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spanish.china.org.cn | 20. 01. 2026 | Editor:Eva Yu [A A A]

Canadá reajusta su brújula hacia China

Palabras clave: Canadá, China
Spanish.china.org.cn | 20. 01. 2026

Foto: Xinhua


Por Jorge Fernández


La estabilidad que encierran las relaciones de Beijing con el resto del mundo descansa en el respeto y la deferencia que el sistema chino tiene por la soberanía, así como por las necesidades y preocupaciones de sus interlocutores.


Alivia saber que China y Canadá, enfrascados en desavenencias en el pasado, han logrado encausar su relación bilateral. La reciente visita del primer ministro, Mark Carney, a China rubricó el giro de la política exterior canadiense hacia China, que ahora busca un reacomodo estratégico con Beijing. El continente americano padece los azotes del trumpismo, empecinado en construir una grandeza autodefinida, a costa de los intereses nacionales de los demás, llámese soberanía o dignidad nacional. Los acuerdos chino-canadienses alcanzados en apenas unos días, trascendentales a nivel político, económico y cultural, expresan con nitidez el enfoque del vecino más grande y poderoso de Estados Unidos, que ahora ajusta su brújula política hacia China, un socio sin la imprevisibilidad y errancia que define a los Estados Unidos.

China y Canadá encarnan dos poderosos colosos enclavados en lugares estratégicos de Asia y América. Más allá de las oportunidades que existen en el terreno económico y financiero, ambos países tienen capacidad de influir para que el tablero mundial favorezca la materialización de un mundo equitativo y justo, sin dejar de omitir un mundo regido por el derecho. Pueden crear un frente en un sistema internacional que, a ratos, parece volcarse hacia el unilateralismo, el proteccionismo y, al mismo tiempo, tienen el peso diplomático para revertir tendencias en un mundo donde las coaliciones buscan marginar, debilitar o atacar a terceros. El futuro se presenta tanto prometedor como interesante, puesto que ninguno de estos dos países ha estado libre de acritudes. Pero hoy, dejando atrás los antiguos desencuentros, ambos dan testimonio de que el diálogo político y diplomático puede destrabar situaciones que antes parecían insalvables. Sin importar qué obstáculos entorpezcan el flujo transpacífico, el respeto al interés nacional constituye hoy la base y el alimento de esta nueva relación.

Incomoda al mundo, en especial a Canadá y México, el efecto que el trumpismo está generando en el orden internacional. Tener como vecino a un país con una política exterior injerencista, invasora o violadora del derecho internacional resulta perjudicial para la salud de aquellos con los que se comparten fronteras. Canadá ha dado testimonio de la actitud de gánster de su vecino del sur, de quien ha padecido presiones para incordiarse con terceras partes. No solo es el impuesto por tener tratos comerciales con otros, sino que también es la manipulación para obligarle a enfrascarse en luchas que ni son propias ni le benefician. Ottawa ha optado, por encima de hostigamientos diplomáticos e insultos a su dignidad nacional —recuérdese cómo el presidente Donald Trump sugirió hacer de Canadá el estado 51 de la Unión Americana— un acercamiento estratégico con Beijing en beneficio de ambos pueblos y de un sistema internacional debilitado.

Con China hay un marco de información transparente que hace predecible su comportamiento y lógica en los terrenos económico, político y diplomático. Para países con los que China ha establecido asociaciones, esa previsibilidad ofrece un panorama seguro que alienta a confiar y a ensanchar la relación. La estabilidad que encierran las relaciones de Beijing con el resto del mundo descansa, simple y llanamente, en el respeto y la deferencia que el sistema chino tiene por la soberanía, así como por las necesidades y preocupaciones de sus interlocutores, y en la transparencia para hacerse ver y entender frente al mundo.

Prácticamente todo principio o reglamento económico o político, incluida la visión del mundo que China posee, está contenido ya sea en libros blancos o reglamentos traducidos en decenas de idiomas. Los medios de comunicación difunden en todos los rincones del mundo el potencial del vasto mercado, su apertura al mundo y los sistemas preferenciales que ofrece para aquellos que buscan un beneficio compartido. Al día de hoy, China ha hecho incontables esfuerzos para difundir sus iniciativas de desarrollo, seguridad y civilización, a las que se incorporó recientemente la Iniciativa para la Gobernanza Global, y que reflejan su cosmovisión y su apuesta por la transformación pacífica del sistema internacional. A diferencia de Estados Unidos, China no invade, no agrede ni humilla y respeta el derecho de cada Estado, independientemente de su tamaño, sistema político o cultural.

La decisión de Canadá de estrechar su relación con China revierte la otrora política canadiense, que, llevada al terreno de los intercambios económicos, tuvo amargos desenlaces. Para empezar, Canadá hoy ya ha retirado el arancel de 100 por ciento a vehículos eléctricos hechos en China, que en un no tan remoto pasado cerraban de facto el mercado canadiense a los vehículos chinos. Hoy pagarán solamente un 6,1 por ciento. China, por su parte, ha ofrecido reducir el impuesto a las semillas de canola canadiense desde el 85 hasta el 15 por ciento. Las trabas comerciales tras los acuerdos con Beijing se han reducido al mínimo, con proyectos que incorporan la energía, la tecnología y la agroalimentación en proceso de materialización. Y así, a la par de una relación comercial sana con China, Canadá alza la voz de cara al celo y las ambiciones de Estados Unidos. Ningún país puede negarle el derecho a Canadá a estrechar su relación con otro Estado, sea de América o de otra parte del mundo.

Estados Unidos ha hecho de su relación con el mundo una moneda de cambio que usa como chantaje para que todos cumplan sus caprichos. Además de militarizar el dólar, la Unión Americana se ha obsesionado con divulgar una narrativa matonista que pisotea el derecho internacional y revela un comportamiento errático e impredecible. Hoy la administración Trump amenaza con imponer aranceles a aquellos que se opongan a su ambición de anexarse Groenlandia. Con un comportamiento diplomático así, ¿quién quiere hacer negocios con la Unión Americana? Canadá tiene en China un socio confiable con el que puede fortalecer las estructuras de un mundo sacudido por el trumpismo, que requiere mayores intercambios, menos egoísmo, extensa compartición y, sobre todo, un ambiente de paz para vivir con tranquilidad. Groenlandia, al igual que el resto de América y del mundo, no puede ser réplica de lo ocurrido en Venezuela. Y Canadá y China, codo con codo, pueden elevar más la voz para demandarle a Estados Unidos que colabore para construir un mundo donde impere la paz.


El autor es doctor en historia, experto en relaciones internacionales y asuntos contemporáneos de China, con amplia trayectoria como periodista y analista político.