Opinión>
spanish.china.org.cn | 20. 09. 2023 | Editor:Teresa Zheng [A A A]

Hablar mal de la economía china revela arrogancia e incompetencia de EE.UU.

Palabras clave: China, EE.UU., economía

Ilustración: Liu Rui/Global Times


Medios de comunicación y políticos occidentales vuelven a corear los problemas de la economía de China y atacan con malicia su sistema gobierno.

El artículo de Bloomberg, "Democracies Versus Autocracies Isn't a Close Fight" (Democracias contra autocracias no es una lucha reñida), publicado a principios de este mes, afirma que Estados Unidos posee "un historial de sobreestimación de sus rivales autoritarios" como China, y que "los enemigos totalitarios tienen una tradición de subestimación de las capacidades de Estados Unidos". Añade que la democracia tiene una larga racha ganadora pese a sus ineficiencias y contradicciones, mientras que la mayoría de los Estados no democráticos de la historia moderna han sufrido económica y existencialmente porque "crean ineficiencias, ahogan la innovación y anulan los mecanismos de retroalimentación necesarios para una gobernanza eficaz". El estudio indica además que es posible que nunca llegue el día en que el PIB chino supere al de su par estadounidense.

Esta narrativa y punto de vista reflejan la arrogancia y el complejo de superioridad de las élites occidentales respecto a su sistema. Impulsadas por este tipo de sentido común, guardan prejuicios contra otros sistemas lo que a su vez conduce a perspectivas cada vez más paranoicas.

El continuo desarrollo económico de China ha hecho que los países occidentales sientan la pérdida de su liderazgo y estén cada vez más preocupados. Este sentimiento, unido a los retos y problemas que inevitablemente surgen durante la recuperación económica china tras la pandemia, ha derivado en que algunos estadounidenses crean que ahora es una oportunidad para que su país hable mal de China y de su economía.

¿Es imposible que el PIB chino sobrepase alguna vez al de Estados Unidos? Yu Xiang, investigador del Centro de Seguridad y Estrategia Internacional de la Universidad de Qinghua, declaró que tal afirmación es poco científica y arbitraria. China ha logrado un notable éxito económico y ya ha superado el 60 % del PIB estadounidense. Esto implica que la potencia dominante ya no es capaz de contener a la emergente. En este contexto, mientras China evite errores sistémicos relevantes, continúe por su senda marcada de desarrollo y supere la interferencia y la represión externa, su economía está destinada a un crecimiento constante y a largo plazo.

A medida que la globalización entra en una nueva fase, algunos países empiezan a competir por el capital y los recursos para el desarrollo. En el actual entorno económico mundial, lleno de riesgos e incertidumbres, Estados Unidos intenta desviar la atención de las preocupaciones sobre los riesgos potenciales y las perspectivas económicas dentro de su país con narrativas negativas sobre la economía china y minando la confianza y las expectativas respecto a su crecimiento. El fin es impedir que el capital fluya hacia China y, al mismo tiempo, atraer las salidas de capital chino y de otro tipo hacia Estados Unidos, afirmó Yu.

Frente al retrato de la prensa occidental de "democracias contra autocracias", hay que señalar que China tiene su propia forma de democracia. Por tanto, el debate no es, en esencia, ese.

Feng Yue, investigador del Instituto de Ciencias Políticas de la Academia China de Ciencias Sociales, declaró que China está desarrollando la democracia popular de proceso completo, mientras que Estados Unidos deviene más un Estado autoritario coercitivo y explotador. A pesar de enfrentarse a diversas trabas dentro de su propia democracia, como la feroz competencia partidista, la nación del Tío Sam no ha entrado en autorreflexión, sino que ha planeado y ejecutado continuamente "revoluciones de color" en muchas partes del mundo, utilizando la retórica democrática para reprimir a otros países y perseguir sus propios intereses. Cada vez que uno desobedece, recurre a la coerción militar y a la represión, exacerba las divisiones internacionales y los enfrentamientos campales. ¿No es esto una muestra flagrante de autoritarismo?

El declive de la democracia, las luchas políticas internas, la política del dinero y la erosión de la libertad de expresión se han convertido en señas de identidad de la democracia al estilo estadounidense. Sus élites, sin embargo, parecen seguir atrapadas en la ilusión del "fin de la historia". Aunque existen problemas evidentes en su sistema, como la política de identidad, la polarización social y la disparidad de la riqueza, carecen de la autorreflexión y la determinación necesarias para la reforma debido a sus intereses contrapuestos. No es que las naciones rivales tengan la tradición de subestimar las capacidades estadounidenses; más bien, en medio de la arrogancia y los malos hábitos de sus élites, el país sobreestima sus propias capacidades.

En los últimos años, la buena gobernanza de China y la mala gobernanza de Estados Unidos han creado un notorio contraste. China ha seguido una estrategia de desarrollo impulsada por la innovación, esforzándose por la autosuficiencia en tecnología de alto nivel para fomentar un crecimiento económico de calidad. Especialmente en el campo de la innovación tecnológica, el éxito de Huawei al romper las medidas de contención estadounidenses ha demostrado el fracaso y la ineficacia de su estrategia. El futuro económico de China es brillante y debemos confiar en la innovación propia, garantizando la independencia tecnológica.

Los países occidentales están sumidos en atolladeros económicos y políticos, probando diversos métodos para desacreditar a sus oponentes y esperando encontrar algún consuelo al hablar mal de China. No obstante, arrojar sombras sobre su economía y sistema no resolverá sus problemas. Sobreestimar sus capacidades solo conducirá a acelerar su declive.