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spanish.china.org.cn | 15. 01. 2026 | Editor:Teresa Zheng [A A A]

Estados Unidos juega con fuego sobre el frágil hielo del Ártico

Palabras clave: Ártico, Estados Unidos
Spanish.china.org.cn | 15. 01. 2026

La afirmación de Estados Unidos de que la propiedad y el control de Groenlandia son «absolutamente necesarios» es una expansión hegemónica envuelta en un discurso de «legitimación». Mediante una táctica triple —replanteamiento de discursos históricos, vinculación a cuestiones de seguridad y conexión de intereses con recursos—, Washington trata de presentar su ambición territorial como «reivindicación legítima».

Su clamor por adquirir la región ha puesto a la Unión Europea en una situación incómoda, obligándola a elegir entre su compromiso declarado con el principio de soberanía y su dependencia de la alianza atlántica. Las tensiones evidencian la fractura de tales lazos.

El deseo de Estados Unidos no es un capricho repentino, sino una construcción narrativa sistemática que disfraza la anexión como opción alineada con las «reglas» e «intereses». El replanteamiento de la historia sienta las bases de este esfuerzo. Al repasar los múltiples intentos de hacerse con Groenlandia desde el siglo XIX, Washington ha presentado su persistente ambición como «demanda estratégica a largo plazo», tratando de erosionar la inviolabilidad de la soberanía territorial. El nombramiento el mes pasado del gobernador de Luisiana como enviado especial a Groenlandia conlleva una metáfora de expansión territorial. Los precedentes de transacciones territoriales tienen como objetivo restar importancia al carácter agresivo de la anexión.

Además, las preocupaciones en materia de seguridad dan paso a una táctica fundamental. Estados Unidos ha designado a Groenlandia como «pivote para la seguridad del Ártico», exagerando la competencia por sus rutas marítimas y enmarcando su anhelo como parte integral de la lucha contra el avance ruso y la salvaguarda de la OTAN. Durante una reunión con ejecutivos petroleros la semana pasada, el presidente estadounidense Donald Trump indicó que el país necesita «poseer» Groenlandia para evitar que Rusia y China lo hagan, en un intento de disfrazar la aspiración territorial como «autodefensa».

En ese sentido, ha desplegado cazas F-35A de doble capacidad en la base espacial de Pituffik y ha reactivado las unidades de combate del Ártico, tratando de ofrecer un marco legal a su presencia militar y fomentando la falsa percepción de que «solo Estados Unidos puede velar por la seguridad de Groenlandia». Al decir que solo defiende su propio territorio, y no las tierras arrendadas, pretende reformular la incorporación como una opción inevitable a fin de cumplir sus supuestas responsabilidades en seguridad.

Las 1,5 millones de toneladas de reservas de tierras raras de Groenlandia respaldan el discurso. Bajo la bandera de desvincular la cadena de suministro de tierras raras de China, Washington ha posicionado su control sobre los recursos de Groenlandia como esencial «para garantizar la seguridad de la cadena industrial mundial» y preservar el dominio tecnológico occidental. Es una medida calculada que se sirve del temor occidental sobre la dependencia de las tierras raras. Además, la lógica pone sobre la mesa la grave crisis fiscal de Estados Unidos y la urgente necesidad de respaldar el valor del dólar con recursos tangibles.

Bruselas yace en un dilema. La UE ha manifestado su firme compromiso con la defensa de la integridad territorial de Dinamarca. Sin embargo, debilitada por el conflicto de Ucrania, Europa depende de Estados Unidos en seguridad y le resulta difícil traducir su postura en contramedidas concretas o en autonomía estratégica.

Durante la Guerra Fría, Europa Occidental logró la recuperación y el crecimiento económicos bajo el paraguas estadounidense, pero también socavó sus capacidades de defensa. Por lo tanto, no puede hacer más que ofrecer protestas simbólicas contra tal intimidación.

La OTAN, como pilar de la seguridad europea, guarda silencio sobre el tema. La declaración de su secretario general Mark Rutte de no involucrarla revela cómo el asunto de soberanía dentro de la alianza queda totalmente eclipsado por la hegemonía estadounidense. Dinamarca ha calificado por primera vez a Estados Unidos como un riesgo potencial para la seguridad en su informe de defensa. Esta contradicción resume la compleja situación de Europa: cómo defender los principios de soberanía y evitar al mismo tiempo la confrontación con su garante de seguridad.

Además, el bloque enfrenta una doble preocupación por su estrategia de seguridad y sus necesidades de recursos. Hace años, Bruselas designó el Ártico como prioridad estratégica. No obstante, la intervención de Estados Unidos ha trastocado sus planes. Por un lado, dado que importa alrededor del 80 % de sus tierras raras, el control de Estados Unidos sobre Groenlandia supone una amenaza para la seguridad de su cadena de suministro. Esta paradoja entre la seguridad de los recursos y la seguridad geopolítica es otro cuello de botella para el Viejo Continente.

No es de extrañar que sus países tengan posturas disímiles: mientras que Bruselas ha expresado públicamente su firme apoyo a la soberanía de Dinamarca, algunos Estados miembros han optado por el compromiso de velar por sus intereses. Esta divergencia se debe a divisiones internas: los del Este, debido a la ayuda estadounidense en el conflicto de Ucrania, son reacios a enemistarse con Washington. Las principales potencias, como Francia y Alemania, a pesar de su insatisfacción con el dominio estadounidense, siguen estando limitadas por el marco de la cooperación transatlántica en comercio y seguridad.

Para añadir ironía al asunto, el silencio selectivo con respecto a la operación militar estadounidense en Venezuela contrasta con su «postura de principios» sobre Groenlandia, lo que revela un claro doble rasero en su posición diplomática. Esta doble moral daña su autoridad moral para encarar el avance estadounidense.

La disputa sobre Groenlandia es un choque entre la hegemonía unilateral y el multilateralismo. A pesar de sus narrativas meticulosamente elaboradas sobre la «legitimidad», el intento de Estados Unidos de anexionar el territorio de otro país es un acto de agresión según la Carta de las Naciones Unidas. La condena de Dinamarca a su aliado y las constantes protestas de los groenlandeses, que declaran que su patria no está en venta, demuestran un fuerte rechazo político a esta lógica.

La difícil situación diplomática de la UE revela la dura realidad que subyace a la transformación del orden mundial: cuando la dependencia en seguridad prevalece sobre el principio de soberanía y la política de alianzas vulnera el multilateralismo, la llamada seguridad colectiva puede caer en manos de la hegemonía. Para salir de este punto muerto, Bruselas debería defender el derecho internacional, incluida la integridad territorial, y acelerar el desarrollo de su defensa. En cuanto al Ártico, es vital establecer un marco de cooperación independiente de Estados Unidos. De lo contrario, las concesiones actuales sobre la soberanía de la isla pueden sembrar las semillas de futuras consecuencias.

El deshielo en la región debería crear más oportunidades de cooperación, no de expansión. La historia ha demostrado una y otra vez que cualquier intento de ejercer la hegemonía so pretexto de las «normas» acabará siendo rechazado por la tendencia progresista de la época, y que las alianzas que renuncian a la autonomía estratégica devienen inexorablemente marionetas de la rivalidad entre grandes potencias. Esta «llama sobre la capa de hielo» no solo afecta el futuro de Groenlandia, sino también la dirección de la sociedad humana.


Chen Qi es director del Centro de Relaciones entre Estados Unidos y China de la Universidad de Tsinghua, y Xue Jing es investigador contratado del mismo centro.