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spanish.china.org.cn | 22. 01. 2026 | Editor:Eva Yu [A A A]

Cifras que hablan: China sigue siendo la mayor oportunidad para América Latina

Palabras clave: China, estabilidad de desarrollo, América Latina
Spanish.china.org.cn | 22. 01. 2026

Foto: Xinhua


Por Jorge Fernández


China y América Latina no solo son socios complementarios, sino poderosas fuerzas para reinventar un mundo en donde no prevalezca más la noción de que el lobo es el lobo del hombre.


Los últimos datos económicos de China correspondientes a 2025 han mostrado un desempeño destacable, inyectando una valiosa certidumbre en los mercados globales. Este resultado no solo refleja la resiliencia y vitalidad de la economía china, sino que también transmite un mensaje claro al mundo, especialmente a la región de América Latina: un mercado chino estable seguirá ofreciendo oportunidades fundamentales para la cooperación regional y el desarrollo común.

En momentos de gran incertidumbre, cuando el orden internacional se encamina a gran velocidad rumbo a un nuevo escenario, uno aún desconocido para la humanidad, la coherencia y estabilidad de un país se tienen en gran estima. Entiéndase como verdad universal que un entorno pacífico y estable, respaldado por un Estado de derecho, genera ganancias y beneficios para todas las partes. Alienta a los países de América Latina y el Caribe saber que, en medio de presiones arancelarias, violaciones a su soberanía y peligros a su seguridad nacional, en China cuentan con un sistema articulado, estable y consistente que permite asociaciones de beneficio común.

Frente a una escena internacional marcada por desconfianzas y traiciones, ambas resultado de este mundo en proceso de cambios, China ofrece colaboraciones estratégicas orientadas al beneficio común, sustentadas en la confianza que genera tanto su economía como las políticas que la respaldan. En 2025 se registraron conflictos geopolíticos y amenazas arancelarias que cimbraron el flujo del comercio internacional. A ello se sumaron ataques explícitos contra cadenas de suministro y la promoción de enfoques unilaterales que dañaron el comercio multilateral y la tendencia natural a la globalización. Pese a este contexto, el PIB de China superó los 140 billones de yuanes, suma que, comparada con el periodo anterior, registró un avance del 5 por ciento. El sistema económico del gigante asiático no solo mantuvo solidez de cara a un entorno altamente complejo, sino que también mantuvo un curso ascendente con estímulos para distintas regiones del mundo, incluidas las economías de América Latina.

América Latina constituye un elemento crucial en el Sur Global. De cara a los movimientos geopolíticos de las grandes potencias, la región padece directamente las transformaciones impuestas por la fuerza y la violación del derecho internacional, a las cuales se suma, por si no fuera poco, una intimidación constante. El interés compartido de esta vasta región debe descansar en socios que, más allá de la retórica, garanticen confianza, seguridad, estabilidad y asociaciones comerciales y estratégicas de beneficio compartido a múltiples bandas. China busca en distintos rincones de planeta socios que acerquen a su colosal mercado productos de calidad. En 2025 las importaciones de este país asiático aumentaron 0,5 por ciento interanual, lo que equivalió a 18,48 billones de yuanes. China ha mantenido durante 17 años consecutivos su posición como el segundo mercado importador más grande del planeta. Es ahí donde debe estar el interés de América Latina, no en asociaciones impuestas por poderosos que, a través de movimientos geopolíticos, satisfacen sus propios intereses.

China es, además de un productor de alta calidad y un mercado para países con productos de alto estándar, un proveedor de servicios, comercio, inversiones e infraestructura. La Iniciativa de la Franja y la Ruta constituye un poderoso elemento integrador que reduce la distancia oceánica entre China y América Latina y el Caribe. El comercio bilateral con los países de la Franja y la Ruta llegó en 2025 a los 23,6 billones de yuanes. Esta cifra representa un crecimiento interanual del 6,3 por ciento, y además el 51,9 por ciento del valor total del comercio exterior del país. Las importaciones y exportaciones con América Latina registraron un total de 3,93 billones de yuanes, lo que equivale a un crecimiento del 6,5 por ciento. El registro de las cifras, ascendentes año con año, en un país con principios comerciales que apuntan a la equidad, el beneficio compartido, la no discriminación y la transparencia, sugiere que para América Latina China representa un colaborador y socio confiable, sin la impetuosidad e impulsividad de su poderoso socio del norte.

En estos momentos de transformación, cuando los poderosos asumen que pueden hacer cuanto se les viene en gana, el Sur Global y América Latina en concreto constituyen elementos reparadores que revierten tendencias geopolíticas que no buscan el beneficio de la mayoría. China ha sido coherente con sus acciones y su política exterior, que busca la aplicación de un nuevo concepto de relaciones internacionales. El débil no debe sufrir por las inseguridades de las potencias de cara, paradójicamente, a las amenazas de otras potencias. Las relaciones internacionales arrojarán beneficios para todos si, al unísono y de manera comprometida, se acepta como verdad que el mundo no es anárquico, que un sistema depredador no aporta beneficios compartidos y que los acomodos internacionales no se logran en perjuicio de terceras partes. China y América Latina no solo son socios complementarios, sino poderosas fuerzas para reinventar un mundo en donde no prevalezca más la noción de que el lobo es el lobo del hombre.

Si el sistema internacional está en proceso de transformación, entonces ¿está el mundo encarando una ruptura o un reacomodo? ¿Será pacífico o por la vía de la intimidación y la amenaza? Es difícil, en este momento, anticipar cómo será el desenlace de estos cambios. No obstante, la única verdad es que aquellos que buscan la transformación violenta con enfoques geopolíticos tienen como marca la impredecibilidad política, la impulsividad en la toma de decisiones, la inestabilidad en sus poblaciones, la incertidumbre sobre el futuro de las acciones y la volatilidad de los cursos de acción. Las relaciones de China con América Latina han estado marcadas por la transparencia —tómese en consideración el recién publicado Documento sobre la Política de China hacia América Latina y el Caribe—, el beneficio compartido, el trabajo por el progreso conjunto y la convicción de que el mundo puede ser mejor con un sistema internacional democrático, con base en el derecho y que busque un futuro mejor para todas las naciones. Entre un socio irascible, abusivo y egoísta, y uno estable que busca el desarrollo conjunto y el beneficio compartido, la elección natural es obvia.

China da testimonio de la transición de dos planes quinquenales, el último concluido el año pasado. Contrario a voces negativas que apostaban contra el progreso del gigante asiático, la conclusión del XIV Plan Quinquenal arrojó satisfacciones en la escala económica nacional. Este año comienza un nuevo plan en medio de presiones del exterior, fricciones comerciales y un mundo que avanza sin certeza de qué le depara el futuro. En esa parte del mundo, China avanza con una certidumbre autoconstruida en medio de un entorno estable, convencida de que la apertura al exterior, la colaboración para el desarrollo sostenido y la solidez en las relaciones comerciales y económicas multilaterales son metas alcanzables. América Latina es a ojos de China un compañero insustituible en la materialización del desarrollo común, el progreso conjunto, el beneficio compartido y la construcción de un mundo donde no hay fuertes o débiles sino socios complementarios. América Latina y China constituyen elementos de cambio positivo en un mundo en rápida transformación.


El autor es doctor en historia, experto en relaciones internacionales y asuntos contemporáneos de China, con amplia trayectoria como periodista y analista político.