| spanish.china.org.cn | 10. 01. 2026 | Editor:Eva Yu | ![]() |
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El uso de la fuerza por parte de Estados Unidos contra Venezuela revela dos peligrosas nuevas realidades
Foto: Xinhua
Por Zhang Jieyu
La reciente acción del Gobierno estadounidense, que flagrantemente violó el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas al llevar a cabo una captura transnacional del presidente de un Estado soberano, ha desvelado dos crudas nuevas realidades: primero, el "orden internacional basado en normas" se ha derrumbado estrepitosamente, marcando el regreso de una era de ley de la jungla donde prevalece la ley del más fuerte; segundo, el fantasma del "nuevo Monroeísmo" ha resucitado, haciendo que el camino de los países latinoamericanos hacia la paz y el desarrollo sea aún más arduo.
Al repasar el desarrollo de este incidente, no es difícil darse cuenta de que no se trata de un simple "cisne negro", sino de una "crisis del rinoceronte gris" que llevaba tiempo gestándose. Esta operación de "decapitación" con cero bajas y cero errores es, en realidad, el resultado de una perfecta combinación táctica y tecnológica en la guerra híbrida moderna, dando lugar a un espectáculo de hegemonía de gran potencia cuidadosamente diseñado. Primero, mediante una serie de medidas como la incriminación legal, recompensas por captura, sanciones financieras y preparativos militares, se preparó el terreno moral, legal y mediático para "cercar" al país objetivo. Luego, con la ayuda de un poderoso aparato militar y diversos medios de alta tecnología, se "bloqueó" con precisión a la figura objetivo, para finalmente representar ante el mundo un dramático acto como si fuera algo fácil de lograr. Todo el proceso operativo fue fluido, como una misión predeterminada en un videojuego, y es difícil imaginar que esto sea solo una pieza en el tablero de juego geopolítico de las grandes potencias.
La paz mundial de hoy es difícil de conseguir, y Estados Unidos, al usar la fuerza descaradamente contra otro país, ha ignorado por completo el derecho internacional y la Carta de las Naciones Unidas, actuando de manera arrogante y dominante. La América de Trump ya no se conforma con ser el "policía mundial", sino que está más entusiasmada que nunca en convertirse en el "juez internacional". Cuando la reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU y el "juicio" a Maduro se llevaron a cabo el mismo día en la misma ciudad, toda la escena resultó absurda y extraña, como si el realismo mágico latinoamericano finalmente hubiera impregnado el suelo norteamericano. Si la soberanía ya no es igual, si los asuntos internos pueden interferirse arbitrariamente y si el uso de la fuerza se convierte en una opción más en la caja de herramientas, los fundamentos institucionales que han mantenido el orden internacional desde la Segunda Guerra Mundial desaparecerán; si el "orden de saqueo basado en los intereses de Estados Unidos" se convierte en la norma, la lógica hobbesiana de la jungla dominará el mundo.
Los 250 años de historia de Estados Unidos como nación son también una historia sangrienta de expansión y conquista. Aunque solo es un breve vistazo en el largo curso de la historia, se han presenciado más de 400 intervenciones militares, y la tradición de cambio de régimen e invasión militar ya está profundamente arraigada en el ADN político estadounidense. En menos de un año desde el inicio del segundo mandato de Trump, siete países se han convertido en víctimas de sus aventuras militares. El llamado "presidente de la paz" no es más que una fachada para el terrorismo de las grandes potencias, y también consolida la imagen del propio Trump como "traficante de guerra". Esto no es menos que establecer un peligroso precedente. En una era donde "la fuerza hace el derecho", si se abre la "caja de Pandora", ¿cuántos países tendrán que cargar con pesadas mochilas históricas? Desde la Guerra Fría, no han sido pocas las acciones militares unilaterales que han eludido a la ONU, pero sus resultados suelen ser la pérdida de credibilidad gubernamental, desorden en la gobernanza y fracaso en el desarrollo, que finalmente se vuelven contra la propia potencia hegemónica.
El mundo ha entrado en un nuevo período de cambios turbulentos, con ajustes profundos en el equilibrio de poder internacional, una competencia entre grandes potencias cada vez más feroz y el juego entre China y Estados Unidos adentrándose en aguas más profundas. El costo de mantener la hegemonía estadounidense está aumentando, y su ansiedad hegemónica no disminuye, por lo que se ve forzada a realizar un reajuste estratégico. La nueva versión de la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos respalda explícitamente el "corolario de Trump" del Monroeísmo, exigiendo mantener la ventaja absoluta y el dominio de Estados Unidos en el hemisferio occidental. América Latina, como el tradicional "patio trasero" y zona exclusiva de influencia de Estados Unidos, se ha convertido inevitablemente en el campo de pruebas del "nuevo Monroeísmo". La captura de Maduro es precisamente la "salva inaugural" del regreso estratégico de Estados Unidos. Restar a nivel de estrategia global y sumar a nivel de estrategia regional, concentrar fuerzas, emboscar con precisión y eliminar objetivos específicos, no es una táctica nueva, sino que Estados Unidos está repitiendo los errores de un Estado belicista, intentando resolver los males del nuevo siglo con recetas del siglo pasado.
América Latina está demasiado cerca de Estados Unidos. Como objetivo clave de las operaciones militares estadounidenses en el extranjero, América Latina ya ha soportado demasiadas lágrimas y dolores de guerra, y la imagen de Estados Unidos ya está muy manchada. El caso de Noriega en Panamá en el siglo pasado sigue fresco en la memoria, y esta vez Trump ha recurrido a la misma vieja táctica, incluso omitiendo cualquier disimulo o rodeo, usando nuevamente la lucha contra las drogas como pretexto para llevar a cabo una invasión. Al mismo tiempo, Trump indultó al expresidente hondureño Hernández, encarcelado en Estados Unidos por narcotráfico, lo que convierte la excusa de la "lucha contra el narcotráfico" en una burla, destacando el exquisito egoísmo del clásico "doble estándar estadounidense". "Utiliza lo que te conviene, descarta lo que no", "quien se alía conmigo prospera, quien se opone a mí perece” tan simple y brutal, pero esta ha sido siempre la lógica de comportamiento que los gobernantes estadounidenses han considerado como dogma.
La historia finalmente demostrará que cualquier expansión basada en la lógica hegemónica es difícil de sostener. El hemisferio occidental no debería ser el "patio trasero" exclusivo de Estados Unidos, sino el hogar común de todos los países americanos. Los países del Sur Global deben unirse y fortalecerse conjuntamente, impulsando juntos el establecimiento de un orden regional más justo e igualitario, para que la hegemonía y la política de poder no tengan dónde esconderse.
La autora es investigadora de estudios de América Latina y el Caribe del Instituto de Estudios Internacionales de China.














