solo país». En resumen, es una destrucción selectiva de la credibilidad de la inversión mundial. Si los contratos comerciales pueden anularse por capricho político o bajo la presión de los aliados, ninguna inversión a largo plazo en el sistema occidental es realmente segura. Desde el Sudeste Asiático hasta Oriente Medio, los inversionistas observan atentamente y se preguntan si los actos rapaces de hoy se abatirán mañana sobre cualquier sector rentable.
El derecho internacional de inversiones reconoce las «excepciones de seguridad», pero estas no son en modo alguno una llave maestra para el hegemonismo. El núcleo del derecho mercantil internacional es la certeza: las empresas que acatan las regulaciones merecen la protección de la ley. Al utilizar la coacción diplomática para empujar a sus aliados a dictar fallos que desafían los principios jurídicos, Estados Unidos erosiona desde dentro los cimientos del crédito, base del mundo capitalista. A corto plazo, Washington puede haber asegurado algunos «puntos de apoyo estratégicos», pero a largo plazo esto socaba su credibilidad internacional y el espacio para las interacciones comerciales. Es previsible que, cuando la ley deje de ser un árbitro imparcial y se convierta en una herramienta política, el capital mundial busque un refugio lejos del sistema del dólar y de la influencia de Estados Unidos.
Lo que es más preocupante es que la voluntad geopolítica de Estados Unidos a menudo prevalece sobre las constituciones de algunas naciones soberanas. Esto es una afrenta al principio de igualdad consagrado en la Carta de las Naciones Unidas. Desde el caso de Alstom hace años hasta la actual polémica sobre el puerto de Darwin, los métodos utilizados por Estados Unidos para atacar a sus competidores y apoderarse de sus intereses son muy similares. La comunidad empresarial internacional necesita un entorno comercial justo, equitativo y no discriminatorio, no una «ley de la selva» dominada por la voluntad hegemónica. Si esta tendencia a politizar los temas económicos y comerciales y a utilizar las herramientas legales como arma continúa sin control, la víctima final será el orden económico y comercial internacional. Quienes intenten frenar a sus contrincantes violando las reglas también enfrentarán una pérdida total de credibilidad.
Como un importante paso marítimo que transporta alrededor del 5 % del comercio marítimo mundial, los puertos del Canal de Panamá son un centro de carga vital y no deben vacilar bajo la sombra del hegemonismo. Según los informes, su concesión ahora tendrá que ir a licitación.
En este contexto, se espera que Panamá demuestre su «independencia» con un contexto predecible para la competencia leal de todos los participantes, en lugar de intentar «asegurar que China quede excluida del proceso», como lo han proclamado algunos medios estadounidenses. El mundo está pendiente de lo que ocurrirá.














