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spanish.china.org.cn | 13. 01. 2026 | Editor:Teresa Zheng [A A A]

EE.UU. pisotea el derecho internacional con un «triunfo»

Palabras clave: EE.UU., derecho internacional
Spanish.china.org.cn | 13. 01. 2026

Por Shen Yi


El 3 de enero, Estados Unidos llevó a cabo una operación en suelo venezolano, utilizó la fuerza militar y detuvo al presidente de la nación Nicolás Maduro y a su esposa, sacándolos del país. A raíz de ello, en Washington se gestó rápidamente una narrativa de «triunfo»: Una acción militar internacional se vistió de «aplicación de la ley» y el impulso de controlar los asuntos y recursos de otro país de «ayuda» para una «mejor gobernanza» o «restauración».

Lo hecho equivale a una declaración política que torna descaradamente la idea de que «la fuerza hace el derecho». Los efectos secundarios de esta postura están provocando ahora múltiples reacciones negativas, tanto en los Estados Unidos como en sus alianzas e incluso en los mecanismos de la ONU.

Lo más sorprendente fue la caracterización de la incursión por Washington como una «operación brillante», junto con las afirmaciones de que «dirigiría» Venezuela, e incluso de que no temía enviar «tropas al terreno». El peligro de esta retórica no radica en la dureza de las palabras, sino en el poner sobre la mesa, sin tapujos, una cadena de acciones que van desde el uso de la fuerza en el exterior hasta la captura de un jefe de Estado extranjero, pasando por declaraciones abiertas de toma de control del Gobierno de otro país. En este contexto, el principio de soberanía estatal queda vacío y el orden internacional se reduce a una «gestión de proyectos» por las potencias.

Las críticas no proceden únicamente de países hostiles según Estados Unidos. De acuerdo con los informes sobre la reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU, los representantes de Francia, Dinamarca y otras naciones también expresaron su preocupación por la soberanía y el derecho internacional, con énfasis en diversos aspectos.

Esto indica que, cuando Estados Unidos amplía su narrativa de «aplicación de la ley» a una de «toma de control» hasta sus aliados se ven obligados a afrontar la cruda realidad: si hoy Venezuela se aborda «por la fuerza», mañana lo mismo puede pasar contra cualquier objetivo que desagrade a Washington. Las declaraciones posteriores de Estados Unidos sobre Groenlandia han demostrado que estas inquietudes no son en absoluto infundadas.

Tampoco se pueden ignorar las dudas dentro de Estados Unidos, entre ellas la presión a nivel del Congreso para que se celebre una «reunión informativa inmediata» y el escepticismo de los legisladores demócratas sobre los motivos de la operación y si estuvo vinculado con el petróleo.

Las voces revelan la contradicción interna del discurso estadounidense de «triunfo»: si, como afirma Estados Unidos, era simplemente una acción de «aplicación de la ley» dirigida a los problemas de drogas, ¿por qué proclama también que «gobernará» el país y la entrada de grandes petroleras para remodelar su sistema energético?

Cuando la «apropiación de recursos» queda al descubierto, la apariencia de «normas y Estado de derecho» resulta difícil de conciliar y, en cambio, parece más bien una farsa que une la movilización política interna, la dominación geopolítica y la extracción económica bajo la bandera del poder bruto.

Tras la captura forzosa de Maduro, China dejó clara su posición en varias ocasiones. El Ministerio de Relaciones Exteriores expresó su «seria preocupación» por la detención del mismo y su esposa, y su expulsión del país, afirmando que se trataba de una «clara violación del derecho internacional, las normas básicas de las relaciones internacionales y los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas».

De cara al futuro, lo que merece una mayor vigilancia es el efecto corrosivo de la «postura política» en la seguridad mundial. Cuando las potencias utilizan el «capturar» al líder de un país, el «control» administrativo sobre un Estado o el «extraer» riquezas como victorias que merecen compartirse, la comunidad internacional se ve obligada a adoptar una estructura más inestable en la que los países más pequeños enfrentarán una mayor inseguridad, las regiones serán más propensas a la militarización y los enfrentamientos fácilmente escalarán. Al mismo tiempo, los mecanismos de seguridad colectiva y resolución pacífica de controversias prometidos por la Carta de las Naciones Unidas quedarán aún más marginados.

Por lo tanto, la respuesta más eficaz a este «triunfo» es defender con firmeza los principios y normas básicas que rigen el orden internacional de la posguerra, es decir, defender la igualdad soberana y la no injerencia en los asuntos internos, insistir en el no uso de la fuerza sin la autorización del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y garantizar que las disputas se resuelvan mediante la negociación y el diálogo.

Además, es necesario reforzar las restricciones institucionales del Consejo de Seguridad y los mecanismos multilaterales pertinentes sobre estos peligrosos precedentes, de modo que el deseo de «tratar a otros países como botín de guerra» vuelva a quedar confinado en los límites del derecho internacional. De lo contrario, si «ser susceptible al confiscación y al control» deviene un guion predeterminado, el daño no será solo a un país, sino al orden de supervivencia de todos los Estados.


El autor es profesor de la Facultad de Relaciones Internacionales y Asuntos Públicos de la Universidad de Fudan.