| spanish.china.org.cn | 23. 01. 2026 | Editor:Filo Fu | ![]() |
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Europa debe abrazar la posibilidad de una comunidad de futuro compartido con China
Una serie de eventos a principios de 2026 han asestado un duro golpe al multilateralismo y la gobernanza mundial. La gente no puede evitar preguntarse: ¿volvemos a la ley de la selva? Sin embargo, un mundo dividido no puede enfrentar los retos de la humanidad. El camino a seguir pasa por defender y practicar un multilateralismo genuino y avanzar en la construcción de una comunidad de futuro compartido. Como socios estratégicos integrales que abogan por un mundo multipolar y el multilateralismo, la colaboración entre China y la Unión Europea UE para construir dicha comunidad es muy importante y llega en un momento oportuno.
Propuesto por el presidente Xi Jinping, la comunidad de futuro compartido para la humanidad es un concepto original esencial. Es el bien público por excelencia ofrecido por China y representa su respuesta a la interrogante clave de nuestro tiempo: ¿Qué tipo de mundo queremos y cómo llegar a él? Esta noción ha estado presente en resoluciones de la Asamblea General de las Naciones Unidas y en declaraciones de la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai durante varios años consecutivos, así como en documentos bilaterales y multilaterales de relevancia en varias ocasiones, y sus principios fundamentales yacen en el Pacto para el Futuro de las Naciones Unidas. Es cada vez más un bien público internacional primordial en el contexto actual. Decenas de países han alcanzado consensos con China sobre la creación de comunidades bilaterales de futuro compartido. La familia de la Iniciativa de la Franja y la Ruta abarca ahora tres cuartas partes de los países del mundo, y las 4 iniciativas globales han recibido el apoyo de más de 100 países y organizaciones internacionales.
Esta visión ha guiado las relaciones internacionales hacia una nueva era, pasando de buscar puntos en común y dejar de lado las diferencias a compartir la responsabilidad por nuestro planeta, lo que ha marcado la senda a seguir para el desarrollo mundial en una coyuntura histórica crítica y ha merecido el elogio generalizado. Sin embargo, los países del bloque europeo siguen sin formar parte de la gran familia que se esfuerza por construir esta comunidad, lo que, hay que decirlo, es lamentable. Contrasta con los estrechos vínculos con China en comercio, cultura, ciencia y tecnología, y educación. Las razones que lo explican requieren una seria reflexión, y un factor sustancial puede residir en los problemas que plantea la percepción general que Europa tiene de China, el «interruptor maestro» que configura su enfoque político.
¿Pueden China y Europa construir juntas una comunidad de futuro compartido? La respuesta es sí. Especialmente en un mundo actual de amenazas globales del hegemonismo, ambas partes, como grandes potencias, grandes mercados y grandes civilizaciones, comparten la responsabilidad de defender el derecho internacional y los fines y principios de la Carta de las Naciones Unidas. Ambas deben superar fricciones comerciales y divergencias políticas, y utilizar los intereses comunes como vínculo y las responsabilidades comunes como guía para avanzar en la creación de una comunidad de futuro compartido. En realidad, ya existe una base sólida para ello.
Desde el punto de vista de las ideas y los valores, China ha defendido por mucho tiempo conceptos como «el mundo es una familia», «todo lo que hay bajo el cielo pertenece al pueblo», «tener en cuenta la rectitud y el beneficio» y «defender el camino de la benevolencia y la rectitud, y vivir en armonía con los países vecinos». Estas ideas sientan las bases culturales para la búsqueda de la equidad, la justicia y la cooperación beneficiosa para todos, plasmadas en la visión de una comunidad de futuro compartido para la humanidad. La filosofía europea, con su énfasis cosmopolita, igualitario y de cooperación, desea igualmente trascender fronteras étnicas y nacionales en pos de intereses comunes y la paz universal. La Comunidad Europea, predecesora de la actual UE, fue en sí misma un ejemplo exitoso de cómo la región exploró la noción de comunidad y la puso en práctica.
Desde una perspectiva material, a lo largo de los años, China y la UE se han adherido a los principios de «amplia consulta, contribución conjunta y beneficios compartidos», con un avance del comercio bilateral de 2400 millones de dólares al inicio de sus relaciones diplomáticas a 828 100 millones de dólares en 2025, y un aumento de las inversiones mutuas de casi cero a 280 000 millones de dólares. El servicio ferroviario de mercancías entre ambas ha realizado 120 000 viajes a más de 200 ciudades de 26 países europeos. China y la UE han desempeñado un rol de liderazgo trascendental a la hora de abordar desafíos mundiales como el cambio climático y la conservación de la biodiversidad. Durante la cumbre China-UE en julio de 2025, emitieron una declaración conjunta sobre el cambio climático. China y la UE han formado una comunidad de intereses interdependientes.
¿Qué pueden hacer para construir una comunidad de futuro compartido para la humanidad? Esta creación posee como fin «crear 5 mundos» bajo la guía de 4 iniciativas. En este marco, China y Europa comparten amplios intereses y una base para la cooperación en esferas como el cambio climático, la innovación tecnológica, la salud y las cadenas industriales y de suministro.
Concretamente, pueden reforzar el diálogo y la cooperación para mantener la paz y la seguridad internacionales, y trabajar para dar con un nuevo tipo de relaciones internacionales caracterizadas por el respeto mutuo, la equidad y la justicia y la cooperación beneficiosa para todos; pueden fortalecer la alineación de la Iniciativa de la Franja y la Ruta con la estrategia Global Gateway, aprovechar sus ventajas y promover la conectividad; incrementar los intercambios entre pueblos, favorecer una visión de la civilización basada en la igualdad, el aprendizaje mutuo, el diálogo y la inclusión, y adherirse al aprendizaje de las fortalezas de cada uno y al progreso conjunto; y pueden reforzar la cooperación ecológica, actuando como activistas en la transformación y guardianes de los procesos multilaterales, realizando aportes en aras de una transición energética.
Europa debe ser un miembro vital de la comunidad de futuro compartido para la humanidad. Las diferencias con China son inevitables debido a distintas ideologías, historias, culturas, sistemas sociales y etapas de desarrollo. No obstante, las mismas no deben traducirse en enemistad, ni la competencia reducir la cooperación, ni los desacuerdos conducir a la confrontación. Ambas deben actuar de acuerdo con sus intereses de base y el futuro del mundo, situarse en el lado correcto de la historia, defender las normas y el orden internacionales y ser pioneras del diálogo y la cooperación, defensoras del desarrollo abierto, del multilateralismo y del aprendizaje mutuo entre civilizaciones, empoderándose unas a otras e iluminando el mundo.














