| spanish.china.org.cn | 16. 01. 2026 | Editor:Teresa Zheng | ![]() |
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¿Europa cederá? El mundo está a la expectativa
El destino de Groenlandia sigue siendo incierto. Horas después de que el ministro de Relaciones Exteriores danés, Lars Lokke Rasmussen, viajara a Washington para mantener conversaciones con funcionarios estadounidenses, varios países europeos comenzaron a enviar personal militar a la isla para ejercicios conjuntos con Dinamarca. Los movimientos de tropas «tenían como objetivo mostrar la unidad europea» en medio de las crecientes tensiones. Groenlandia es testigo de una prueba de presión geopolítica en Occidente, pero el asunto no se limita a Estados Unidos y Europa.
Hasta ahora, los esfuerzos europeos en defensa de Groenlandia han sido en su mayoría simbólicos. Tomemos como ejemplo el «despliegue de efectivos multinacionales». Alemania envió el jueves un «equipo de reconocimiento» de solo 13 personas para una misión de «exploración», mientras que Gran Bretaña y Suecia de una y dos personas, respectivamente. En comparación con las amenazas sin tapujos del uso de la fuerza de Estados Unidos y sus bases militares existentes en la isla, las mínimas operaciones militares de Europa parecen una «respuesta gestual», un intento de salvar las apariencias y apaciguar a Dinamarca, evitando al mismo tiempo enfadar a Estados Unidos. Muchos analistas creen que algunos en Europa pueden haber aceptado ya la idea de «cesión», con la esperanza de que Washington les ofrezca dignidad.
¿Europa cederá? El mundo está a la expectativa. No se trata de una cuestión de prestigio e intereses para Dinamarca y Europa, sino de si el bloque posee el valor de levantarse y defender la paz y la justicia regionales, ganadas con tanto esfuerzo, cuando las normas y el orden internacionales de base están en peligro. Las dos guerras mundiales se originaron en el continente o la tuvieron como uno de sus principales campos de batalla, y sus pueblos deberían comprender mejor que nadie que la «ley de la selva» no da lugar a ganadores, sino solo a un retroceso de la civilización. La intención inicial de su integración en la posguerra fue, en esencia, una reflexión y un rechazo a este sangriento conjunto de normas. Durante décadas, la región se ha promocionado a sí misma como «protectora y promotora del orden internacional basado en la ley», y ahora ha llegado el momento de ponerla a prueba.
Algunos europeos creen que no pueden permitirse el costo de un conflicto armado con Estados Unidos y el colapso de la OTAN. Sin embargo, la historia ha demostrado que el concepto de seguridad exclusivo, conflictivo y basado en el poder de mecanismos de seguridad colectiva como la alianza no puede aportar una verdadera seguridad a Europa. La seguridad colectiva de la OTAN es un juego de suma cero que aumenta la desconfianza estratégica y una carrera armamentística entre bloques, y fomenta una dependencia distorsionada en su seno. Europa podría plantearse con audacia cómo construirse sin esta alianza en un mundo sin hegemonía.
Dinamarca yace hoy en una situación de «poseer un tesoro y, por lo tanto, atraer problemas». Europa debe tener claro que, si no puede crear la expectativa de que una toma forzosa de Groenlandia por Estados Unidos tendría una fuerte represalia, entonces es muy probable que Washington se haga con la isla en cierto tiempo. Para entonces, lo que perdería sería mucho más que territorio y soberanía. Tal compromiso crearía un efecto pernicioso en el mundo. Los próximos objetivos podrían ser Islandia, Noruega, Suecia o incluso Canadá, lo que acabaría sumiendo a la región y al mundo en una situación en la que mientras haya leña, el fuego seguirá ardiendo. Más allá de salvaguardar su propia soberanía, si Europa quiere convertirse en un integrante de peso del mundo multipolar, debería asumir la responsabilidad de defender el derecho internacional y el orden internacional.
La complejidad del contexto internacional actual exige que la comunidad vuelva a los principios básicos del derecho internacional y abogue por ellos con determinación, que resista todas las formas de hegemonía y política de poder, y que defienda un orden internacional justo, legal e igualitario. Solo en ese orden Europa tendrá la oportunidad y las condiciones para mantener la paz y lograr un desarrollo sostenible, y los beneficios derivados incluirán el fortalecimiento de los cimientos de la autonomía estratégica, la garantía de la soberanía económica y de los recursos, la mejora de la cohesión interna y la consolidación de su imagen como adalid del multilateralismo. En ese sentido, Europa debe adoptar una visión de conjunto.
El bloque no carece de influencia, lo que le falta es valor para decir adiós al pasado y una voluntad unificada para deshacerse de la dependencia. En términos económicos, la UE es el mayor socio comercial de Estados Unidos. Las contramedidas comerciales podrían afectar precisamente a sectores sensibles de Estados Unidos, como la agricultura y la manufactura. En la esfera militar, aunque las fuerzas de reacción rápida europeas son limitadas en tamaño, su despliegue en el Círculo Polar Ártico podría suponer una disuasión eficaz y, junto con la defensa de Dinamarca, aumentar el costo de la acción estadounidense. En el ámbito diplomático, Europa podría unir a todos los países, respetuosos de la ley y defensores de la paz, y, en el marco de la ONU, iniciar la condena de la acción unilateral, ejerciendo una fuerte presión moral sobre Washington. La clave reside en su capacidad de romper con la inercia del apaciguamiento.
¿Será Europa un apéndice de la hegemonía o mantendrá el orden de la ley? Groenlandia es un espejo que refleja su difícil situación diplomática y pone a prueba su responsabilidad moral. Ante un panorama marcado por la turbulencia y la transformación, la verdadera seguridad proviene de la confianza mutua y la cooperación entre los países, así como del respeto y la adhesión al derecho y las reglas internacionales por todos, especialmente las grandes potencias.














