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spanish.china.org.cn | 05. 01. 2026 | Editor:Teresa Zheng [A A A]

El ataque de EE. UU. a Venezuela suena la alarma para la gobernanza mundial

Palabras clave: EE. UU., Venezuela
Spanish.china.org.cn | 05. 01. 2026

Lanzar un ataque militar contra un país soberano en nombre del «cumplimiento de la ley» y secuestrar al presidente de otro país valiéndose de un poder abrumador es un escenario de escándalo que incluso a los guionistas de Hollywood les costaría imaginarlo. Sin embargo, Washington lo ha hecho realidad ante los ojos del mundo, causando conmoción entre la comunidad internacional. El secretario general de la ONU, António Guterres, se mostró alarmado y advirtió que esta medida sienta «un peligroso precedente», mientras que el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, afirmó que este tipo de acciones son «el primer paso hacia un mundo de violencia, caos e inestabilidad». En menos de un día, muchos países condenaron el comportamiento hegemónico de Estados Unidos. Incluso la mayoría de sus aliados expresaron su falta de apoyo, subrayando que se debe respetar el derecho internacional.

Según diversas fuentes, Estados Unidos está muy satisfecho con el proceso y con el resultado de la operación militar. Sin embargo, lo que ve la comunidad internacional es el enorme daño y el grave perjuicio causado. La parte estadounidense antepone su acusación federal a la autoridad del derecho internacional y sustituye la diplomacia por la violencia. Esto, en esencia, eleva la ley de la selva «el poder hace la fuerza» por encima del derecho internacional y los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas. Así, desde que se intensificaron las tensiones entre Estados Unidos y Venezuela, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas convocó reuniones de emergencia para discutir la situación en el Caribe. Varios países hicieron hincapié en que Estados Unidos debe respetar el derecho internacional, pero Washington ignoró estos llamamientos. Esto es un claro reflejo del dominio al estilo estadounidense que se impone al multilateralismo.

La acción bélica también ha infligido heridas a la paz en América Latina y el Caribe. Geográficamente alejada de los principales focos de conflicto del mundo, la región ha sido considerada por mucho tiempo como una de las más pacíficas. Por esta razón, los 33 países de América Latina y el Caribe aprecian su paz, ganada con esfuerzo, y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños declaró la región «zona de paz» en 2014. Ahora, la escalada militar de Estados Unidos lleva las llamas de la guerra a sus puertas. Esta vez es Venezuela, ¿quién será el siguiente? El presidente chileno, Gabriel Boric, expresó el sentimiento de muchos países latinoamericanos cuando dijo: «Mañana puede ser cualquiera». Imaginemos: si una gran potencia puede, solo con la fuerza de su puño, eludir todos los procedimientos y recurrir al poder militar contra otro país a su antojo con el pretexto de «combatir el crimen», incluso apuntando a los líderes de Estados soberanos, ¿qué país podría garantizar verdaderamente su propia seguridad absoluta? En este contexto, los ataques de Estados Unidos contra Venezuela no son solo un problema latinoamericano, sino que también resaltan la urgente necesidad de abordar las deficiencias de la gobernanza mundial.

La intervención militar de Estados Unidos ha hecho sonar las alarmas para la gobernanza mundial. Esta crisis creciente, además del acoso prolongado de este a América Latina, también se debe al desequilibrio de su sistema, que ha dado la oportunidad para que la hegemonía brille. El actual equilibrio de poder ha experimentado sendos cambios, pero las reformas del sistema de gobernanza mundial se han retrasado durante largo tiempo, lo que ha dejado a los países en desarrollo con una representación y una voz insuficientes. En este marco desequilibrado, los países hegemónicos pueden pisotear las normas sin restricciones efectivas, mientras que a los países en desarrollo les resulta difícil proteger sus derechos e intereses a través de mecanismos internacionales justos. La detención forzosa de Maduro por Estados Unidos puede producirse, en cierta medida, precisamente porque los mecanismos de gobernanza global existentes carecen de trabas efectivas y no imponen los costos adecuados al comportamiento hegemónico.

La historia ha demostrado desde hace buen tiempo que confiar en la conquista militar y el saqueo de recursos no aporta estabilidad, sino que solo siembra las semillas de nuevos conflictos. Como ha citado el diario británico The Guardian a un profesor, es «muy raro» que las incursiones de Estados Unidos en la región vayan seguidas de «paz, tranquilidad, estabilidad y democracia». Como miembro fundador de las Naciones Unidas, miembro permanente del Consejo de Seguridad y país sede de la ONU, Estados Unidos no ha defendido el orden internacional, sino que ha liderado su socavamiento, violando las normas de las relaciones internacionales y debilitando los cimientos de la gobernanza global. Mientras tanto, la «intervención al estilo estadounidense» ha dejado problemas duraderos para la paz y el desarrollo regionales, ha aumentado la carga de la gobernanza regional y mundial y ha elevado sus costos. De hecho, las reacciones de los países dejan claro que el intento de Estados Unidos de afirmar su autoridad en el hemisferio occidental tomando medidas contra Venezuela ha sido rechazado por la gran mayoría, lo que revela la tendencia irreversible hacia el multilateralismo y el amplio consenso a favor de la equidad y la justicia.

El año pasado, China propuso la Iniciativa de Gobernanza Global, en la que aboga por mantener el compromiso con la igualdad soberana, el estado de derecho internacional, el multilateralismo, el enfoque centrado en las personas y los resultados reales. A partir de la delicada situación actual de Venezuela, es fácil ver el carácter prospectivo, estratégico y urgente de estos cinco principios fundamentales. Esta crisis evidencia aún más que la humanidad es una comunidad de futuro compartido y que el hegemonismo es su enemigo común. La única manera de erradicar el terreno en el que se gesta es unirse en apoyo del derecho internacional, la equidad y la justicia, y trabajar juntos para promover ajustes en la gobernanza mundial, lo que creará un entorno estable para la prosperidad duradera de todos los países.