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spanish.china.org.cn | 20. 09. 2022 | Editor:Teresa Zheng Texto

Un dólar fuerte no debe ser el cuchillo que corte al mundo

Palabras clave: dólar, Estados Unidos, economía

La Reserva Federal de Estados Unidos convocará una nueva reunión el martes y miércoles con las tasas de interés como centro de atención. Al parecer, dictará al menos otro aumento de 75 puntos básicos para controlar la inflación. Esto podría incrementar aún más el valor del dólar estadounidense, ya en su punto más alto en 20 años, frente a otras monedas. Impulsado por las agresivas maniobras de la Reserva, el dólar "experimenta un repunte único en una generación". Para muchos países esto podría ser el comienzo de otra pesadilla.

El encuentro significa la quinta subidade las tasas de interés. La razón directa es aliviar la alta presión inflacionaria en el país. Sin embargo, si la gente busca la raíz del problema, es una consecuencia inevitable de la ciega e ilimitada impresión de dinero para mantener temporalmente la "prosperidad". En otras palabras, frente a los dilemas profundamente arraigados y expuestos por la crisis financiera de 2008, Washington ha pecado de impotencia y de poca disposición a resolverlos. En cambio, ha optado por cerrar los ojos, encubrir la crisis y ganarse el favor de Wall Street, mientras aprovecha la hegemonía de su divisa para lidiar silenciosamente con la crisis como si fuera un vertido de aguas residuales en el mundo.

Un dólar fuerte y la caída de otras aliviarán, hasta cierto punto, la abrasadora inflación de su economía, pero el mundo tendrá que pagar por ello, lo que a menudo sugiere: "cuando Estados Unidos está enfermo, el mundo tiene que medicarse". La grave inflación resultante, la recesión económica y otros males ya han aparecido a gran escala en muchas naciones. Un total de 36 monedas han perdido al menos una décima parte de su valor este año, con la rupia de Sri Lanka y el peso argentino cayendo más del 20 % desde el levante del dólar.

Esto no solo ha empeorado las ya débiles economías de Europa y Japón, sino que también ha obligado a un gran número de países en desarrollo a enfrentar la recesión económica provocada por una inflación importada. Innumerables familias han caído en la pobreza de la noche a la mañana. Esta es una situación muy anormal que se supone no debe ocurrir, pero es la cruel verdad detrás de la "contención de los precios" en territorio estadounidense.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Washington ha utilizado la hegemonía del dólar para llevar a cabo "saqueos financieros" o "crisis de exportaciones" contra otros países en varias ocasiones. Como dice una frase muy popular en Occidente, Estados Unidos disfruta de los privilegios exorbitantes creados por su moneda y el déficit sin lágrimas, y usa el dinero de papel para arrasar con recursos y fábricas de otras naciones.

Cada ronda de apreciación del dólar en las últimas décadas ha estado acompañada de recuerdos extremadamente malos: la crisis de la deuda latinoamericana estalló en la primera, Japón sufrió las "dos décadas perdidas" durante la segunda y la crisis financiera asiática tuvo lugar durante la tercera. Es particularmente en esta última, aún fresca en la memoria de muchos, que más de 100 millones de personas de clase media en Asia se sumieron en la miseria, según estimaciones del Banco Mundial. El dólar fortalecido, una y otra vez, corta al mundo como una cuchilla afilada.

Por lo tanto, mientras las élites políticas de Washington se jactan del "mito del sistema estadounidense" y se atribuyen el mérito de "aliviar la crisis", miles de familias pobres en todo el mundo quedan pisoteadas. No son inconscientes de esto, pero aun así eligen colectivamente con indiferencia y arrogancia, como si este fuera el privilegio que el "alfa" debería disfrutar. Como dijo el exsecretario del Tesoro de Estados Unidos, John Connally, en la década de 1970: "El dólar es nuestra moneda, pero es su problema". Hoy, el dólar vuelve a ser el dolor de cabeza del planeta. En cierto sentido, es difícil creer que la "prosperidad" de Estados Unidos sea limpia y moral.

Sin embargo, la crisis no se puede encubrir para siempre. Washington sigue colocando minas, pero nunca las quita, lo que eventualmente lo hará explotar. La incompetencia de los responsables de la política financiera ha quedado expuesta con las sucesivas subidas de la tasa de interés que han contribuido a la apreciación anormal del dólar con el fin de desactivar la severa inflación.

Para Estados Unidoslo que aumentará en consecuencia será el costo del financiamiento corporativo, la presión sobre los residentes para el pago de sus préstamos y el precio de la producción exportadora, entre otros. En tanto, la credibilidad del dólar como moneda mundial se está agotando por el accionar del Gobierno "empobrecimiento del vecino". Ahora, la ansiedad y la inseguridad que trajo la divisa al mundo ha anunciado el comienzo del declive de su hegemonía: con respecto a la explotación insaciable de Washington, Europa, Asia, Medio Oriente y otras regiones han explorado el camino de la "desdolarización" lo que conduce a la diversificación del sistema monetario internacional.

La mejor manera de frenar el liderazgo desenfrenado es practicar el verdadero multilateralismo. Ya fuera la crisis financiera asiática de 1997 o la mundial de 2008, el mundo parece haber tropezado una vez más con la misma piedra, pero sin la firmeza de antes. La inestabilidad y fragilidad de los mercados financieros internacionales han cobrado nuevamente protagonismo. Es precisamente en estos momentos cuando la comunidad internacional debe mostrar una férrea voluntad a cooperar y construir un sistema financiero internacional multilateral confiable, sistémico y a largo plazo. Es un tema que no puede esperar.


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