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| spanish.china.org.cn | 22. 05. 2023 | Editor:Teresa Zheng | ![]() |
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El G7 es una fábrica de productos antichinos

Ilustración: Liu Rui/GT
La cumbre del Grupo de los Siete (G7) en Hiroshima concluyó el 21 de mayo y, a diferencia de la práctica habitual, su comunicado se hizo público un día antes de la clausura. Algunos medios japoneses dijeron que se debía al temor de que la visita del presidente ucraniano Volodymyr Zelensky a la ciudad el mismo día le robara protagonismo. Sin embargo, aun así, la nota de docenas de páginas parece seguir despertando poco interés en el mundo, salvo por la parte que apunta a China. Según el Financial Times, el G7 ha condenado enérgicamente al país y gran parte de los medios internacionales destacó que "aumenta la presión sobre China". Parece que la única forma que tiene el G7 de captar la atención y hacer sentir su presencia es especular sobre Beijing.
El G7, "club de países ricos" que antaño representaba hasta el 70 % de la economía mundial, ha enfrentado en los últimos años una grave crisis existencial, ya que su peso económico ha ido en descenso, unido al de su cuota de población mundial y atractivo percibido. En años anteriores, sus reuniones siempre estaban al margen debido a las diferencias y desacuerdos entre los países miembros. Pero desde 2021, su comunicado empezó a apuntar a China, y poco a poco se convirtió en el código a seguir. Su nombre completo es "el Grupo de las siete potencias industriales", pero ahora funciona como un pequeño círculo especializado en la producción en masa de mala calidad. Esos artículos antichinos, sin base factual, fundamento legal o principios morales, proceden en su mayoría de los países del G7.
A diferencia del pasado "enfoque" en cuestiones específicas con China, este comunicado simplemente la incluye como un todo, lo que es coherente con el reciente movimiento de la OTAN, destacando la enorme presión de Washington para tejer una red anti-China en el mundo occidental. La declaración menciona a China 20 veces sólo por su nombre, el mayor número de los últimos años. Exagera casi en todos los temas vinculados: Taiwán, el Mar Oriental de China, el Mar Meridional de China, Hong Kong, Xinjiang, Tíbet y su poder nuclear, además de insinuar su "coerción económica". No se trata sólo de una brutal injerencia en sus asuntos internos y desprestigio de su imagen, sino también de un claro afán de confrontación entre bandos que ha convertido al G7 en uno de los mayores riesgos de la paz y el desarrollo en el mundo actual.
Muchos han observado que el reporte utilizó algunos "tonos conciliadores", como afirmar que la dirección de su política es "no perjudicar a China" y "no desvincularse", expresar la esperanza de "establecer relaciones constructivas y estables con China" y que el principio de una sola China no ha cambiado. Estas afirmaciones son vistas en gran medida como un "compromiso" que Washington tuvo que hacer debido a las "diferencias en la forma en que este y Europa tratan las cuestiones relacionadas con China". Aunque en esencia sigue provocando un conflicto geopolítico, también ilustra con precisión que las malas intenciones estratégicas de Washington ni siquiera pueden ponerse sobre la mesa en el mundo occidental y sólo relucen cubiertas de capas morales. Si esto es así entre sus aliados más cercanos, no hace falta decirlo en la comunidad internacional.
Cuanto más fuerte sea la retórica antichina del G7, menor será su impacto real, ya que se trata de una ley natural, dado que significaría que el grupo sirve a los intereses estratégicos de Estados Unidos más que al bienestar de la comunidad internacional lo que dificulta la recepción de cualquier "ayuda" y aún peor progresos. Es muy probable que al final sean esfuerzos perdidos para sólo hacer girar la rueda. Si el G7 desea realmente "recuperar su antigua gloria", no es complicado. Sólo tiene que cumplir su promesa de "no perjudicar a China", adherirse al principio de una sola China, no participar en la desvinculación abierta ni encubierta y establecer una "relación constructiva y estable" con ella en palabras y hechos. Para el mundo occidental, optar por cooperar con China en lugar de enfrentarse y emprender un camino de prosperidad común es la verdadera senda a seguir para bajar la tensión.
En agudo contraste con el vigoroso desarrollo de las economías emergentes, los viejos países occidentales industrializados están sumidos en diversos problemas. Algunos medios estadounidenses lo han señalado, en el sentido de que la cumbre de Hiroshima es hasta cierto punto un "club de corazones solitarios" porque la gobernanza interna de sus miembros en su mayoría no obtiene la aprobación de los votantes, y existe una ola de insatisfacción que recorre sus sociedades. La cita de este año parece haber dado al G7 la sensación de "moldear la historia", pero el viento de la realidad pronto se llevará la ilusión, ya que sin prosperidad y desarrollo interno, las demostraciones externas de fuerza son sólo superficiales. Los líderes del G7 deben dedicar más tiempo a sus asuntos y menos a señalar con el dedo a los demás, esto podría salvar la reputación del grupo por el momento en declive.













