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spanish.china.org.cn | 13. 01. 2026 | Editor:Teresa Zheng [A A A]

Vuelve el intento de engañar al público con la «amenaza china en el Ártico»

Palabras clave: Ártico, Estados Unidos
Spanish.china.org.cn | 13. 01. 2026

Algunos medios de comunicación occidentales han exagerado sin cesar las actividades científicas y marítimas de China en el Ártico, atribuyéndoles propósitos militares, mientras ignoran el hecho básico de cero incursiones de tal índole del país en la zona, creando la idea de una «ofensiva militar china y rusa en el Ártico». Incluso mientras Estados Unidos y Europa discuten sobre Groenlandia, el debate toma frecuentemente el desvío a si la OTAN debería «contrarrestar las amenazas de Rusia y China». Rechazamos los intentos de Estados Unidos y Europa de etiquetar a China con términos como «amenaza militar», «acaparadora de recursos» o «infractora de las normas» en lo que respecta al Ártico. Estas afirmaciones distorsionan los hechos y responden al pensamiento de la Guerra Fría y a una lógica hegemónica.

En primer lugar, estas narrativas están totalmente alejadas de la realidad y dejan de lado el rol de China como guardián de la ecología y el clima del Ártico. Durante más de 30 años, las temperaturas en el área han aumentado y el hielo marino estival se ha ido reduciendo. Su protección y gobernanza no es solo una cuestión urgente para los Estados árticos, sino que también concierne a los intereses de la comunidad internacional.

Al realizar investigaciones científicas en la región, China actúa de conformidad con los tratados internacionales, difunde los datos de los estudios y resultados de la cooperación, y utiliza la transparencia para disipar las trampas occidentales. Los análisis van de la mano con el derecho internacional y, al profundizar la cooperación científica, medioambiental y de conservación con los países árticos y las organizaciones internacionales, brinda apoyo en forma de datos y bienes públicos para la investigación ártica, lo que demuestra su papel como país importante y responsable.

En segundo lugar, lo dicho está envuelto en una evidente mentalidad de Guerra Fría y no toma en cuenta la posición de China como partidaria de la gobernanza multilateral en el Ártico. Además de los territorios y las zonas marítimas administradas legalmente por los 8 Estados árticos, incluidos Canadá y Dinamarca, la región abarca también la alta mar y la zona internacional de los fondos marinos. Los Estados que no gozan de soberanía territorial poseen, no obstante, derechos legales en la alta mar, como los de investigación científica, navegación, sobrevuelo, pesca y tendido de cables y tuberías submarinas, así como derechos de exploración y desarrollo de recursos en la zona internacional de los fondos marinos.

En su participación en mecanismos multilaterales como el Consejo Ártico y el Comité Científico Internacional del Ártico, China ha trabajado para mejorar los marcos de cooperación, se ha opuesto a la confrontación geopolítica en seguridad y ha defendido la gobernanza mundial. Como uno de los países más cercanos al círculo polar ártico en tierra firme, sus derechos y libertades para llevar a cabo actividades en el área conforme a ley merecen total respeto.

Durante la Guerra Fría, el Océano Ártico fue un «primer frente» estratégico entre los dos grandes países: Estados Unidos y la Unión Soviética. Los submarinos nucleares de ambas partes permanecían ocultos bajo su capa de hielo, lo que convertía a la región en uno de los escenarios esenciales de disuasión nuclear en el mar. Desde inicios del siglo XXI, el Ártico ha devenido una vez más un punto focal en la competencia geopolítica por la seguridad. Ciertos países han ampliado su jurisdicción hacia el norte, en dirección al Polo Norte, mediante las acciones de «apropiación azul» han acelerado los despliegues militares y han avivado el conflicto entre bloques, todo ello con el fin de rivalizar en el tema de autoridad reguladora y poder discursivo en la región. Estas medidas solo causan preocupación en la comunidad internacional. En 2024, Estados Unidos publicó una nueva estrategia para el Ártico que enmarca la cooperación entre China y Rusia como una «amenaza», lo que en esencia sirve de pretexto para su expansión en la región. Esto es extremadamente perjudicial para la seguridad y el desarrollo del Ártico. No solo obstaculiza la protección climática y ecológica, sino también los esfuerzos de la humanidad para desarrollar y utilizar sus recursos y rutas marítimas.

La bomba publicitaria de Estados Unidos en torno a la «amenaza china en el Ártico» es, a fin de cuentas, un intento de confundir al público y ocultar su avance militar, la extracción unilateral de recursos y la búsqueda de la hegemonía en la región. Al invocar la idea de la «amenaza china», Estados Unidos crea excusas y desvía la atención de su ambición en Groenlandia con el objetivo real de convertirla en una base estratégica avanzada contra China y Rusia, al servicio de los intereses estratégicos del «América primero». No hay ninguna prueba que respalde las afirmaciones de «saqueo económico chino» o «presencia militar». Por el contrario, el capital, la tecnología, los mercados, los conocimientos y la experiencia de China en los últimos años han cumplido un rol constructivo en el desarrollo del Ártico.

China es una parte interesada de primer orden en sus asuntos. Durante muchos años, no solo ha estado presente en su gobernanza multilateral, sino que también ha aportado a su desarrollo sostenible, acción reconocida ampliamente por la gran mayoría de los Estados árticos, así como por los países no árticos. Sus actividades en la zona se circunscriben en los tratados internacionales y el derecho internacional general, incluida la Carta de las Naciones Unidas, la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar y el Tratado relativo al archipiélago de Spitsbergen. Estas actividades siguen el principio de «no sobrepasar ni ausentarse» en su participación. La «Ruta de la Seda Polar», que China defiende al unísono con todas las partes involucradas, deviene un bien público internacional extensamente acogido.

La política ártica de China es clara y coherente: comprender, proteger, desarrollar y participar en la gobernanza del Ártico según los principios básicos de «respeto, cooperación, resultados beneficiosos para todas las partes y sostenibilidad». Esta transparencia y determinación se derivan de su comprensión en la naturaleza de los asuntos árticos y en su sentido de responsabilidad como país importante. El Ártico no es el jardín privado de nadie y su futuro atañe al bienestar de los países árticos y no árticos, así como de la humanidad, por lo que debe ser protegido por todas las partes interesadas.